Ajuste de la postura sentada

Ajuste de la postura sentada

Una sociedad en la que el sector económico de los servicios es claramente dominante está provocando en los ciudadanos grandes dosis de sedentarismo, el gran veneno de la civilización contemporánea, pero es que además, tantas horas sentados propicia tendencias erróneas en la adopción de posturas de sentado que ponen en peligro el bienestar e incluso pueden suponer un quebranto para la salud de las personas.

Es de gran interés tener muy en cuenta que ninguna persona, de cualquier edad, condición física y profesión, tendría que estar sentada, conduciendo, estudiando o trabajando, más de una hora seguida. Conviene hacer pausas, al menos cada hora para  levantarse, caminar o estirarse durante unos breves minutos antes de sentarse de nuevo. De este modo se podría ajustar la postura cada vez que se vuelve a sentar, evitándose malformaciones dañinas.

Por esto es necesario propiciar entre toda la población otros modos de practicar la postura sentada a diario. En vez de sentarse de manera mecánica e inconsciente, es preferible sentarse  explorándose motrizmente, conectándose con la respiración diafragmática, procurando durante unos segundos estarse quieto sin hacer nada, tan solo sentirse en esta postura y con cada exhalación estirarse desde la coronilla para seguir creciendo y alinear el espinazo. Haciéndolo de este modo puede utilizarse la postura sentada unos minutos al día para sentirse lleno de vida, para ajustar la postura y lograr ser consciente en cada momento de la vida de ese ajuste singular y único que tan solo cada persona es capaz de experimentar, practicando con atención y perseverancia.

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La postura sentada representa ante todo el equilibrio cuerpo-mente, pues con ella se logra un estado de compensación y bienestar que restaura las tensiones y desequilibrios de la postura bípeda y la posibilidad de conseguir la armonía del ser.                                      

En la sociedad actual se utilizan habitualmente sillas para sentarse, pero ni su diseño, ni los habituales modos de sentarse son los más adecuados para mantener en equilibrio y armonía la vigorosa musculatura de la espalda. Por esto, para experimentar la vivencia de sentarse de modo estable y equilibrado se puede utilizar el suelo como asiento con la ayuda de un cojín duro o una manta plegada.

Si la persona tiene dificultades para bajar al suelo puede utilizarse una silla o un taburete, sin respaldo, convenientemente adaptados a las necesidades de cada persona, de manera que se adquiera el necesario confort y estabilidad como para permanecer unos minutos sentado completamente inmóvil sin necesidad de apoyo alguno. Conviene saber que permanecer en la postura sentada unos minutos en completa quietud predispone a la meditación, al equilibrio emocional, a la atención interiorizada y a la concentración y ensimismamiento.

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Para ajustar la postura sentada es preciso practicarla de manera consciente y con este único objetivo todos los días. Es necesario tener en cuenta que el ajuste de la postura tiene que realizarse de nuevo cada día, puesto que las circunstancias de las personas varían constantemente.

Para ajustar la postura sentada se requiere permanecer con el tronco estirado desde el coxis hasta la fontanela. Para que este estiramiento se produzca de forma natural, en ausencia de crispaciones y tensiones musculares, respetando las curvaturas de la columna sin forzarlas, resulta preciso que el asiento se produzca sobre un plano inclinado para respetar la angulación natural que ostenta la pelvis respecto del plano vertical. La persona necesita  percibir con claridad el apoyo de los dos isquiones (protuberancias óseas de la pelvis debajo de los glúteos) sobre el asiento para desde esta base estirar toda la columna con cada exhalación.

Para sentarse en el suelo, las piernas pueden cruzarse una sobre otra quedando las plantas de los pies hacia arriba (loto), cruzando las piernas y colocando un pie sobre el muslo de la otra pierna o entre el muslo y los gemelos (medio loto) o simplemente cruzando ambas piernas y recogiendo los pies lo más cerca posible de la pelvis (birmana).

También puede utilizarse la postura usual en la práctica del zazen, es decir, arrodillarse y sentarse sobre los talones, quedando los pies uno junto a otro con las plantas hacia arriba. Para no forzar la tensión en los pies y las rodillas en las personas no habituadas, puede utilizarse un pequeño taburete con un plano inclinado como asiento o simplemente una manta doblada, aunque algunos participantes debido a su rigidez articular necesitan dos cojines.

Hay que ser humilde y prudente con las prácticas de ajuste de la postura sentada, empezando por unos pocos minutos, no más de tres o cuatro, hasta llegar a los veinte minutos como máximo, después de lo cual conviene estirarse desde la misma postura o levantarse y caminar.

 

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