Bajar al suelo y subir desde el suelo

Bajar al suelo y subir desde el suelo

Una acción motriz tan sencilla y natural como bajar al suelo, para una vez allí arrodillarse, sentarse, adoptar la postura cuadrúpeda o simplemente tumbarse un rato en decúbito supino (boca arriba), para después de unos breves minutos volver a levantarse de manera lenta y progresiva, tiene consecuencias tan benefactoras para cualquier persona, sea cual sea su edad y condición física, que sorprende la irrelevancia que se le otorga socialmente a este actuar tan profiláctico y saludable.

Los niños lo hacen habitualmente en sus juegos, en solitario o colectivamente, desde que empiezan a gatear en torno a los seis meses hasta al menos los cinco años. Pero posteriormente este modo de actuar va distanciándose en el tiempo hasta casi desaparecer, exceptuando algunas ocasiones durante la juventud, aunque de manera esporádica.

Muchos deportistas con poca cultura física, lo desechan por sencillo y poco sofisticado, cuando precisamente por su naturalidad es la manera más conveniente de restaurarse del esfuerzo después de un entrenamiento o una competición, antes de estirarse convenientemente y por supuesto de ducharse.

Las personas adultas y sedentarias lo tienen olvidado, pues aunque siempre permanece instalado en la memoria sensitiva, no se realiza habitualmente por considerarlo una práctica absurda o ridícula, propia de niños, cuando se trata de un seguro para mantenerse con buena calidad de vida a lo largo de los años sin apenas esfuerzo.

Mientras cualquier persona sea capaz todos los días de bajar al suelo y posteriormente levantarse de manera autónoma, puede decirse que se mantiene joven, sea cual sea su edad, puesto que esta acción motriz supone un estiramiento específico del espinazo, conjunto articulado de vértebras que más absorbe la compresión gravitatoria y por ello más se comprime, y de la cadenas musculares posteriores, responsables de mantener la postura bípeda y que también sufre los estragos de la compresión y por ello  su acortamiento progresivo.

Las personas no se convierten en viejas e inútiles porque cumplen muchos años, sino porque van cumpliendo años sin alargar su espinazo ni estirar las dos cadenas posteriores.

Permanecer muchas horas sentado, de pie o caminando supone una compresión adicional que va encogiendo a las personas. Les provoca pérdida de altura, aumento en exceso de las curvaturas naturales de la espina dorsal y con el paso del tiempo limitaciones motrices severas, por no haber previsto una acción motriz cotidiana tan elemental como sencilla que tantas consecuencias benéficas tiene para mantener la buena calidad de la vida.

Bajar lentamente la cabeza y seguir luego vértebra a vértebra hasta tocar con los dedos el suelo; apoyar las manos, una o las dos rodillas, tumbarse en el suelo suavemente o permanecer sentado. Después subir, incluso más lentamente todavía, saboreando cada exhalación y cada postura, hasta estirar completamente el tronco manteniendo la barbilla pegada al pecho, para finalmente estirar el cuello y elevar la cabeza.

Así de sencillo. ¿Por qué no se practica diariamente como una oración motriz o una acción de gracias a la vida? ¡Cuántos dolores, enfermedades y minusvalías se evitaría esta maltrecha y quejumbrosa sociedad!

www.ejercicioybienestar.org

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