Montones de basura dan la bienvenida a los montañeros en la cima del Aneto

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La acumulación de basura es uno de los principales signos que identifican a nuestra actual sociedad de consumo. De ella no se libran los espacios más recónditos ni siquiera aquellos que pudieran parecer más o menos vírgenes de la presencia humana.
Las cumbres pirenaicas hace tiempo que perdieron esa virginidad y en algunas hay muchos días en parece que se esté celebrando una concurrida romería por el incesante trasiego que soportan. Es el caso del Aneto, donde en los meses de verano es frecuente comprobar cómo se forman auténticas colas para afrontar el estrecho Paso de Mahoma que franquea el acceso a su cima. Ese peregrinaje tiene su corolario de suciedad acumulada en la que es la cumbre señera de los Pirineos.
Desde siempre, los montañeros coronan sus hazañas con la colocación de una bandera, estandarte o enseña alusiva. Lo que ocurre es que cuando esa hazaña la completan miles de personas y la mayor parte de ellas quieren dejar testimonio de su logro, se generan auténticos problemas no sólo estéticos sino también de seguridad. De ello puede dar fe el personal del refugio de La Renclusa, la puerta de acceso a esta cumbre. Como recuerda Antonio Lafón, su histórico guarda, desde hace ya varios años y siempre a título individual, los trabajadores del refugio suben al Aneto y a otras cumbres del entorno y proceden a retirar parte del material acumulado invitando a otros montañeros a seguir su ejemplo.
«En el Aneto se llegan a amontonar kilos y kilos de objetos, casi todos textiles, que se atan a los soportes de la cruz que corona la cima», comenta Lafón, recordando que además del dudoso valor estético que supone la exposición de esa ingente cantidad de prendas existe un problema añadido en invierno cuando esas piezas se mojan y se hielan, incrementando sensiblemente su peso y poniendo en serio riesgo los anclajes y la estabilidad de la cruz.
La pasada semana tuvo lugar otra de esas expediciones de limpieza. Alberto Akerman y Nihil Puyuelo subieron desde La Renclusa hasta la cima del Aneto para limpiar parte del material acumulado. Allí se encontraron con el guía José María Carrera, que había ascendido con unos clientes, y que se ofreció a echarles una mano. En poco rato llenaron dos bolsas grandes de basura sin que disminuyera apreciablemente el montón de objetos acumulados en torno a la cruz.
Lo confirma Puyuelo quien explica que al llegar a la cima comenzaron a cortar las cuerdas que sujetan los objetos y que quizás estuvieron unos cuarenta minutos sacando cosas pero que calculo que «escasamente» llegaron a retirar un 20% del material acumulado. Banderas de distintos países y autonomías, banderines de clubes deportivos, banderolas de las que se colocan en forma de guirnalda en las localidades en fiesta, prendas de vestir como las más diversas camisetas con todo tipo de inscripciones, jerséis, chubasqueros o pantalones, botas de montaña, mandalas tibetanos y también objetos de plástico como flores y cepillos de dientes son alguno de los objetos que se acumulan y afean esta singular cumbre pirenaica.
«Es imprescindible concienciar a los montañeros de que no dejen aquí recuerdo de su paso porque se va amontonando con los objetos dejados previamente por anteriores visitantes y acaba creando un serio problema», sostiene Akerman invitando a otros montañeros a seguir su ejemplo e ir retirando periódicamente la basura que se acumula en esta cima del Aneto que, recuerda, se encuentra además en el corazón de un espacio protegido como es el Parque Natural del Posets-Maladeta.

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