Preocupación en Ribagorza por la campaña de verano en Barasona

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Un año después de la grave crisis ocasionada en la Baja Ribagorza por el bajísimo nivel del embalse de Barasona y sus nefastas repercusiones económicas, sociales y medioambientales, la zona asiste con gran preocupación a la falta de un compromiso firme sobre la gestión de sus aguas que garantice su utilización armónica.
Lejos de suponer una mejora para las demandas ribagorzanas de una explotación coordinada de Barasona que atendiera a las necesidades de los usuarios del llano y de la montaña, la puesta en marcha del embalse de cola de San Salvador provocó el pasado verano la más catastrófica campaña vivida en el pantano ribagorzano cuyos ínfimos niveles registrados ya a finales de julio provocaron el desabastecimiento de agua de boca de La Puebla de Castro al quedar inutilizada su captación y ocasionaron un serio quebranto al sector turístico y comercial de sus localidades próximas.
La Comarca de La Ribagorza, los ayuntamientos afectados –el propio de La Puebla de Castro y el de Graus por cuyos términos municipales se extiende el embalse- y los empresarios ribagorzanos crearon una Comisión para afrontar la crisis y plantear unas líneas de actuación futura que pasaban por armonizar la utilización de todos los embalses del sistema del Canal de Aragón y Cataluña, garantizar el abastecimiento de La Puebla de Castro desde la captación actual en el pantano ribagorzano y mantener una lámina estable de agua de 45 hectómetros cúbicos en julio y agosto y 35 hectómetros cúbicos en septiembre para garantizar sus usos deportivos y turísticos.
Con estos planteamientos, los ribagorzanos se han reunido en varias ocasiones con representantes del sindicato de riego del Canal de Aragón y Cataluña y de la Confederación Hidrográfica del Ebro sin que se hayan alcanzado acuerdos en firme. «Desgraciadamente, no hay ninguna novedad ni compromiso y es un tema que nos preocupa mucho», confirma el vicepresidente comarcal, Eusebio Echart, recordando que el verano está a la vuelta de la esquina y que la ausencia de compromisos e, incluso, de noticias sobre la explotación de Barasona «genera aquí una gran intranquilidad» porque, recalca, «hay importantes aspectos económicos e, incluso, de imagen del territorio en juego».
Preocupación es también la que sienten los empresarios ribagorzanos. Su presidenta, Marta Balaguer, reconoce que no se ha avanzado nada desde el pasado verano salvo en lo tocante a la navegabilidad del embalse gracias a la construcción de una estación de desinfección que permite combatir la amenaza del mejillón cebra presente en sus aguas. «Estamos rezando para que siga lloviendo y Barasona mantenga unas cotas razonables durante la temporada de verano pero si eso ocurre no será por los regantes ni por la CHE porque no han movido un dedo», denuncia.
También está preocupada la alcaldesa de La Puebla de Castro, Maite Bardají, quien, no obstante, quiere destacar la voluntad conjunta y la colaboración entre instituciones y particulares para que saliera adelante la puesta en marcha la pasada Semana Santa de la estación de desinfección que entiende como «un buen espejo en el que mirarse» para llegar a un acuerdo sobre la gestión de Barasona. «Esperamos que la experiencia del año pasado sirva para que éste no se reproduzcan los problemas porque este embalse también es clave para el desarrollo de este territorio», comenta, apuntando que la captación alternativa de agua para consumo humano en su municipio está «bastante avanzada» pero que los trabajos finales no se podrán llevar a efecto hasta que no baje «algo» el nivel actual del embalse. Aún así, la alcaldesa insiste que la mejor garantía para el suministro de su localidad «es el mantenimiento de una lámina estable en Barasona».
La preocupación que expresan Echart, Balaguer y Bardají se hace extensible a prácticamente todos los agentes sociales y políticos de la Baja Ribagorza. Como apunta el vicepresidente comarcal, el año pasado hubo «agua sobrada en el sistema», ya que los pantanos del Noguera Ribagorzana acabaron la temporada al 50% de su capacidad y San Salvador sobre el 80%, y aún así la situación en Barasona «fue un desastre» y en la actual no se han arbitrado, «al menos de momento», medidas que puedan revertir esta problemática.

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