JUANJO RODRÍGUEZ: “Nepal, un país entre el terremoto y la esperanza”

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El Valle de Benasque y Nepal, son dos territorios de montaña que estas últimas semanas están unidos por una impactante exposición fotográfica en el Palacio de los Condes de Ribagorza benasqués. Hasta el 30 de marzo puede contemplarse esta conmovedora y realista exposición de fotografía que muestra instantáneas con una enorme fuerza emotiva sobre el terremoto que asoló gran parte del territorio nepalí y el espíritu de superación de sus gentes.

El autor del reportaje fotográfico es Juanjo Rodríguez, un apasionado de la montaña que ha recorrido muchos países y está especialmente ligado al Nepal, donde vivió en primera persona el movimiento sísmico de abril del año pasado. Padeció la brutal magnitud del terremoto que asoló el país asiático y reflejó sus consecuencias en un sobrecogedor reportaje fotográfico en riguroso blanco y negro de enorme sensibilidad humana y de gran calidad artística.

-PREGUNTA. Es un tremendo reportaje de dolor pero, sobre todo, de esperanza en la capacidad de superación de los nepalíes.

-RESPUESTA. En efecto; el mensaje final que queremos dar es uno de esperanza, de fuerza, de entusiasmo y de energía porque este pueblo está haciendo un gran esfuerzo para recuperarse y para salir adelante.

-P. Con Nepal tiene usted una historia de amor desde hace muchos años.

-R. Sí, en el año 91 fuimos allí en una expedición para escalar el Gangapurna y el país me enganchó desde el primer momento. Teníamos programada en el 92 otra expedición para el Makalu, volví a regresar en el 94 a escalar el Cho Oyu   y a partir de ahí y hasta hoy he ido regresando periódicamente hasta completar dieciséis viajes.

-P. En el decimocuarto le pilló el terremoto de abril de 2015.

-R. Había ido el 23 de abril para inaugurar una pista multideportiva construida en un pequeño pueblo a unos cincuenta kilómetros de Katmandú dentro de un proyecto de cooperación en el que llevo trabajando desde hace ocho años. Se dio la circunstancia de que el día 25, a las nueve de la mañana, inaugurábamos la instalación con la presencia del ministro de Deportes. A las 11,30, aproximadamente, habíamos terminado con la inauguración que fue una auténtica fiesta pero aún estábamos en el recinto deportivo cuando poco antes de las 12 comenzó el terremoto de 7,8 grados en la escala Richter, que además tuvo una duración extraordinaria porque se prolongó durante casi un minuto. Afortunadamente para nosotros nos pilló al descubierto, en la pista polideportiva en la que se había dado cita todo el pueblo con lo cual en la localidad no hubo una sola víctima aunque la devastación material fue terrible.

-P. ¿Cómo se vive un terremoto de esas características?.

-R. Cuando no has vivido anteriormente situaciones de esas, al principio no te das cuenta de lo que pasa. El terreno se empieza a mover de una forma impresionante y no encuentras una justificación racional. Luego he reflexionado sobre ello y me he dado cuenta de que el cerebro empieza a trabajar buscando algún registro dentro de la memoria que ayude a contextualizar lo que está ocurriendo pero no lo encuentra con lo cual, durante unos instantes que se hacen eternos no sabes qué está pasando. Pero inmediatamente comienzas a oír a la gente gritar que se trata de un terremoto y empiezas a reaccionar. Yo estaba hablando en esos momentos con un profesor del colegio y con un niño y nos tuvimos que agarrar los unos a los otros porque nos caíamos al suelo… Fue todo de una dureza y una severidad terribles y cuando todo terminó de moverse empezamos a escuchar llorar a los niños y a ver levantarse columnas de polvo que surgían conforme se iban hundiendo las casas.

-P. En Bhimpehendi, el pueblo del que estamos hablando, no murió nadie pero sí en el resto del país, donde el seísmo tuvo consecuencias funestas.

-R. Tras el terremoto fuimos repatriados pero regresé al cabo de unas semanas y mi primera preocupación fue la de ver cómo podíamos ayudar a la recuperación del país. Hablando con mis amigos de Nepal se nos ocurrió intentar donaciones para, al menos, dar a cien familias una ayuda de unas 20.000 rupias –unos 200 euros- en un proyecto que se tenía que poner en marcha en un plazo máximo de dos meses. Curiosamente a las tres semanas había reunido este dinero y lo pude aumentar hasta los 28.000 euros en el plazo fijado.

-P. Paralelamente decide dejar constancia fotográfica de lo que está ocurriendo que es la base de esta exposición.

-R. Un grupo de 117 españoles que nos encontrábamos allí en el momento del terremoto fuimos repatriados en cuanto se pudo salir del país, la madrugada del 28 al 29. En el viaje todos íbamos pensando que no nos podíamos ir y dejar así, de esa manera, a los habitantes del país y cada uno por nuestra parte empezamos a pensar en la manera de colaborar con ellos. Todos nos fuimos con una enorme congoja por lo que habíamos visto y lo que habíamos vivido. Por otra parte, yo soy fotógrafo y en la fiesta de inauguración de la pista polideportiva llevaba la cámara encima y cuando terminó el terremoto empecé a sacar las primeras imágenes de las casas arruinadas, las columnas de polvo… que son las primeras que se pueden contemplar en la exposición. Volvimos a Katmandú, una ciudad donde reinaba la desesperación, con la gente por las calles buscando víctimas entre las ruinas, con jóvenes formando cadenas humanas para impedir el paso a calles cuyos edificios amenazaban con colapsar… era un desastre. Allí seguí tomando imágenes de lo que estaba pasando, de la desolación que imperaba. Pero cuando volví al cabo de unas semanas constaté una imagen muy diferente, una imagen de energía, de entusiasmo, de espíritu de superación, de intento de recuperación que llenaba el ambiente. Veía por muchas calles los grafitis con la leyenda “Renaceremos”, los jóvenes colaborando en la limpieza de las calles, recogiendo ladrillos, sonriendo a quienes colaboraban con ellos y lanzando un mensaje de esperanza que te hace sentir confianza en el ser humano.

-P. Después de su estancia en Benasque, esta exposición va a recorrer distintas localidades españolas.

-R. Sí, ya tenemos cuatro salas confirmadas que son el Centro Nacional de Fotografía de Torrelavega, en Cantabria, la sala Ignacio Barceló en Córdoba, la sala Anabel Segura en Alcobendas y está pendiente de confirmación la fecha para exponerla en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid pero yo quería que fuera Benasque el primer sitio en ser mostrada tanto por mi vinculación con esta zona como porque esta un lugar de referencia en el mundo de la montaña.

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