Respiración profunda, el elixir de la vida

Respiración profunda, el elixir de la vida

Ejercicio y respiración son dos almas gemelas, debido a que el oxígeno es un gas esencial para la generación de energía vital, de ahí la necesidad de activar la respiración profunda diafragmática, haciéndolo de modo consciente para experimentar los maravillosos efectos de una ejercitación consciente y alimentada con el mejor y más puro oxígeno posible, un auténtico elixir para la vida.

El diafragma es el músculo respiratorio por excelencia. Ubicado como un fajín perpendicular al plano vertical del cuerpo, separa los pulmones de las vísceras. Es el músculo responsable de la respiración de la calma, de la naturalidad y del relax, ya que su acción mecánica se efectúa sobre el tercio inferior de los pulmones durante la exhalación. Es el tipo de respiración que utiliza el recién nacido o aquella persona que duerme plácidamente. Es prácticamente el segundo corazón, puesto que su acción de émbolo sobre la base de los pulmones renueva totalmente el aire en ellos contenido, lo que implica de inmediato mejorar la cantidad y calidad del oxígeno que llega a las células, de ahí que se le denomine respiración profunda.

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Un bebé satisfecho activa plácidamente su diafragma cuando duerme, pero no todas las personas adultas dicen poder practicarla cuando se trata de la acción humana más natural y cuya práctica reporta grandes beneficios de inmediato, dado que la acción del diafragma durante la inhalación, produce un suave masaje sobre los órganos y vísceras del abdomen.

Además, la respiración diafragmática relaja y tonifica el organismo, y su función de émbolo sobre la parte baja de los pulmones mejora notablemente la circulación sanguínea al facilitar el intercambio de sangre venosa en los pulmones. Es la respiración que activa el proceso vital, la oleada energética que recorre el organismo en todas direcciones, por esta razón, para los yoguis significa el centro guía o pranayama y para los taoístas chinos representa el qi o aliento vital.

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El diafragma es un músculo maravilloso que separa los pulmones de las vísceras al modo de una tela de araña o de un parapente desplegado, lo que permite al contraerse que los pulmones liberen el gas contenido en el tercio inferior de su volumen, por lo que al exhalar de este modo se logra vaciarlos completamente. Esto significa que todos los residuos de la combustión celular, anhídrido carbónico, vapor de agua y calor,  se expulsen con cada exhalación, de modo que con el ciclo respiratorio diafragmático los pulmones renuevan totalmente su aire, nutriendo con oxígeno todo el organismo, lo que supone una gran limpieza para estos órganos que son el primer gran filtro del organismo, el del aire.

Al estar el músculo diafragmático insertado por la parte posterior en la segunda y tercera vértebra lumbar, cuando se contrae durante la exhalación empuja hacia adentro la parte baja de los pulmones, provocando una mayor protuberancia de la curvatura lumbar (hiperlordosis), de ahí que se aconseje la práctica de ejercicios respiratorios diafragmáticos desde la postura base de restauración (en decúbito supino sobre el suelo con las piernas semiflexionadas) con una pequeña cuña en la cabeza y otra en el sacro, desde la postura sentada en el suelo (zazen, loto o doble loto), desde sentado en una silla sobre una cuña que permita tener la pelvis ligeramente más elevada que las rodillas sin tener necesidad de apoyar la espalda en el respaldo, o si se realiza de pie, flexionando ligeramente las rodillas y basculando la pelvis en retroversión para tratar de evitar la agudización de la hiperlordosis lumbar.

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