Cuando la tierra tiembla

Cuando la tierra tiembla

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Terremoto de 1985. Fuente: Fundacion Unam

Recuerdo estudiar las placas tectónicas en clase de geografía y la angustia que me invadía al imaginarme un terremoto donde todo se movía de lado a lado y los edificios se desplomaban. Sin embargo, al llegar a México y vivir numerosos terremotos o temblores (como dicen aquí) descubrí como los mexicanos, al igual que con otros problemas, son maestros en desdramatizar los males del país e incluso tomarse con humor una situación que podría resultar de lo más angustiosas para otras personas.

La “privilegiada” situación de México entre 5 placas tectónicas, placa de Norteamérica, placa de Cocos, placa del Pacífico, placa de Rivera y placa del Caribe hacen que el país registre cientos de temblores a lo largo del año. Esta incidencia sísmica se concentra en el Estado de Guerrero y cuando tiembla en Guerrero también se siente en Ciudad de México.

La mayoría de los temblores que se dan en México son imperceptibles y aquellos que sí llegan a sentirse no tienen mayores consecuencias. La evacuación de los edificios, aunque no ocurre habitualmente, está totalmente normalizada  y las alarmas acústicas por terremoto suelen ir acompañadas de risas. Más de uno aprovecha la evacuación para comprar un jugo o unos tamales en el puesto de la esquina.

Aunque se tome a broma, no resulta agradable despertarte en mitad de la noche sintiendo la cama temblar o las ventanas crujir. Un temblor que recuerdo especialmente fue la madrugada de un sábado e hizo temblar y crujir toda la casa durante interminables segundos, los muebles se movían y la angustia de las clases de geografía volvió de repente.

Hay un terremoto trágico grabado en la memoria colectiva de la Ciudad de México: el temblor de 1985. Este temblor alcanzó los 8.1 grados de magnitud y tuvo una duración de 4 minutos con un minuto y treinta segundos en su intervalo de mayor potencia. Afectó a 2.800 edificios y según las estimaciones produjo 20.000 víctimas mortales.  La ciudad se movilizó para ayudar a las víctimas y brigadas de rescate surgieron en cada colonia. Todavía hoy se recuerda y cada chilango tiene una historia que contar de ese día.

Desde entonces, mucho ha cambiado en la Ciudad de México, los derrumbes de edificios dieron lugar a una nueva organización urbana, muchos de los nuevos edificios que se construyen desde entonces están equipados con “gatos” que permiten oscilar las construcciones y evitan su colapso, existen alarmas que suenan entre 30 y 60 segundos antes de cada temblor. E incluso hay “apps” que supuestamente emiten una alerta en los celulares, aunque su fiabilidad no está comprobada.

Dicen que al igual que en San Francisco, es cuestión de tiempo, esperemos que mucho mucho tiempo, hasta que llegue otro temblor de los grandes. Los chilangos nos consolaremos sabiendo que aquí tenemos tacos y “mescal”,  y si nos tiene que tocar, como decía Chavela “que el fin del mundo nos pille bailando”.

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