Quietud y no hacer nada, el bienestar del sosiego

Quietud y no hacer nada, el bienestar del sosiego

Durante las vacaciones veraniegas en las que el estrés y la tensión laboral han desaparecido en gran medida, se puede aprovechar esta circunstancia para que la persona interesada trate de experimentar la quietud y sentirse a sí misma, intensa y profundamente.

El modo más eficaz y sencillo de lograr bienestar desde el sosiego es sentarse en el suelo o sobre una piedra en un entorno natural, en el que tan solo pueda oírse la persona a sí misma acompañada por la suave música de la naturaleza. Si se está cerca de un curso de agua, sea fluvial (arroyo, cascada o río) o bien marítimo, cerca o junto a un acantilado o playa, muchísimo mejor.

La sabiduría milenaria del Tao chino asegura que, permanecer sentado completamente quieto sin hacer nada (wu hei), es el modo más eficaz de regresar a la auténtica casa y viajar por el interior de sí mismo y de todo el universo.

Para sentarse conviene adoptar una postura estable que facilite el ajuste y alineación de la espalda (el punto más alto ubicado en la coronilla de la cabeza situado en el mismo plano perpendicular que el más bajo, ubicado en el sacro), un equilibrio constante y un descanso que pueda prolongarse durante unos minutos sin tensión alguna, de modo que permita permanecer en completa quietud.

Al estar en un entorno natural, se pueden aprovechar los recursos que existen de manera abundante en la naturaleza (roca, pendiente, arena, hierba y otros) para acomodarse en la postura que se adapte mejor a cada persona. Hay que tratar en cualquier caso, que la pelvis descanse sobre un plano ligeramente inclinado hacia adelante y que esté dos o tres centímetros más elevada que las rodillas, para facilitar la estabilidad del tronco y la cabeza.

Vivir Bien Nº 27c. Postura sentada medio loto

Una vez la persona ha elegido su lugar y ha adoptado la postura sentada ajustada a sus circunstancias y necesidades, permanece en silencio tratando de prestar atención al flujo constante de su respiración, fijando su mirada en el curso fluvial, en el oleaje del mar o en un punto fijo ubicado en el suelo, no más lejos de un par de metros de distancia.

Lo más probable, si no se ha tenido ningún tipo de experiencia previa con la práctica de la meditación, e incluso teniendo mucha, es que aparezca un torbellino constante de pensamientos que lo alejen de ese lugar y de ese momento. En esta circunstancia la persona permanece tranquilamente prestando atención a su respiración tratando de expulsar, con el aire al exhalar, todos los pensamientos aparecidos en la mente. Es probable que vuelvan de nuevo a aparecer, pero la persona impasible los vuelve a expulsar en la siguiente exhalación, y así sucesivamente.

Otro síntoma perturbador que aparece en los primeros segundos y minutos es la comezón o picor, alguna molestia o dolor en algún punto del cuerpo, que distraen la atención y generan cierta incomodidad e incluso tensión.

Ante esta circunstancia tan habitual el remedio más eficaz consiste en centrar la atención sobre ese punto de dolor o picor, tratando con cada exhalación de expulsar el aire por ese lugar, aprovechando esta circunstancia para ajustar mejor la postura a la vez que se exhala, tirando de la coronilla hacia arriba y asentando los isquiones (protuberancias óseas de la pelvis ubicadas debajo de los glúteos) con mayor firmeza sobre el suelo.

Bajo ninguna circunstancia conviene forzar la situación tratando de permanecer durante un tiempo determinado en completa quietud. Para cualquier persona que se inicia experimentando la vía del sosiego y el silencio, permanecer centrada y quieta durante un minuto puede resultar ya un gran logro.

Si alguna persona siente molestias intensas o se descentra, pero desea seguir con la experiencia, lo mejor es que se ponga de pie, camine un rato y se estire, en especial las cadenas musculares y articulaciones afectadas. Cuando perciba que ha recuperado el ánimo y su buena disposición, puede intentar sentarse otra vez, obrando de este mismo modo todo el tiempo que necesite hasta sentirse en bienestar plenamente.

Las vacaciones veraniegas son un excelente momento para iniciarse en esta milenaria práctica que tan buenos beneficios reporta. Cualquier edad es excelente para iniciarse, que de lograr su continuidad a lo largo de toda la vida, pueden obtenerse infinitos beneficios que tan solo depende del interés y voluntad de cada persona practicante. Sin duda una gran riqueza al alcance de cualquiera que se interese por tan fascinante experiencia.

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