Andar consciente

Andar consciente

Andar es una de las acciones humanas más confortables, sanas y útiles que se pueden realizar. La sabiduría popular valora cada vez más esta maravillosa ejercitación en los momentos actuales en los que el uso cotidiano de la tecnología aleja a las personas de las pautas que rigen la vida natural.

Carreteras, caminos y veredas se pueblan diariamente de andarines y andarinas, muchas más féminas, que con frecuencia ya han sobrepasado los cuarenta años de edad. Estos miles de personas comprueban diariamente los efectos casi milagrosos de estas caminatas en sus huesos, articulaciones, músculos, vasos, corazón, pulmones…, pero sobre todo en su estado de ánimo y en sus renovadas energías para hacer las mismas cosas a las que impulsa la monotonía cotidiana.

Pero también conviene saber que desde un punto de vista biomecánico, andar implica vencer la resistencia de la fuerza gravitatoria que ejerce la masa de la Tierra. De este modo, el más leve descuido, disfunción o desatención provoca una pérdida de estabilidad que de modo automático el cuerpo intenta compensar, no siempre del modo más favorable. No prestarle la debida atención a este proceso conduce a padecer con el tiempo patologías y malformaciones que convierten la vida en un sufrimiento continuo: dolores de espalda, artrosis, cojeras, hipercifosis, hiperlordosis…

Andar si, pero no basta con ejercitarse de modo mecánico y reiterativo. Si se aprovechan los momentos en que se anda para prestar atención al cuerpo, se multiplican exponencialmente los efectos positivos que tiene sobre la calidad de vida esta ejercitación. Desplazarse sobre dos pies implica ejercer un continuo equilibrio entre todas las partes del cuerpo, que tiene su base de sustentación en los pies, siendo la pelvis su centro gravitatorio y constituyendo la cabeza su apéndice más elevado que funciona como una especie de péndulo regulador de la dinámica general de la locomoción. Por esto, si se aprovechan las caminatas para prestar atención al cuerpo, se pueden restaurar y sanar no pocas de las patologías y dolencias generadas a lo largo de la vida.

Una andarina o andarín consciente se viste por los pies. Sabe que son su base de sustentación y requieren por ello de una atención muy especial. Al andar se puede prestar mucha atención a los pies, a las sensaciones que emanan de ellos. Pies ligeros y sin molestias son un buen síntoma para llevar a cabo una confortable caminata. Muchas personas prefieren caminar en compañía, aprovechando el desplazamiento para hablar sobre variados temas. Este proceder, que resulta distraído e incluso divertido, impide prestarle a los pies la atención que merecen. Aprovechar un paseo para sentir los pies es una experiencia fascinante y sumamente provechosa, puesto que la información que envían los pies permite acomodar la intensidad de la marcha a las necesidades de cada cuerpo.

La pelvis es otro punto de atención al caminar. Para sentir y conectar con el centro de gravedad se puede utilizar la respiración diafragmática. Consiste esencialmente en llenar el abdomen como un globo al inspirar y contraerlo completamente al expulsar el aire. Con este sencillo ejercicio se lleva la atención a la zona central del cuerpo y sentir su equilibrio respecto al plano que forma con los pies y la cabeza.

La cabeza humana pesa en torno a los siete kilos y se apoya sobre las vértebras cervicales, lo que obliga a una veintena de músculos a realizar continuos ajustes para mantener su equilibrio. Para convertir las caminatas en un ejercicio sanador resulta necesario prestar atención a la cabeza, en especial a su equilibrio respecto a la pelvis y los pies. Mirar al frente, acercar ligeramente la barbilla al pecho y estirarse desde la coronilla, es un proceder sencillo que convierte el caminar en una ejercitación de resultados casi milagrosos para la salud y el bienestar.

Caminar si, pero sin rigideces ni crispaciones, sin prisas pero sin pausas, con atención sobre el propio cuerpo, para aprovechar este momento y sentir así la vida discurrir felizmente por cada una de las células. Andar se convierte de este modo en un momento maravilloso y mágico, un regalo de la vida, si se le presta atención.

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