Javier Bielsa, un voluntario castejonense en apoyo de los refugiados del Cercano y Medio Oriente

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El proyecto Valle de Benasque Solidario está trabajando muy activamente en las últimas semanas para apoyar en la medida de sus posibilidades a los refugiados que vienen desde el Cercano y Medio Oriente huyendo de los conflictos desatados en esa región. Varios de los integrantes de este colectivo han dado un paso más y están prestando su trabajo, su esfuerzo y sus conocimientos como voluntarios para atender a estos refugiados en sus campamentos de acogida –de hacinamiento más bien- de Grecia. Concretamente, los ribagorzanos trabajan estrechamente con los responsables del campo de Kapsikas donde uno de ellos, el castejonense Javier Bielsa, ha permanecido durante un mes y al que va a regresar acompañado por trs compañeros el próximo agosto.
-PREGUNTA. ¿Esta ha tenido que ser una experiencia muy dura?.
-RESPUESTA. Pues sí. Pero también muy interesante porque es importante conocer de primera mano lo que está sucediendo ahí, las experiencias de los refugiados y sus condiciones de vida en estos momentos que son muy precarias.
-P. ¿Y qué está sucediendo?.
-R. Lo que sucede es que hay 60.000 personas atrapadas en Grecia, que están huyendo de la guerra en Irak o en Siria y que se encuentran en unas condiciones muy difíciles para mantenerse mucho tiempo porque la mayor parte de ellos están en tiendas de campaña, con condiciones higiénicas lamentables y con una alimentación muy pobre sobre todo para los niños. Además, Grecia es un país que se encuentra en una situación también muy grave y que no es capaz de ofrecerles unas condiciones de vida aceptables. Están en un limbo en el que no saben muy bien cómo va a acabar esta aventura; realmente no pueden volver atrás porque han quemado sus naves, y de hecho la mayor parte tienen sus casas destruidas, y están en un estado de una cierta desesperanza y en muy malas condiciones.
-P. ¿Cómo viven esta anfitrionía forzada los griegos?.
-R. En Grecia se vive sin demasiada vehemencia el tema de los refugiados. No hemos comprobado que hubiera problemas importantes pero sí es cierto que hay una parte importante de la población que está en contra de la presencia de los refugiados e incluso de haya voluntarios ayudándoles. Pero la mayor parte están resignados en su situación y tienen una posición más expectante de no saber muy bien qué hacer con este problema ni qué pensar. Y hay también una parte, apreciable, que está organizada en la ayuda a los voluntarios y a los refugiados.
-P. ¿Cómo es la vida cotidiana en los campos de refugiados?.
-R. Lo que mejor la define es que es imprevisible. No es fácil de saber lo que va a pasar al día siguiente; en el campo en el que estábamos son mil personas y hay muchas circunstancias: está el ejército que controla el campo y que a veces aplica determinadas normas nuevas que cambian el funcionamiento… Realmente lo que sucede es que es todo muy cambiante pero, en esencia, la población está arracimada en el campo, viviendo en tiendas de campaña, mojándose si llueve porque se encharcan los suelos, comiendo una comida fría y de mala calidad y con cuatrocientos niños vagando en el campo y su entorno. Y en medio de todo ello están las pequeñas ONGs haciendo el trabajo de ofrecer servicios de alimentación a los más pequeños o sacando adelante actividades para intentar paliar un poco la penosa situación de los refugiados pero siempre sin llegar a alcanzar, ni por asomo, unos estándares adecuados porque los recursos son muy pocos y la cantidad de refugiados es muy grande.
-P. ¿Cuál era tu labor específica como voluntario?.
-R. Cuando llegas al campo te apuntas a alguno de los proyectos que están en marcha. Los hay desde bañar a los bebés, darles la merienda con papillas por la tarde, trabajar con las mujeres lactantes, ayudar en la escuela… Particularmente yo, entre otros trabajos en el almacén o colaborando en distintas iniciativas, el proyecto en el que más me impliqué fue uno de limpieza porque el campo está en unas condiciones higiénicas muy malas y trabajamos en una iniciativa para mejorar la situación. Y en los últimos días de mi estancia fui a un campamento para doscientas personas que está a 40 kilómetros del anterior y donde no operaba ninguna ONG. Allí elaboramos un censo con los distintos grupos familiares y etnias y con las características de edad y talla para poder empezar a hacer distribuciones de alimentos y ropas.
-P. ¿Qué sensación te queda una vez regresado?.
-R. Sin excepción, cuando regresamos, todos los que vamos allí nos quedamos un poco, un mucho, con los compañeros y con los refugiados. La cabeza se mantienes allí y prácticamente todos nos planteamos que, si no se soluciona la situación, vamos a regresar en cuanto tengamos la oportunidad. Da mucha impotencia pensar en cómo se encuentran los refugiados, que ciertamente son una gran cantidad de personas pero que para una Unión Europea es un número ridículo que se podría asumir perfectamente y que los tienen ahí, en esos campos griegos, de una manera gratuita e inhumana sin darles las mínimas condiciones de habitabilidad ni de vida y en un casi completo abandono. Es espantoso ver cómo no hay conciencia de que hay 60.000 seres humanos en Europa en una situación dantesca.
-P. ¿De dónde proceden los refugiados con los que trabajabas?.
-R. En la zona donde estábamos, los refugiados eran en un 50% de origen sirio, algunos de ellos refugiados palestinos que habían tenido que huir de una nueva guerra, pero también había una población importante de kurdos sirios y kurdos iraquís porque esa parte del planeta también está muy convulsionada por la guerra, un reducido grupo de afganos y hubo en algún momento algunos paquistanís e iranís.
-P. ¿Qué hay detrás de esta falta de sensibilidad europea con los refugiados?.
-R. Es una opinión personal: creo que hay miedo de que vengan más personas a Europa y miedo a cambiar un modelo de vida que tenemos aquí que es insostenible y que supone la depredación de los recursos de muchas zonas del planeta. Creo que existe un profundo temor a que el paso de estos primeros refugiados de paso a otros que quieren compartir este modo de vida hiper consumista occidental.

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