Restaurarse después de realizar ejercicio

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Practicar ejercicio físico diariamente es una necesidad vital que permite adquirir una confortable calidad de vida, pero siempre que se realice de manera sostenible. Del mismo modo que una alimentación poco sostenible puede acarrear enfermedad y mala calidad de vida, la práctica de ejercicio físico, si no se hace en condiciones de sostenibilidad, puede representar un alto riesgo de accidentes y enfermedades.

Tan necesario es prepararse previamente para la práctica deportiva de cualquier modalidad como imprescindible es llevar a cabo un proceso de restauración del esfuerzo realizado, dado que cualquier práctica motriz, por suponer la activación de todo el aparato locomotor, acarrea un proceso de compresión y tensión articular mucho más agudo e intenso que cuando se permanece sedentario.

La práctica de ejercicio físico resulta necesaria para la buena salud del corazón y los pulmones, también para activar el flujo sanguíneo almacenado en el hígado y el bazo, para eliminar mucho mejor los residuos tóxicos que permanecen en el cuerpo a través de la sudoración y de la orina, así como otras muchas reacciones bioquímicas necesarias para la fisiología corporal, pero si después de realizado el esfuerzo no se tiene en cuenta la necesidad de recuperar y restaurar el cuerpo fatigado, aunque sea levemente, las consecuencias pueden ser lesivas, a corto, medio y largo plazo.

Una vez finalizada la práctica motriz la persona deportista o practicante requiere antes que cualquier otra cosa descansar y estirarse con el fin de compensar y restaurar el proceso de compresión articular, muscular y tendinoso provocado.

El modo más sencillo y seguro de restaurarse después de realizar un ejercicio físico, sea de baja, media o alta intensidad, es tumbarse en el suelo en decúbito supino (boca arriba) sobre una alfombra o una manta y abandonarse a lassensaciones que desprende el cuerpo en contacto con el suelo, en especial de la espalda.

postura base de restauración (Arnau martínez)

Bajar al suelo desde la postura bípeda ya supone en si mismo, si se hace muy lentamente y con atención a la flexión anterior de cada vértebra, un estiramiento de las dos cadenas musculares posteriores y una excelente  descompresión de la columna vertebral, el gran amortiguador de la presión gravitatoria del cuerpo humano.

Una vez en el suelo lo mejor que puede hacer cada persona es escuchar a su cuerpo, mucho o poco fatigado, para realizar acciones motrices muy lentas con cada una de sus extremidades, activándolas suavemente, elevándolas, estirándolas o flexionándolas para liberarse de la comprensión articular acumulada, eliminar la rigidez y tensión muscular producida y limpiarse de todas las toxinas y residuos almacenados como producto de la combustión celular, que es mucho más intensa que en estado de reposo por la exigencia extra de energía que requiere el esfuerzo físico realizado.

Como sugerencia general, aunque lo ideal es que cada persona experimente y compruebe el tipo de restauración que mejor le conviene en función del esfuerzo realizado, puede considerarse que si el ejercicio físico llevado a cabo es de baja intensidad el proceso de recuperación de la fatiga acumulada puede empezar por adoptar la postura base de restauración, con la que se logra estirar el espinazo y recuperar la armonía respiratoria, pero a partir de ella realizar todos los estiramientos y contorsiones que el cuerpo necesite para restablecerse por completo.

En el caso de que se trate de una ejercitación intensa o muy intensa puede empezarse la recuperación adoptando en el suelo la postura de triple restauración, mediante la que se estira el espinazo, se facilita la circulación sanguínea de retorno al corazón y se abre y ensancha la zona dorsal, para posteriormente seguir con los estiramientos que surjan espontáneamente.

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