San Valero en Roda.

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Un año más, Roda de Isábena conmemoró con gran intensidad este 29 de enero la festividad de San Valero, el rosconero y ventero patrón de Zaragoza cuyos restos reposan en la antigua sede episcopal ribagorzana desde el siglo XI.

La devoción que existe en Roda por este santo se ha incrementado, si cabe, desde que en la década de los ochenta del pasado siglo un grupo de fieles zaragozanos provenientes de la parroquia de Santa Ana empezaron a compartir con los vecinos de Roda esta jornada festiva en un clima de ecumenismo y encuentro a la sombra de la figura del antiguo obispo cesaraugustano.

Este año, la expedición zaragozana volvió a estar encabezada por el canónigo, escritor y periodista Juan Antonio Gracia. Unas cincuenta personas participaron en esta ocasión en esta cita que contó con la celebración de una eucaristía en la catedral de San Vicente –concelebrada por nueve sacerdotes- a cuyo fin se inició una solemne procesión por el claustro catedralicio en la que los asistentes sacaron en andas la arqueta que contiene los restos del santo. Una posterior comida de hermandad en el refectorio catedralicio sirvió para mantener los vínculos de amistad y cercanía entre los presentes. Hubo reparto de los clásicos roscones y muy buen ambiente en esta jornada de hermanamiento entre gentes zaragozanas y del corazón de Ribagorza.

Es una jornada que tiene siempre un especial significado ecuménico. Los organizadores de este encuentro señalan que las celebraciones rotenses suponen el encuentro entre dos poblaciones unidas en la veneración a San Valero, en una reunión ya tradicional que se inició en el contexto de las acciones reivindicativas organizadas para reclamar la solución al conflicto de los límites diocesanos. Por entonces, un grupo de feligreses zaragozanos decidió mostrar su apoyo a José María Lemiñana –el por entonces párroco de Roda, que fue una de las cabezas más significadas de esta reclamación- con un acto simbólico que, a la vez, estrechaba los lazos entre dos poblaciones unidas por una misma devoción.

No obstante el cariz reivindicativo original de la conmemoración, cada vez se hace una mayor incidencia en la vertiente ecuménica de esta jornada que sirve para estrechar lazos y para trascender en Zaragoza la existencia de Roda de Isábena, la histórica cabeza del obispado ribagorzano.

San Valero, el rosconero, fue un obispo de Zaragoza que, a finales de la época del imperio romano, sufrió destierro juntamente con su diácono Vicente. Camino de Valencia, el diácono padeció martirio quedando el santo libre aunque impedido de volver a la capital aragonesa. Tomó entonces la ruta del Cinca, llegó a Estada y allí murió y fue enterrado. Sus restos fueron recuperados a finales de la época musulmana encontrados por el obispo de Roda y trasladados a su sede, donde permanecen desde el siglo XI, aunque no se sabe con certeza el motivo de este traslado. Una hornacina construida en la cripta de la catedral acoge sus restos que son especialmente venerados por los habitantes de la zona.

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