Liberar las articulaciones cada día

0
588

Es frecuente que muchas personas sientan dolores articulares a partir de los cuarenta años, pero este síntoma parece ser general a partir de los sesenta y siguientes. ¿Es un dolor inevitable propio de la edad o tiene solución natural y sostenible?

Las articulaciones son las bisagras del aparato locomotor, por esto es necesario mantenerlas abiertas para que los fluidos corporales hidraten los cartílagos y discos que hacen de almohadillas para que los huesos no rocen entre sí. Cuando los ligamentos, músculos y tendones se vuelven hipertensos por mucha carga en el trabajo, por exceso de entrenamiento o por el paso de los años, las articulaciones se comprimen, después se inflaman al resecarse los cartílagos, lo que genera dolor, hasta que con los años llegan a deformarse e incluso a necrosarse.

Liberar las articulaciones cada día a partir del momento en que se deja de crecer (15 años para las niñas y 18 para los niños) es una condición física necesaria para gozar de plena salud y seguir haciendo ejercicio físico a lo largo de toda la vida sin sufrir dolores ni molestias.

Es necesario abrir, activar y flexibilizar las articulaciones cada día, muy especialmente después de realizar algún ejercicio físico, lo mismo que lavarse los dientes después de comer, para liberarlas de la compresión de la fuerza de la gravedad y mantenerlas adecuadamente hidratadas para que funcionen de manera fluida sin dolor alguno.

Se trata de llevar a cabo un procedimiento bien sencillo, de hecho todo el mundo lo hace de manera espontánea y libre en muchas ocasiones, lo que ocurre es que no se realiza de manera sistemática y consciente, si se hiciera así, todo el mundo lo haría sin problema alguno dado que reporta un gran placer hacerlo.

Las articulaciones se descomprimen mediante procedimientos muy variados, pero de manera sencilla se puede realizar brevemente en cualquier momento del día las veces que se necesite, tanto de pie como sentado, o bien otro largo y profundo, para después de correr, andar o realizar un trabajo físico intenso.

Para el procedimiento breve tan solo se requieren unos minutos, no más de cinco. Se inicia de pie o sentado completamente inmóvil con los ojos cerrados. Se centra la atención en la cabeza tratando de sentir su densidad, peso y volumen para a continuación comenzar a desplazarla muy lentamente en todas direcciones. Luego se sigue por la cara, el cuello y los hombros, dejándolos caer, brazos, antebrazos, manos y dedos, como si se tratara de una marioneta sin ningún tipo de tensión en ninguna articulación. Se sigue por la pelvis desplazándola en todas direcciones, articulación coxofemoral, elevando rodilla y pie, para finalmente activar la rodilla, el tobillo y todo el pie. Hay que tratar de realizar los desplazamientos, giros y rotaciones de manera espontánea, sin pensar, y del modo más fluido, libre y natural posible.

El procedimiento profundo empieza descomprimiendo el espinazo, enrollándolo lentamente como una persiana desde la postura bípeda hasta tocar con las manos el suelo, que debe estar convenientemente aislado y protegido. Se adopta la postura cuadrúpeda y desde ésta, apoyando un hombro y una nalga sobre el suelo, se adopta la postura de restauración, tendido supino con una cuña debajo de la cabeza.

Liberación articular profunda en el sueloUna vez sobre el suelo, se comienza a abrir las articulaciones de los dedos de las manos, dejando una inerme y tirando de cada dedo la otra haciendo tracciones suaves. Luego se pasa a las muñecas, codos, hombros, cintura escapular y cuello, ayudando siempre una mano a la liberación de las articulaciones de la otra extremidad. Después se pasa a abrir y liberar los dedos de los pies apoyando una pierna sobre la rodilla de la otra y ayudándose con ambas manos, siempre con delicadeza y sin forzar.

Finalmente se libera la pelvis elevándola y desplazándola en todas direcciones y sentidos, incluso dando suaves golpeteos con el sacro sobre el suelo hasta lograr sentir una vibración muy gratificante y reparadora en toda la zona. Al terminar, se permanece unos minutos sobre el suelo centrándose en la respiración para saborear con gozo el resultado de esta feliz liberación.

Cada persona es la única capaz de calibrar cuánto tiempo necesita para sentirse descomprimida. Son sus propias sensaciones de descanso, fluidez, agilidad o ligereza las que indican cuando se tiene suficiente. Cada día es diferente, depende de la cantidad e intensidad del ejercicio realizado, de la climatología, del estado de ánimo, de su afectividad…, cada persona al conectar con su sentir sabe sin necesidad de reloj cuando tiene suficiente. El cuerpo nunca se equivoca cuando se le presta la atención que merece.

www.ejercicioybienestar.org

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.