Entrenamiento diario para mejorar la calidad de vida

Entrenamiento diario para mejorar la calidad de vida

Entrenar supone practicar algún tipo de procedimiento de manera consciente, continua y sistemática para conseguir una aspiración o un logro que resulte especialmente atractivo y significativo para la persona que lo lleva a cabo.

Todos los seres humanos aspiran a mejorar la calidad de sus vidas. Pretenden lograr seguridad, mantener la salud y conseguir sentir en plenitud la dicha de vivir.

Las personas se afanan por buscar estos dones de la vida fuera de sí: estudios, trabajo, negocios, dinero, fama,… pero la auténtica calidad de vida no se encuentra fuera sino dentro de sí, en el interior de cada persona, en sus afectos, articulaciones, creencias, emociones, músculos, pensamientos, órganos y sentires.

No obstante, resulta evidente que se requiere de unos recursos mínimos que permitan disponer de alimentación diaria, vivienda habitable y los bienes imprescindibles para vivir dignamente. Es a partir de estas condiciones básicas que cualquier persona puede ser capaz de sentirse a sí misma de manera consciente y sistemática.

Estar dentro de sí significa conectar y sentir el propio cuerpo, dado que se nace a la vida siendo cuerpo y se abandona la existencia cuando el cuerpo deja de vivir, se muere.

Se vive en sociedad, en grupo, de manera que hay necesidad de relacionarse con los demás y por ello, someterse a múltiples presiones de todo tipo para guardar las apariencias sociales, sin embargo, no todas las personas reaccionan y se comportan socialmente del mismo modo.

De manera que si se tiene la firme convicción y el deseo de vivir bien, de vivirse en plenitud y felicidad, resulta fundamental comenzar a entrenarse diariamente para lograr este maravilloso estado vital, sin necesidad de comportarse de manera descabellada o extraña.

Lo que importa tener en cuenta es que sentirse feliz de vivir cada día no es un fin en sí mismo, sino que se trata de un proceso que desde que se inicia no se detiene jamás, sino que se mejora día a día de manera infinita, aunque sea infinitesimalmente, de modo que desde que se toma la decisión de entrenarse cada día y se lleva a cabo, la vida deja de empeorar y comienza a mejorar, sea cual sea el estado y condición física en el origen del proceso.

El estado inicial del proceso es muy importante. Si una persona tiene muchas dificultades para bajar al suelo y levantarse de manera autónoma, aunque sea muy lentamente y con ayuda o apoyo de una pared o una silla, debido a su aguda e intensa compresión articular que ha ido acumulando a lo largo de muchos años e incluso décadas, no puede pretender restaurarse con un  entrenamiento, sino que inicia un nuevo camino vital que le va a permitir cambiar y mejorar su vida abandonando las prácticas que le ocasionaban la compresión y comenzar a entrenar para restaurarse, lenta pero contantemente.

La receta resulta bien sencilla. Comer y beber lo suficiente, moderadamente, sin excesos; dormir lo necesario, de manera confortable y plácida, finalmente entrenarse cada día para mejorar las condiciones de la vida cotidiana.

¿Cómo entrenarse cada día? Practicando ejercicio físico de carácter sostenible, dado que se trata de una necesidad vital, no de una actividad conveniente o sana, sino de una práctica necesaria como comer o dormir.

Para que el entrenamiento diario y consciente sea de carácter sostenible se requiere:

a) Preparación previa: desanudarse, liberar las articulaciones y tonificarse antes de salir a la calle a caminar o a correr.

b) Que la ejercitación principal sea moderada, sin llegar a superar los límites de la propia fatiga, se trate de caminar, bailar, correr, nadar,  desplazarse en bicicleta o cualquier otra ejercitación. No hay que llegar a superar los propios límites de esfuerzo. Esto lo percibe y sabe cada persona, en cualquier momento y circunstancia, tan solo con prestarse atención, sin pensar, sintiéndose desde los pies a la cabeza. De manera que es preferible no proponerse metas sino situar los objetivos detrás o a merced de las propias sensaciones de fatiga o de bienestar.

c) Después de llevar a cabo la ejercitación principal, se trate de un paseo por la ciudad, de una carrera zen o de una sesión de tai-chi, hay que restaurarse, recuperarse del esfuerzo vital, de la compresión articular o de la fatiga muscular. El modo más sencillo y seguro de hacerlo, es bajar al suelo y tumbarse sobre una alfombra, manta o colchoneta y permanecer en decúbito supino centrándose en la propia respiración, haciendo en ese momento lo que el cuerpo demande y necesite de manera exploratoria, sin pensar, intuitivamente, para que sean las propias sensaciones las que marquen lo que hay que hacer de manera espontánea y natural, durante el tiempo necesario hasta recuperarse y restaurarse.

www.ejercicioybienestar.org

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