Graus vive con hondo recogimiento la Procesión de las Beatas.

Graus vive con hondo recogimiento la Procesión de las Beatas.

La más específica y singular de las manifestaciones de la Semana Santa en Ribagorza es la Procesión de las Beatas o del Farolé, un solemne cortejo procesional que se celebra el Miércoles Santo y que es protagonizado en gran medida por las mujeres, esas beatas a las que alude uno de los nombres de este Vía Crucis en el que se representan diversas escenas vivientes de la Pasión de Cristo.
La procesión estuvo a punto de perderse hace ya un cuarto de siglo. Entonces, la decidida actuación de un grupo de mujeres de la localidad consiguió la creación de algo que por entonces parecía impensable; una cofradía exclusivamente femenina para trabajar en el relanzamiento de esta procesión que agonizaba y para reactivar una Semana Santa entonces en franco declive. La cofradía se llamó de la Magdalena y la Soledad y resultó clave para dar un nuevo impulso a los actos religiosos organizados en estas fechas en Graus.
Veinticinco años después, la Procesión de las Beatas compite con la del Santo Entierro en cuanto a número de seguidores aún cuando este año se ha desarrollado con novedades obligadas por el desprendimiento del acceso al santuario de La Peña, desde dónde sale habitualmente. El recorrido alternativo diseñado ha llevado al concurrido cortejo procesional por un recorrido circular por las principales calles grausinas con salida y llegada a la Plaza de San Miguel. Eso sí, con el titilante e imprescindible acompañamiento de la luz tamizada de unos pequeños faroles que portan los asistentes a esta popular ceremonia. Son los “faroléz”, plural en grausino del “farolé” que da también nombre al cortejo procesional.
«Hasta que comienza la procesión se pasan muchos nervios porque, con el Vía Crucis y las representaciones vivientes, hay que estar al tanto de muchas cosas», reconoce Pilar Puerto, una de las cuatro prioras de la cofradía que, en función de su cargo, este miércoles encabezaban el cortejo. No obstante, todos estos desvelos tienen recompensa porque, como apunta Pilar, «al final sale siempre todo bien». Y eso que, a pesar de la nutrida concurrencia que siempre –y en esta ocasión también- suele acompañar el desarrollo de la procesión, entiende que haría falta «un poco más de participación» todo y que los que acuden «están siempre muy involucrados».
Jesús y su Pasión, los romanos, la Virgen María, María Magdalena, el Cirineo, la Verónica y otros personajes bíblicos personifican esa Pasión, la agonía de Cristo camino del Calvario, que se conmemora en Graus con la compañía imprescindible de la oscuridad y el respeto. «En la provincia no hay una procesión similar por la singularidad de los faroles que invitan especialmente al recogimiento», comenta la priora recordando que antes se la conocía como «la Procesión del Silencio» y que, «es un poco la esencia de la Semana Santa de Graus».
Como manda la tradición –omnipresente en todo momento en la vida grausina- son mayoritariamente las mujeres, acompañadas por muchos niños, las que protagonizan esta procesión pero cada vez son más los hombres que acompañan el cortejo, algo impensable hasta bien entrada la década de los cincuenta del pasado siglo cuando la procesión era coto exclusivo de las féminas ya que, en Graus, la del Viernes Santo lo era de los hombres.
Un cuarto de siglo después de su creación, la cofradía de la Magdalena y la Soledad –la más joven y pujante de entre las grausinas- cuenta con unas 200 asociadas volcadas con el proyecto que originó su creación y que supuso el relanzamiento de las celebraciones de la Semana Santa grausina que entonces corrían un grave riesgo de desaparecer. Esta Cofradía ha aportado el aire fresco necesario para recuperar las tradiciones de este período de recogimiento religioso y ha apostado por ideas novedosas plenamente consolidadas. También se ha dotado de una estructura organizativa muy ágil, al ser dirigida por cuatro prioras que ostentan su cargo por períodos de dos años renovables de forma alternativa para que siempre haya dos prioras veteranas que ayuden en su desempeño a las dos neófitas.

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