Alargar la espalda entre el suelo y la pared

Alargar la espalda entre el suelo y la pared

Resulta necesario entrenarse cada día para alargar la espalda, tanto el espinazo como las dos cadenas posteriores, logrando así descomprimirse, evitando de este modo convertirse con el transcurrir del tiempo en una especie de caracol humano.

Tan solo por el hecho de vivir bajo la presión de la gravedad todos los días perdemos talla, aunque buena parte de esa pérdida se recupera al permanecer de seis a ocho horas al día durmiendo en posición horizontal. Pero la recuperación de talla no es total, siempre existen unas micras que ya no regresan a la vida, a menos que se compensen estas pérdidas con entrenamiento específico para restaurarse y recrecerse.

En la medida que se pasan muchas horas al día de pie o sentado, la comprensión gravitatoria aumenta. Si además, la persona camina una o dos horas al día, aún se comprime más, y si practica habitualmente alguna modalidad deportiva, mucho más. De manera que mientras nos ejercitamos para estar en forma, si no acompañamos esta tarea motriz, excelente para el sistema cardio respiratorio, con un entrenamiento específico para restaurarse, no tan solo los estiramientos de rigor, la persona se irá comprimiendo inexorablemente acumulando por ello graves perjuicios para sus articulaciones.

Uno de los ejercicios recomendados para lograr la necesaria y diaria restauración, consiste en alargar la espalda entre el suelo y la pared. Para ello se sugiere bajar al suelo plegando la espalda muy lentamente, vértebra a vértebra. Un vez en el suelo, se adopta la postura cuadrúpeda, lo que se aprovecha para explorar infinitos modos de liberarse de los nudos musculares, abrir las articulaciones y estirar las diferentes cadenas musculares.

Desde esta postura, una vez el suelo está acondicionado con una colchoneta o una manta, se acercan las nalgas a la pared, se flexionan las piernas y los brazos para disponer el tronco sobre un costado y desde allí se hace una rotación del tronco elevando a la vez las piernas para apoyarlas en la pared.

Dispuesto con la espalda en el suelo y las piernas pegadas a la pared, procurando poner una cuña debajo de la cabeza, tan solo centrando la atención en la respiración lumbar (riñones) unas veces y la dorsal (escápulas) otras, es más que suficiente para lograr una excelente restauración en cinco o diez minutos. Pero una vez se ha adoptado esta posición, restauradora en sí misma, la persona puede desplazar los brazos o las piernas para ir explorando sus efectos benefactores en la espalda.

Lo importante es que cada persona vaya explorando y experimentando qué acciones le producen mejores beneficios a sus características y compensan mejor los efectos perversos del exceso de ejercicio o la exposición incontrolada a la fuerza ejercida por la presión gravitatoria. Lo ideal es que cada persona tome las riendas de su vida y se explore a sí misma para ir elaborando poco a poco el mejor entrenamiento posible para restaurarse y crecer cada día, sintiéndose mejor con el paso del tiempo, y no peor, como suele ser habitual lamentablemente.

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