María Angeles Sarroca, soprano premio Calibo de Ribagorza 2016

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Por Ángel Gayúbar
La soprano y pedagoga musical grausina María Ángeles Sarroca vio reconocida su trayectoria profesional y su generosidad humana en las pasadas fiestas grausinas con la entrega del Premio Calibo de Ribagorza a la “Mejor Labor Cultural”. Una concesión que tuvo en cuenta tanto su prolongada y exitosa carrera profesional como su desinteresada colaboración en la promoción del patrimonio histórico y artístico de Graus y de la comarca ribagorzana y su apoyo a la proyección de los jóvenes intérpretes de este territorio que se traduce, entre otras actividades, en la realización todos los veranos de una deliciosa Gala Lírica que se ha convertido en uno de los reclamos del verano cultural grausino. Muy emocionada por este galardón, Sarroca –quien siempre ha hecho gala de su ribagorzaneidad- agradeció encarecidamente el premio y se mostró «muy orgullosa» de recibirlo de manos de sus conciudadanos.

– ¿Cómo ha recibido este premio Calibo?
– Con mucha sorpresa; no me lo imaginaba. Precisamente este verano he estado algo accidentada y no pude asistir a la Gala Lírica que convocamos todos los años con la Asociación de Amigos de La Peña, pero se pudo realizar igualmente porque estos jóvenes valores de la lírica que son maravillosos, sin mí se arreglan igualmente bien porque algunos son ya unos excelentes profesionales y otros están a punto de serlo y puedo escoger a los mejores para esta gala porque ya tengo un bagaje y ellos están encantadísimos en venir de forma desinteresada a Graus donde se les acoge con muchísimo cariño. A veces tengo que luchar con algunas agendas de varios de ellos porque al ser ya profesionales tienen compromisos contractuales; sin ir más lejos, el ganador de este año, Juan Carlos Esteve, vino el mismo día de la gala porque el día anterior tenía un compromiso artístico pero cumplió su palabra y vino a Graus donde cantó de forma tan maravillosa que ganó.

– ¿Y por qué este compromiso personal con la Gala Lírica?
– Es un trabajo que hago como un voluntariado para mi pueblo y estoy encantadísima de realizarlo. Y el público no me decepciona, suele tener una capacidad auditiva de primer nivel y escoge siempre al mejor. La verdad es que estoy encantada con esta Gala Lírica.

– Ocurre todos los años, pero éste como ninguno. Los asistentes a la gala (que con sus votos particulares eligen al ganador) lo tuvimos muy difícil por el enorme nivel de los participantes. Pero la Gala no es sino uno de sus afanes en una carrera musical que usted comenzó muy joven y que, por ejemplo, le llevó a participar con un gran éxito en uno de los primeros concursos televisivos.
– Ja, ja, ja. Fue el año 73 y resultó para mí un reto. El miedo que yo tenía, que entonces era muy joven, era muy grande pero también las ganas de dar lo mejor de mí misma. Mi familia se implicó muchísimo, como Graus y la comarca que se volcaron conmigo y fue una experiencia muy intensa. Pero pensaba que ya nadie se acordaba. Pero entonces todo Graus estaba pendiente de la televisión y se llegó al extremo de tener que retrasar el horario del cine; tuvo que salir el pregonero a anunciar que el cine se retrasaba una hora para que la gente de mi pueblo y de la comarca pudiera ver mi actuación televisiva. Es un recuerdo muy bonito y muy intenso, me escribieron de toda España, tuve telegramas de aragoneses residiendo en el extranjero…

– En aquella época sólo había una cadena televisiva y la participación en un programa tenía un eco rotundo y más cuando, como fue su caso, se llegaba a la final de un programa de éxito. Fue el espaldarazo a una muy brillante carrera muy vinculada al Liceo de Barcelona.
– El concurso se llamaba “La gran ocasión” y supuso una oportunidad para darme a conocer. Pero luego, ciertamente, mi carrera ha estado estrechamente relacionada con el Liceo, donde estuvo diecisiete años y que ha sido para mí una universidad pagada. Me dio mucha experiencia y la posibilidad de poder aprender de las grandes divas que venían, poder estar a su lado, y, humildemente, contemplar su trabajo y aprender de ellas y de ellos, algo que es impagable y que ahora he podido aplicar con mis alumnos dándoles incluso herramientas de regía, de teatro, porque en estos momentos soy una activista voluntaria cultural y me atrevo por mis años del Liceo a hacer trabajos de regista.

– También fue pianista…
– Sí, pero lo tuve que dejar porque nos e puede hacer todo bien y me decanté por mi vertiente de cantante lírica y ya tuve bastante en mi carrera intentando año tras año subir de nivel. Pero como pianista tengo un gran colaborador que es José Antonio González Serena. Y para la Gala Lírica que comentábamos antes tengo la estrecha colaboración tanto de los integrantes de la Asociación de Amigos de La peña como de otras muchas personas que echan una mano desinteresada en multitud de tareas organizativas.

– ¿Cómo ha sido su carrera musical?
– Ha sido muy intensa. En los inicios me dedicaba al pluriempleo porque todos los músicos nos hemos dedicado en algún momento de nuestras vidas a compatibilizar trabajos. Fui dando clases paralelamente a mis estudios, luego estuve de pianista en una escuela de ballet…, pero siempre, siempre, me he dedicado a la música y puedo decir que cuando me lo ponían difícil algunas personas por mi empeño de vivir de la música, nunca tuve dudas, siempre dije que quería dedicarme a la música intensamente y no he hecho otra cosa más que esto, siempre a fondo. Finalizados mis estudios me pude dedicar completamente al canto y posteriormente volví a la docencia en el Conservatorio como profesora de canto. Ahora estoy ya jubilada pero sigo con mi voluntariado para ayudar a los jóvenes cantantes que son prometedores de una brillante carrera.

– ¿Y cómo fue su apuesta por la música en un Graus en la que entonces esta disciplina no tenía tanto predicamento como ahora?
– Es verdad; y puede que mi ejemplo haya podido ser un estímulo para alguno de los brillantísimos músicos con que cuenta ahora Graus. Pero María Antonia Casas, que dirige la Escuela Municipal de Música, o el ayuntamiento, muy sensibilizado con su enseñanza, están realizando una labor encomiable. De todas formas, siempre ha sido un pueblo muy artista; yo recuerdo cuando era pequeña que había varios grupos de teatro –y ahora también los hay-, con buenos colegios a lo largo de su historia, desde los jesuitas al del Ave María pasando por las Escuelas Nacionales, pasando por el colegio de monjas al que yo asistí y me enseñaron las primeras nociones de piano…, es un pueblo que tiene muchísima sensibilidad cultural y con mucha sensibilidad artística. Cuando yo era pequeña, el teatro Salamero programaba unas revistas muy artísticas, con unas señoras que cantaban muy bien y con las que pienso que germinó mi vocación musical.

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