El placer de rascarse la espalda en el suelo

El placer de rascarse la espalda en el suelo

La naturaleza lo tiene todo previsto en su lento evolucionar a lo largo de millones de años. Se puede observar a los mamíferos que conviven de manera más próxima con los humanos, como gatos, perros e incluso caballos, que con relativa frecuencia se rascan la espalda con la ayuda del suelo. Es un modo muy sencillo de eliminar picores y a su vez una excelente terapia para acabar con los dolores de espalda. Todo el mundo sabe hacerlo pues todas las personas cuando eran bebés lo hacían de manera espontánea e instintiva. Ahora de adultos ya no se acuerdan, pero si saben hacerlo.

Es tan sencillo como desplegar en el suelo una manta o una colchoneta fina y bajar lentamente para una vez allí adoptar la postura base de restauración, en decúbito prono (boca arriba) con las piernas flexionadas y las plantas de los pies apoyadas en el suelo. Desde esta postura se elevan las manos, antebrazos y brazos   desplazándolos lentamente para ir explorando la parte alta de la espalda, zona dorsal, que suele estar comprimida y sobrecargada de tensión, gracias al contacto del suelo y a la presión ejercida por el propio peso de los brazos y la gravedad.

Puede explorarse también la zona baja de la espalda (lumbar) elevando una pierna, desplazándola por el aire, flexionándola sobre el abdomen o las dos a la vez, de modo que sea cada persona la que en función de las sensaciones que perciba pueda realizar unas u otras acciones. Puede explorarse la cadena muscular de un lado, elevando y desplazando brazo y pierna del mismo lado, así como hacerlo explorando ambas cadenas a la vez, elevando los brazos y las piernas de un modo libre y lento, buscando en todo momento aliviar los dolores y picores de la espalda.

Cada persona tiene que dejarse orientar por sus propias sensaciones, no teniendo ninguna prisa, sino todo lo contrario, obrando con suma lentitud. Además, tiene que tomarse todo el tiempo del mundo para ir evolucionando poco a poco, sabiendo que mientras hay vida, cualquiera que sea la edad, siempre hay margen para la mejora, para la evolución positiva. Incluso cuando se manejen con soltura ambos brazos y piernas a la vez, puede intentarse desplazar las caderas al mismo tiempo y entonces el proceso se convierte en un festín sensitivo al alcance de cualquiera.

Se trata de un ejercicio muy bueno, barato y sumamente divertido, pero lo mejor de todo es que cada persona se convierte en el mejor guía y maestro, pues es la propia vida la que va señalando el proceso a seguir. Es como volver a la infancia, pero ahora de adulto, teniendo plena consciencia de cada minúscula acción motriz que se realiza. ¡Fantástico!

www.ejercicioybienestar.org

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