Explorar la pelvis en el suelo

Explorar la pelvis en el suelo

La pelvis constituye el caldero o recipiente en donde se alojan las vísceras, constituyendo además el centro energético del cuerpo humano. La pelvis es el centro de la vitalidad, el lugar en donde se gesta la vida, no en vano se ubica allí el aparato digestivo, el aparato reproductivo sexual y el músculo respiratorio por excelencia, el diafragma.

Los tres motores de la vida están ubicados en este centro: el soplo de la vida (oxígeno), el combustible de la vida (nutrientes) y la perpetuidad de la vida (sexualidad); por esto en el ámbito de la cultura física la atención y cuidado de la pelvis ha constituido una necesidad básica desde tiempo inmemorial, actitud imprescindible para lograr una vida de bienestar y confort, especialmente en la sociedad moderna en la que el sedentarismo se ha convertido en un comportamiento mayoritario por el desarrollo de la tecnología y el sector económico de los servicios.

Es necesario que las personas experimenten en su propio cuerpo la importancia y función de la pelvis como centro de su cuerpo y de su vida, por esto conviene entrenarse desde bien joven a sentirla, a amarla y a cuidarla. Un modo confortable y seguro de entrenar y explorar la pelvis es bajar al suelo, y desde allí, adoptar diferentes posturas para realizar las acciones motrices que mayor bienestar generen.

Se sugiere iniciar este proceso desde la postura base de restauración, tendido en decúbito supino (boca arriba) con las piernas flexionadas y las plantas de los pies apoyadas en el suelo. Desde esta postura se puede rotar la pelvis hacia uno y otro lado, elevarla, balancearla, bascularla y cualquier otra acción, siempre con atención plena y lentitud para tratar de sentir y gozar de cada sensación.

Otra postura muy generosa con la pelvis es la cuadrúpeda, apoyando manos o antebrazos, rodillas y pies sobre el suelo. Desde esta postura conviene permitir que sea el propio cuerpo quien se exprese con total libertad sin condicionamiento previo alguno, tal y como hacen los bebés y los cachorros de la mayoría de mamíferos.

Finalmente, se puede adoptar la postura sentada sobre el suelo, para experimentar desde ella un sin fin de acciones motrices que permiten a cada protagonista darse cuenta y redescubrir puntos de su anatomía que tenía olvidados y que le pueden proporcionar sensaciones de bienestar profundo.

Estas exploraciones de la pelvis permiten al protagonista activar y tonificar multitud de inserciones tendinosas de músculos y cadenas musculares que allí fijan sus puntos de anclaje, procedentes de las piernas, la espalda y el abdomen, por lo que su estimulación también implica la fijación de calcio en la pelvis, proceso fisiológico necesario para disfrutar de una vida plena de bienestar y gozo, evitando de este modo accidentes y lesiones que merman la calidad de la vida, especialmente durante la ancianidad. Conviene tener a la pelvis bien entrenada siempre, pero muy especialmente a partir de los cincuenta años, para lograrlo nada mejor que bajar cada día al suelo un ratito. Así de sencillo.

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