Vibrar desde el suelo

Vibrar desde el suelo

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Durante la primavera todo parece despertarse y nuestro cuerpo también, es en esta estación del año cuando mejor se puede sentir la energía que activa la vida, especialmente a través de la tonificación muscular, necesaria para la actividad cotidiana.

Después de un esfuerzo tónico en el que ha estado implicada la musculatura externa o periférica, se requiere una buena recuperación y restauración muscular, para lo que ejercitar la vibración es ideal, de este modo se logra relajar eficazmente esta musculatura que permite desplazarnos, tonificando a su vez la musculatura interna, la que nos sirve de sostén, pues sujeta y articula todo el esqueleto.

Este doble juego de tonificar y vibrar, permite sentirse profunda y gozosamente, además de suponer una ejercitación adaptativa imprescindible para aprovechar con éxito el estallido de luz y color primaveral.

Vibrar desde el suelo es un modo muy seguro de hacerlo para cualquier tipo de persona, dado que el espinazo y la poderosa  musculatura de la espalda permanece yaciendo tranquilamente sobre el suelo, lo que permite una liberación y soltura de las extremidades (brazos y piernas) inusual, de ahí que los procesos de restauración de la vitalidad después de cualquier esfuerzo se activen muy eficazmente con la vibración.

Después de cualquier esfuerzo (caminar, correr, bicicleta…) es aconsejable adoptar la postura de triple restauración (tendido supino en el suelo con las piernas y brazos elevados y estirados, con las palmas de las manos y las plantas de los pies mirando al techo), que en sí misma resulta sumamente beneficiosa, ya que permite abrir y alargar la columna, facilitar la circulación venosa de retorno y liberar de tensión y rigidez piernas y brazos. Pero si a esto se añade la vibración de piernas y brazos desde la pelvis y los hombros, se obtienen unos beneficios inmediatos en forma de descanso y recuperación de la vitalidad.

Es importante que la vibración sea consciente, con atención plena, tratando de emitir sonidos de todo tipo, suspiros y exhalaciones intensas con tal de que también se produzca una vibración desde dentro del organismo. De este modo se entrecruzan dos tipos de ondas vibratorias, de dentro hacia afuera y desde afuera hacia adentro, lo que implica una gran liberación, no solo de tensión articular sino también de tensión mental y emocional.

Es preferible iniciar la vibración muy lentamente hasta percibir que todo el cuerpo se sintoniza con esta frecuencia hasta lograr vibraciones holográficas, de todo el cuerpo a la vez. Cuando esto ocurre el protagonista llega a perder el control directo de la vibración y es el cuerpo quien de un modo autónomo logra activar y modular estas acciones de manera autorregulada. Un buen indicador de que la vibración empieza a surtir efectos positivos es la progresiva relajación de la cara, la distensión del maxilar inferior y la apertura de la boca.

En el momento que el protagonista sienta cansancio o un hormigueo muy acentuado en las yemas de los dedos de las manos y de los pies, conviene detener muy lentamente la vibración y reposar unos minutos en la postura de restauración (tendido supino en el suelo mirando al techo con las piernas flexionadas y las plantas de los pies apoyadas en el suelo) respirando apaciblemente con el diafragma, llenando y vaciando el abdomen como un globo, tratando de sentir la ducha de sensaciones que sigue proporcionando el cuerpo después de cesar la vibración, ya que los fluidos corporales siguen vibrando internamente hasta calmarse por completo después de varios minutos, momentos que si se permanece consciente, en atención plena, pueden proporcionar un frenesí sensitivo maravilloso.

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