FRANCISCO JAVIER GONZÁLEZ GUILLÉN: “Hay un eslabón continuo entre los enredos del pasado y la putrefacción actual”

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Francisco Javier González Guillén, autor de Burdeles Reales.

Burdeles Reales es el último libro de Francisco Javier González Guillén, zaragozano de nacimiento y con raíces en Borau desde hace 42 años. Licenciado en Derecho, ha desarrollado su vida profesional como ejecutivo de varias empresas multinacionales en el área internacional. Por exigencias de su trabajo, ha visitado 49 países. Tras más de seis años de arduo trabajo e investigación, y a partir de más de 500 fuentes, la Feria del Libro de Monzón acogerá la presentación de esta obra, que no dejará indiferente a nadie, el próximo 5 de diciembre. Burdeles Reales incluye 24 fotografías a toda página, a color. Algunas, no aptas para menores, según describe su autor.

¿Cómo surge la idea de escribir Burdeles Reales?

Surge en Borau. Durante el verano de 2010, cuando procedí a organizar para su archivo una colección de los viejos apuntes y libros que me habían acompañado en los primeros cursos de la licenciatura de Ciencias Políticas: Historia Política, Geografía Humana, Sociología; disciplinas que me habían entusiasmado durante mi época de estudiante, pero que luego habían adormecido en un largo sueño de varias décadas. El olor de aquellas páginas antiguas con buqué de antaño y el contacto con la tinta seca de mis apuntes manuscritos hizo renacer en mí una duda: ¿eran ciertas las historias de la Historia que me habían enseñado? Focalicé la respuesta en la duda más cercana: Alfonso XIII. Más tarde en Alfonso XII (con él llegó la restauración de los borbones y el caciquismo), en Isabel II (la puttana ma pia) y en otras tantas dudas que hicieron florecer nuevas respuestas en un frenesí retrospectivo hasta Fernando el Católico. Después de seis años de trabajo, tengo la certeza de que me habían enseñado historias intoxicadas por historiadores estólidos. La Historia que aprendí para aprobar el bachillerato y la licenciatura era el relato parcial de un chantaje a la verdad. Nos han inseminado ─a todos─ con narraciones falaces, parciales, interesadas a favor de parte y siempre presididas por mitos, misterios, milagros, mentiras y miedo.

Ha escrito otros libros, todos ellos relacionados con hechos históricos. ¿De dónde viene este gusto por la historia?

A lo largo de mi vida profesional he visitado cuarenta y nueve países. Así, un día tuve necesidad de trabajar en las Antillas Holandesas; otro en Argentina, otro en Bosnia; otro en Ceilán; Otras veces en Croacia, en Moldavia, en Transnistria, en Rumanía, en Bulgaria, en Guartemala, en Honduras, en El Salvador, en Haití, en China, en Indonesia o Vietnam. Ante este reto surge una necesidad: conocer algo sobre esos países antes de llegar a sus fronteras. Saber algo sobre sus regímenes políticos, su marco jurídico, sus monedas, sus gentes y, también, su historia. Una historia sucinta, por supuesto, pero imprescindible para aterrizar con la brújula neuronal preparada para el destino que te espera. Así que mi gusto por la historia ha sido en parte una obligación y en parte un placer.

¿Qué se va a encontrar el lector en las páginas de Burdeles Reales?

Sorpresas.  El lector va a encontrar muchas sorpresas.  Y pocas dudas, porque los hechos que Burdeles Reales relata están sustentados por 687 citas documentales.  Además de estar apoyados por otras referencias bibliográficas en el mismo texto.  Quizás la primera sorpresa para el lector sea constatar que la narración es inversa: la obra levanta el telón con Alfonso XIII y el escenario de sus páginas recorre la historia en sentido inverso hasta llegar al primer borbón: Felipe V. El segundo acto está dedicado a los habsburgos, a todos ellos, desde Carlos II el Hechizado, hasta Carlos I de España y V del Sacro Imperio. El tercer acto está protagonizado por Fernando el Católico. Pero hay más sorpresas: Burdeles Reales no es un aburrido texto académico sobre reyes y reinas; estos personajes reales son solo un instrumento para hablar de la sociedad de su tiempo, del engaño constante que intoxica al pueblo ─ciudadanos, vasallos, plebe, pueblo llano─ a causa del contubernio entre el poder civil y el poder eclesiástico.  El lector también se sorprenderá cuando compruebe que hay un eslabón continuo entre los enredos del pasado (crímenes, guerras, torturas, milagros sin esclarecer) y la putrefacción actual (corrupción, mafias, emigración y verdades inverosímiles).

¿Cuál es la parte más interesante, sorprendente o llamativa del libro?

Todas las partes del libro son igualmente interesantes. Elija usted: Alfonso XIII era hijo de Alfonso XII pero no de la reina; la madre de Alfonso XIII era una preciosa gitana granadina. Isabel II nunca copuló con su marido y primo Francisco de Asís, resultando que Alfonso XII fue parido por la reina pero fue concebido por  los espermatozoides del capitán de Ingenieros Enrique Puigmoltó. Isabel II no fue hija de Fernando VII porque este Borbón era impotente. La marquesa de Mejorada, Francisca de Borja, fue concubina fiel durante veintisiete años del Inquisidor General y Arzobispo de Zaragoza Ramón José de Arce. El holocausto nazi se inspiró en la Gran Redada organizada por Fernando VI contra los gitanos. Felipe V firmó en 1713 la autorización para vender en la América española ciento cuarenta y cuatro mil esclavos negros, cobrando el rey un mínimo de doscientos mil pesos escudos. Carlos II, el Hechizado, impotente sexual, tenía como pasatiempo capar gatos. Felipe IV nació el 8 de abril de 1605, que era Viernes Santo y, por tanto, viernes de dolor; para que se pudiera celebrar el nacimiento, Roma declaró esa fecha Domingo de Resurrección (mediando comisión, claro). Carlos I arruinó España para sobornar a los príncipes electores que debían nombrarlo emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Todo lo anterior es apenas un pequeño guión. Burdeles Reales tiene 47 capítulos que pueden ser disfrutados en una lectura ininterrumpida o independiente.

¿Y la preferida de su autor?

Saber que Fernando el Católico murió en la Casa de Santa María, en Madrigalejo, el 23 de enero de 1516 por una nefritis irreversible que le produjo la toma en exceso de cantaris vescicatoria, en el último intento de su hipotálamo por copular con el falo bien tieso.

 

 

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