Por Lola Gª Casanova

María Jesús Cera vive inmersa en la historia. Su casa es Casa Miguelé de Estadilla desde que la compró su abuelo. Antes era conocida como Casa Latorre. Cuatro plantas de casi 400 metros cuadrados cada una y en la que llegaron a vivir unas 15 personas emparentadas en los pisos en los que se divide la casona. Con un patio (escalera) que impresiona y te hace sentir incómoda vestida con ropas actuales. El entorno te pide que aprendas historia y María Jesús la conoce porque la ha vivido. Como ella comenta “he estado mucho con abuelos”. Ella, que se define como una mujer huérfana de su generación, entre lo que le contaron los mayores de su familia y sus hijos “hay mucho, mucho cambio”. Ella, que siempre habló estadillano en su hogar, lamenta que se esté perdiendo “de mí para abajo son muy pocos los que lo usan de modo cotidiano”.

¡Vaya casa! una preciosidad.

-El patio es la joya, uno de los mejores de Aragón según nos dijo Bizen D´o Rio. Lo malo que cuando hay que hacer reformas al ser privado no hay ayudas… En julio nos la han pedido permiso para hacer microteatro. Aquí nací y aquí me moriré. En mis prioridades primero, y por supuesto, mis hijos y mis nietos y luego la casa. Todo lo demás, hasta yo misma, vamos detrás.

-Y su lengua materna es el estadillano ¿o prefiere llamarlo bajoribagorzano?

-Yo lo llamo estadillano, pero no entro en discusiones de cómo denominarlo. El estadillano se parece más al grausino que a lo hablado en Fonz y, aunque las palabras sean similares, el tono de Fonz es diferente.

En casa siempre lo hemos hablado con mis padres, los abuelos, con mi marido. Ahora me encanta charrar con Victoria, una vecina, de la que aprendo mucho y otras personas de mi edad, pero de mí para abajo, ya no se usa de forma cotidiana. Ea alguna casa sí lo mantienen con las generaciones jóvenes pero ¡fijese! yo he tenido tres hijos sólo habla uno. Nosotros les hablábamos en estadillano y ellos contestaban en español. Creo que la escuela tuvo mucho que ver.

-¿Le gustaría que se estudiase en el colegio?

-Por supuesto, es una gran riqueza y observo que se pierde. Ahora se publican libros, yo me los compro todos y los leo… pero sales a la calle y muy pocos lo hablan. ¿Jóvenes, niños…? Se expresan en español en su inmensa mayoría. El uso oral va a menos.

Hubo una época en la que se considera hablar así se consideraba de paletos, pero eso nunca nos afectó ¡mucho menos a mi marido! porque siempre supimos discernir qué lengua utilizar según con quién hablábamos.

Yo ahora ando recogiendo palabras porque creo que su uso se extingue y las anoto en una libreta.

-Pero sí ha escrito de la vida cotidiana de las mujeres.

-Fue una colaboración puntual con motivo del Día Internacional de la Mujer. Como he dicho, he convivido con muchos abuelos que me explicaban las costumbres, su infancia. Esto marcó mi niñez pero ¡la vida ha cambiado tanto… de vértigo! Yo, como las mujeres de mi generación, somos testigo. Somos la última generación que se desvive por cuidar a sus padres y a sus hijos. Las últimas que vivimos que las mujeres no podían, por ejemplo, ir al bar; abrirse una cuenta en el banco, las pioneras en sacarse el carné de conducir… Actualmente, se requieren más cosas para vivir y observo que tampoco la gente es más feliz que antes.

Pero hay que tener en cuenta que la vida la forman etapas y hay que adaptarse sin aferrarse al pasado, hay que seguir.

-Y cuando falta un mes para san Lorenzo, ¿qué nos cuenta de las fiestas?

-Siempre eran del 9 al 13, hasta que llegaron las vaquillas, sobre 1976 creo, y necesitaban un domingo. Estadilla era un pueblo muy entendido en música y nuestras orquestas eran las mejores casi de toda la provincia. Recuerdo que un año despacharon a los músicos porque no daban la talla, era la Cubana Española… así algunos músicos estaban temerosos de venir a actuar aquí porque se era muy exigente.

Además,  al cumplir 16 años entrabas a formar parte de La Aurora y nadie te preguntaba.

– Su padre era pastelero, ¿cómo vivían esos días?

-Como mi padre era pastelero nosotros no recibíamos en casa porque había mucho trabajo que hacer. Sobre todo con las pastas que se comían en la ronda. Pero las casas se abrían y se invitaba mucho. Yo todavía mantengo la tradición de preparar ponche la víspera de san Lorenzo.

 

1 comentario

  1. La verdad que es una lastima que se pierda. Yo desde que tenia 5 años (ahora tengo 52) no vivo en Estadilla pero es mi lengua materna. No os podeis imaginar lo que siento cuando lo hablo con conocidos fuera de la familia. Es una sensación de hermandad, de cercanía, de complicidad, de identidad, que para disfrutarla hay que vivirlo desde fuera.

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