Por Ana Pascual
José María Panadés López, con Al final se hizo la luz, se hizo con el accésit José Antonio Labordeta, de temática de Sobrarbe, del IX Certamen de Cuentos y Relatos Breves “Junto al Fogaril”. Con una intrigante historia sobre una bruja ambientada en Bielsa de fondo nos cuenta cómo quedó atrapado por la magia de esta comarca y su pasión por la lectura.

Cuéntanos algo sobre el argumento de ‘Al final se hizo la luz’

– Este relato trata de la historia de María, una curandera, a la que algunos lugareños consideraban una bruja. El protagonista, un niño que pasa sus vacaciones de verano en Bielsa, halla a la anciana muerta en un claro del bosque. Aunque el informe oficial concluye que la muerte ha sido accidental, queda en el aire la sospecha de que fue asesinada por algún vecino. Al cabo de treinta años, ese niño, convertido en escritor, recuerda aquella experiencia que tanto le impresionó y decide volver al lugar de los hechos para inspirarse y buscar respuestas que le lleven a esclarecer la verdad. Pretende escribir una novela sobre las creencias sobre brujería y desvelar la auténtica naturaleza de “María la bruja”, como así se la conocía. Aunque inicialmente encuentra muchos obstáculos ─nadie recuerda o dice no recordar nada de lo sucedido─, poco a poco van apareciendo pistas que le conducirán a conocer lo que realmente pasó y el por qué.

– ¿Qué relación tiene con el Sobrarbe?

– La acción tiene lugar mayormente en la comarca del Sobrarbe (la historia arranca y concluye en Bielsa) porque fue en Abizanda y, concretamente, en el Museo de Creencias y Religiosidad Popular, que visité en una ocasión, donde tomé contacto con las creencias y supersticiones populares en el Alto Aragón. Cuando salí del museo, en el que adquirí el Inventario de seres mitológicos, fantásticos y misteriosos de Aragón (al cual hago referencia en el relato, pues el protagonista, mi alter ego, también visita el lugar y el museo camino de Bielsa), me prometí que algún día escribiría una historia de misterio basada en esas creencias. Tuvieron que transcurrir 15 años para poder cumplir esa promesa, gracias a la convocatoria del certamen Junto al Fogaril, en el cual existía un accésit para aquel relato que tuviera como escenario el Sobrarbe.

– ¿Qué relación tienes tú con esta comarca?

– Como tuve ocasión de comentar durante la entrega del premio otorgado a este relato, pisé por primera vez la comarca cuando, recién cumplidos los 14 años, pasé mis vacaciones de verano en Aínsa. Desde entonces, he vuelto en muchas ocasiones. Ainsa, Torla, el valle de Pineta, han sido los alojamientos y “centros de operaciones” por tiempo variable, desde días a semanas, pero siempre recorriendo esos lugares que me atraparon desde el primer día que les vi. Fue un amor a primera vista que todavía perdura. El paisaje, con sus montañas agrestes y escarpadas, con sus espectaculares gargantas y valles, me sedujo desde el primer instante. A pesar de pertenecer a una Comunidad Autónoma distinta a la mía, siempre me he sentido como en casa. En cada una de mis visitas, con sólo distinguir la Peña Montañesa, ya siento que estoy llegando a mi hogar de acogida temporal. Así pues, podría decir que la magia del lugar, que se apoderó de mi cuando todavía era un niño, se ha mantenido intacta hasta el día de hoy.

– ¿Cuándo y cómo comenzó tu pasión por la lectura?

– Desde pequeño. Me inicié, como todos los niños, con la lectura de cómics (entonces les llamábamos tebeos), pero muy pronto me aficioné a la lectura de novelas. La primera que recuerdo haber leído fue las aventuras de Tom Sawyer; tendría unos diez años. Pero no fue hasta la adolescencia, con quince o dieciséis años, que la lectura se convirtió en una pasión y Círculo de Lectores fue el vehículo para ello. Como a esa edad no se me permitía firmar ningún tipo de suscripción, mi madre fue mi valedora y socia oficial, aunque,  era yo quien, con mis modestos ahorros, abonaba la cuota por la compra de los libros. Desde entonces adquirí el “vicio” de leer y no puedo estar sin tener un libro en las manos. Prácticamente todos los días de mi vida (salvo casos excepcionales), por la mañana, por la tarde o por la noche, dedico varias horas a la lectura, que ahora alterno con la escritura.

– ¿Ya estás pensando en una nueva novela?

– Todavía no me he atrevido por el género de la novela. Lo mío, por el momento y desde hace unos tres años, es el relato corto, como el que resultó ganador del accésit José Antonio Labordeta y que aquí nos ocupa. El relato, o el cuento, une la brevedad con la intensidad de la narración, debiendo mantener en todo momento el interés del lector, y me siento especialmente cómodo con este estilo narrativo. En 2014 publiqué, en autoedición, como muchos autores noveles, una recopilación de relatos titulada Ahora que ha parado de llover, que sólo se distribuyó, en Amazon, en formato electrónico para ebook. Recientemente, en diciembre de 2016, he publicado, también en Amazon, una segunda recopilación de 55 relatos con el título Irreal como la vida misma tanto en formato en papel como electrónico. Todos mis relatos, más de 150 hasta la fecha, han sido y siguen siendo publicados en mi blog “Retales de una vida” (http://jmretalesdeunavida.blogspot.com.es). Os invito y animo a visitarlo.

– Por último, ¿nos recomiendas un libro para leer?

– Es ésta una cuestión difícil de responder, pues son tantísimos los libros leídos y tantos los que me han dejado huella, que elegir uno resulta muy complicado. Pero haciendo un esfuerzo memorístico, seleccionaré uno de muy grato recuerdo para mí: La catedral del Mar, de Ildefonso Falcones. Es una novela histórica que tiene a la Barcelona de los siglos XIII y XIV como telón de fondo y que muestra la azarosa vida de Arnau, un siervo que huye, con su hijo pequeño en brazos, de los abusos de su señor feudal, refugiándose en la amurallada Ciudad Condal hasta que logra convertirse en un hombre libre. La vida ajetreada y aventurera de los protagonistas y de una ciudad en la que se mezclan nobleza y plebe, riqueza y miseria, gira en torno a un hecho histórico singular: la construcción de la Basílica de Santa María del Mar. En su edificación, costeada por el pueblo, participan los conocidos como “bastaixos”, voluntarios que, en sus horas libres, acarreaban sobre sus espaldas enormes bloques de piedra desde la cantera real, cedida para tal fin por Alfonso III de Aragón, hasta el barrio del Borne donde tenía lugar la construcción. Una novela épica que nada tiene que envidiar a la famosa obra de Ken Follet Los pilares de la tierra.

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