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El nuevo libro de María Angeles Magallón acerca al lector los misterios de la ciudad romana de Labitolosa

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Ante una muy interesada concurrencia, los arqueólogos José Ángel Asensio y María Ángeles Magallón presentaban hace unos días en la Puebla de Castro el libro ‘La ciudad romana de Labitolosa’, escrito por ambos y por el también arqueólogo Pierre Sillières, que supone una amena introducción en las numerosas líneas de investigación que se han abierto en este último cuarto de siglo tras las campañas de excavaciones que se han venido realizando en el solar que antaño ocupó la urbe desaparecido. El libro ha sido publicado por el Instituto de Estudios Altoaragoneses dentro de la colección Perfil, Guías de Patrimonio Cultural Aragonés, dirigida por Francisco Bolea.
La profesora María Ángeles Magallón, directora de las excavaciones desde la primera campaña en 1991, comenta que el volumen profundiza en la historia de la ciudad y del yacimiento. Y que ha sido concebido para divulgar este importante enclave arqueológico ribagorzano pero también como un documento imprescindible para quien lo visite y quiera conocerlo mejor porque incluye textos, imágenes, planos e incluso la relación de todos los artículos que se han publicado en los más de 25 años de trabajos en Labitolosa.
-PREGUNTA. El libro es un compendio de la investigación que se ha venido realizando este último cuarto de siglo.
-RESPUESTA. Efectivamente. El equipo de excavadores de Labitolosa seguimos trabajando desde 1991 y a lo largo de estos años hemos descubierto bastantes cosas que las materializamos en publicaciones científicas y de divulgación. En este caso, el libro es un trabajo de lo que podríamos llamar “alta divulgación científica” y nos permite dar a conocer en un lenguaje relativamente ameno lo que se ha descubierto en la ciudad romana.
-P. ¿Y qué se ha descubierto en la ciudad romana, qué era Labitolosa?.
-R. Labitolosa es, era, una ciudad romana asentada en el Prepirineo y destinada a explotar y controlar el territorio. Tenía como finalidad asentar población y explotar la agricultura y la ganadería de esta zona. A diferencia de otras ciudades, es de vida efímera ya que dura desde mediados del siglo I antes de la era hasta el siglo III. Es una ciudad que crece mucho y luego, por las circunstancias que sean, se despuebla pero que nos ha legado sus monumentos.
-P. No es tan raro como nos pueda parecer la desaparición de ciudades en esa época.
-R. Ciertamente así es. La arqueología es una ciencia que permite descubrir los vestigios de nuestro pasado y en algunos lugares estos no han sido destruidos totalmente por completo permitiendo el afloramiento de muros y otros elementos en la superficie. En el caso concreto de Labitolosa se produjo un aprovechamiento agrícola de su solar que lo transformó en bancales, algo que debió ocurrir entre el año 1500 y el 1800, lo que destruyó varios de los restos pero permitió preservar otros al enterrarlos lo que, a la postre, nos ha permitido descubrir la ciudad.
-P. Y ha sido un descubrimiento ciertamente espectacular por la calidad de los edificios encontrados.
-R. Realmente es que aquí en La Puebla de Castro se han ido descubriendo restos muy interesantes porque varios de ellos se han conservado muy bien, simplemente porque se encontraban medio metro más debajo de las tierras que se cultivaban. Eso nos ha permitido sacar a la luz un conjunto monumental muy interesante y, además, hace ya quince años las autoridades autonómicas y hoy se puede visitar permitiendo hacernos una idea de cómo eran este tipo de edificios.
-P. Mediante novedosas técnicas informáticas el gran público puede ver cómo eran estos monumentos.
-R. Como en tantas cosas de la vida, estamos en estos momentos pasando de lo real a lo virtual. Gracias a los avances técnicos podemos reproducir y recrear lo que eran los monumentos antiguos. Ciertamente que se corre el riesgo de recrear e inventarnos algunas cosas pero en Labitolosa ese no es el caso; aquí los informáticos que han realizado las reconstrucciones virtuales han seguido fielmente las indicaciones de los arqueólogos y hay una serie de páginas web en las que se puede ver la reconstrucción de la Curia labitolosana o la de las Termas y el espectador puede pasearse por el edificio. Que nadie se llame a engaño, son edificios modestos pero las reconstrucciones nos dan idea de cómo eran los edificios.
-P. El más singular es el conocido como “monumento” en la Curia.
-R. Sí, era un edificio relativamente alto con dos estancias, una pequeña en el acceso y otra más grande que era la sala de reuniones donde se juntaban los miembros de la curia.
-P. Usted es una experta en calzadas romanas. ¿Por dónde podría ir la de Labitolosa?.
-R. Probablemente por el alto de San Roque porque el congosto de Olvena no se abrió hasta los años 60 y la carretera tradicional siempre ha ido por San Roque. Probablemente las gentes que viajaban de Roma a Osca y venían de Tarraco, lo que hacían era venir de la gran vía romana que pasa por Binaced, por Monzón, por Berbegal, por Pertusa… de esta vía surgen ramales de los que el más importante era la vía del Cinca por lo que para llegar a Labitolosa los viajeros subirían por ella hasta el desfiladero de Obarra y lo bordearían más o menos por donde va la carretera de San Roque.
-P. En Roma, como en buena parte de Europa hasta bien avanzado el siglo XX, las fachadas de viviendas y monumentos estaban muy policromadas. ¿Cómo nos podemos hacer una idea de esa gama cromática?.
-R. En algunos lugares, por las circunstancias que sean, se han conservado las pinturas, como por ejemplo en Pompeya. Y ahora los especialistas en pintura romana conocen muy bien las modas y corrientes pictóricas a lo largo de una época que se prolongó durante más de mil años. Se sabe que hubo un momento en que triunfaban las guirnaldas, en otro los pequeños cuadros… Además estamos en un momento en que se ha revelado muy importante, y ofrece notables resultados, la posibilidad de hacer análisis de los pequeños vestigios que quedan de las pinturas entre los restos que se van hallando lo que nos permite reconstruir perfectamente el colorido de viviendas y monumentos. Cabe recordar que las esculturas que ahora vemos blancas por el mármol en que fueron realizas estaban pintadas y los especialistas miran con microscopios todos los resquicios para encontrar pistas sobre el colorido.
-P. ¿Cuándo volveremos a tener excavaciones en Labitolosa?.
-R. Estamos dispuestos a seguir trabajando lo que pasa es que ahora hay escasa dotación para este tipo de actuaciones. Estamos en stand by, esperando que podamos retomar cuanto antes los trabajos de campo. La ciudad romana de Labitolosa ya está bastante bien conocida, aunque todavía puede revelar nuevas sorpresas, pero es importantísimo conocer los vestigios de la fortaleza andalusí que hay en la cima del cerro Calvario que son de interés científico y cultural extraordinario y nos puede ofrecer abundante información sobre el período califal.

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