Los imprescindibles: voluntarios del Museo Diocesano Barbastro-Monzón

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Solana, Malo, Lucia, Martín, Granada, Calvo, Torrente y Marqueta.

Y aunque nadie sabía su nombre, desde el principio fueron imprescindibles. Gestionar un museo con tres personas en plantilla resulta una tarea más allá del heroísmo si se aspira a ofrecer un buen servicio. Recepción, visitas, mover muebles (a veces toca)…

Así que la dirección del Museo Diocesano en 2011 realizó un llamamiento para captar voluntarios. Los interesados se comprometían a asistir con provecho a un curso que incluía no sólo arte sino pautas para lograr una guía de éxito. En la actualidad aportan su tiempo y dedicación 14 personas.

Y para conocer su labor nos reunimos con un grupo de ellos. Pedro Solana, Nathalie Malo, José Luis Lucia, Fernando Martín, Pilar Torrente, Gabriel Granada, José Marqueta y Ana Calvo.

Marqueta (fotógrafo) afirma sin complejos “nosotros nos ponemos a las órdenes de María”, María Puértolas , subdirectora del museo. Y parece cierto porque no se recuerdan ocasiones en las que alguna necesidad se haya quedado sin cubrir, explica Enrique Calvera, director. Para gestionarlos el whatapp resulta una herramienta fundamental.

Las motivaciones son varias. Granada pasó a ver una de las exposiciones temporales, vio el anuncio del curso de guía y se interesó. En la decisión de Malo tuvieron que ver Solana (que la lió), el afecto a Enrique Calvera y el verse seducida por una guía de Puértolas a la que asistió como público. “Yo pensé… quiero ser como ella y ¡fíjate!, me surgió la oportunidad!”. Nathalie se encarga de atender al turista de lengua francesa. Las guías en lenguas extranjeras es trabajo muy  apreciado así que esperan con ilusión la incorporación de Ana y Emilia Calvo para guías en francés e inglés. En cuanto al turista francés, nos cuentan que acuden más al museo y a la catedral quienes nos visitan en otoño o primavera que quienes lo hacen en el periodo estival.

Ser guía no es tarea fácil. El interés del oyente ha de ganarse y además,  cuidar de no enrollarse que es siempre una tentación sobre todo en los casos en los que existe empatía. Los grupos resultan más complicados-explican- porque no a todos les interesa, se despistan… y la procedencia del turista importa. “Hay que contextualizar siempre, pero si es de Sevilla más aún porque en su tierra no existe el arte románico y tampoco conoce cómo son y cómo se vivía en los pequeños pueblos de la montaña de donde proceden las obras” explica Solana. Con las visitas se dan muchas anécdotas. Martín guió a un japonés (que andaba por estas tierras interesado en la figura del barón de Castro) y antes de comenzar le preguntó su religión pues se iba a hartar de arte religioso católico… “él era budista y me sorprendió el conocimiento que tenía del cristianismo… creo que más que muchos bautizados”. Con los catalanes, y debido al conflicto de los bienes, hay para todo. Aunque, en general, su perfil es el de un público que no suele preguntar del tema (los de fuera sí “enseguida”). Y la anécdota la pone Lucia: “A mí una pareja catalana me preguntó con interés y me dijeron que ya tenían ganas de escuchar otra versión diferente a la oficial de Cataluña”.

Ser voluntario del museo implica además un aprendizaje continuo. De hecho, ellos suelen ser habituales en los ciclos del románico y muchos de los actos culturales que organiza esta entidad y no por obligación, sino  por el placer de aprender y porque hasta «tus pasatiempos cambian», dicen; interesándose más por temas relacionados con el arte y su conservación. «Tenemos un centro cultural de primer orden, Barbastro ha ganado mucho» afirman con sincero orgullo.

Además de este grupo sumamos el compromiso de Ilona Kiss (guías en alemán), Blanca Solanas (recepción), Isabel Albás (recepción, gestión de archivos, control de la biblioteca), Víctor Miguel Mur (visitas guiadas), Mercedes Benabarre y Conchita Puy (costura de trajes para talleres didácticos y eventos), Celia Rodríguez (recepción aunque ahora está fuera estudiando), Mari Carmen Laplana (una gran ayuda durante mucho tiempo), José Mª Gardeta (guías en inglés y actor) y las voluntarias de restauración: Esther Carrera y Teresa Peirón.

 

 

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