Por Ángel Huguet Ascaso

El Taller de Artesanía “El Vivero” cierra hoy  31 de mayo una trayectoria de casi 47 años que comenzó en 1980 por iniciativa de un grupo de amigos que lo pusieron en marcha para niños y niñas de 6 a 14 años. La aceptación superó pronto las expectativas y el local alquilado a la Parroquia de San Francisco se quedó pequeño. A comienzos del curso 2016-17 la Asociación Cultural que preside Felipe Salinas tomó la decisión por falta de recursos para realizar la reforma necesaria para continuar las actividades.

La decisión afecta a 67 niños y niñas y se perderá la única escuela-taller de estas características que había en la provincia, tal vez en Aragón, según indica Balbina Campo que con Pepe Noguero han sido “alma mater” como maestros para alumnos de dos generaciones familiares. “El ciclo ha llegado al final, antes de 50 años, pero la necesidad de renovar las instalaciones es inviable por costos inviables para una asociación modesta como la nuestra que carece de recursos suficientes”, indican.

Tristes por la decisión y satisfechos por los resultados, “han pasado cerca de 4.000 alumnos y alumnas y contribuimos a enseñarles tareas y oficios de artesanía. Es muy doloroso porque hemos dedicado una etapa larga de nuestra vida para disfrutar con la enseñanza de artesanía y pequeños oficios. El trabajo ha sido agradable y también las muestras de cariño y afecto mostradas por padres y alumnos. El Vivero ha sido algo propio de Barbastro”.

Se refieren a las actividades paralelas realizadas en cerca de medio siglo, “demostraciones de artesanía con alumnos en quince localidades, entre ellas Saint Gaudens y Barbastro, asistencia a ferias, exposiciones, colaboraciones, talleres asistenciales para escolares, terapia ocupacional, trabajos especiales y tres libros publicados”. El afán investigador de Balbina y Pepe se refleja en el libro La artesanía textil en el Somontano donde dejan constancia de la importancia que tuvo esta actividad en los pueblos. En realidad “realizamos este trabajo para rescatar del olvido la tradición textil Somontano y todos los conocimientos y técnicas populares transmitidas de generación en generación”.

La Feria de Artesanía ha sido, sin duda, una de las mejores aportaciones desde que en 1984 sacaron “el taller a la calle” en la plaza de San Francisco con forja, telar, torno de madera y barro para realizar demostraciones. A partir de entonces, la muestra creció lo suficiente para ampliar a la Plaza del Mercado antes del traslado al Recinto Ferial donde cobró importancia hasta la consideración de “mejor Feria de Artesanía en Aragón” en colaboración con el Ayuntamiento. Treinta años avalan la gestión cuyo modelo despertó interés en Alquézar (8 años) y colaboraciones puntuales en mercados de artesanía en varias localidades altoaragonesas.

La fabricación de telares propios por iniciativa de Pepe Noguero que se basó en patrones originales de su padre, destaca entre las actividades, “los ocho telares basados en técnicas autóctonas del Somontano se guardan en el almacén, desmontados por piezas y el material del taller es posible que se ceda a dos ONGs con las que estamos en gestiones”. Pepe y Balbina lamentan “la falta de sensibilidad social detectada por el cierre del Taller”.

 

 

 

 

 

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