Graus (Ribagorza).

Santi tiene grabado el momento y la cara del doctor justo en el momento en el que le lo comunicaron la noticia, fue en julio de 2010.  “Santiago, tienes 25 años, eres joven y tienes leucemia… pero dentro de lo malo has tenido suerte y es Leucemia Mieloide Crónica para la cual hay muy buenos tratamientos” le dijeron. “Tras el primer impacto lo primero que pensé fue en que no podía ser… Hacía un tiempo que me encontraba un poco raro, había perdido bastante peso durante los últimos meses pero lo achacaba a la temporada de estudio y al estrés de los exámenes finales. No tenía ni idea de que era leucemia, ¿cómo podía ser que mis propias defensas pudieran atacar mi cuerpo? Gracias al apoyo de mi familia el impacto inicial lo suavizamos bastante, recuerdo que no tenía ni idea de cómo se lo iba a explicar a mi novia Ana, a mis amigos… En la misma consulta el doctor me dijo que debía empezar con el tratamiento lo antes posible y ese mismo día nos pusimos a combatir la enfermedad.

Durante todo el proceso me sentí muy vigilado por los hematólogos del Hospital de Barbastro y por mi hermana María que es enfermera; realmente yo hacía vida normal: seguí estudiando en Lérida, acabé Ingeniería, trabajé de Celador Medioambiental en la Comarca de la Ribagorza. Únicamente estuve tomando medicación y realizándome pruebas y análisis de sangre.

En 2011 la doctora Perella me recomendó que debíamos barajar la opción de un trasplante de médula y que para ello íbamos a hacernos pruebas de compatibilidad entre mi madre y mis hermanos, también se iba a poner en contacto con el banco de sangre y tejidos de Aragón y con la Fundación Josep Carreras.

Todo fue muy rápido, tras una visita al Hospital Miguel Servet y ver que mi madre, mis hermanos no eran compatibles, no me dio tiempo a desanimarme porque a través de la Fundación Josep Carreras me encontraron un donante compatible. Recuerdo el día 13 de febrero de 2012 cuando, acompañado por mi madre y mi hermana, ingresé en la décima planta del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander. Durante los 39 días en los que estuve hospitalizado me dieron tratamiento con quimioterapia durante seis días, me trasfundieron la medula ósea del donante compatible, estuve aislado unos días y poco a poco fue dando buenos resultados. La médula ósea se había implantado en mi cuerpo a la perfección y poco a poco fui encontrándome mejor”.

Respecto al apoyo de la familia Santi está absolutamente convencido de que “es imprescindible estar rodeado de los tuyos, sobre todo en los malos momentos; cuando estás en un momento bajo, los ánimos familiares, sentir que no luchas solo y sentirte querido es en mi opinión tan importante o más que la medicación”. Para todos aquellos que están pasando por una enfermedad como la suya Santi cree que “lo más importante es plantar cara a la enfermedad con mucha fuerza, en los momentos de bajo estado de ánimo y ansiedad es muy importante apoyarte en la familia y amigos, es imprescindible creer y confiar en los profesionales que te tratan e intentar hacer vida lo más normal posible”.

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