Por Ana Pascual
Casandra Raluy, de la Asociación Tris Tras!, ha viajado a la ciudad rusa de Kirov para participar en un campo de trabajo durante el mes de julio. Un proyecto que se gestiona desde el Instituto Aragonés de Juventud (IAJ) y que incluía diversas actividades en el bosque de Chimbolasky.

Mucha gente se pregunta qué es exactamente un campo de trabajo

Se trata de una actividad donde un grupo de jóvenes de distintos países se comprometen, de forma desinteresada y voluntaria, a llevar a cabo un proyecto. Desarrollan  actividades de interés social, fomentando los valores de convivencia, tolerancia, solidaridad, participación, aprendizaje e intercambio cultural. En este caso está respaldado por el Gobierno de Aragón, que colabora con diferentes organizaciones, muchas de ellas internacionales.

¿Por qué decidiste participar? 

Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza la idea de colaborar en algún lugar al otro lado del mundo, así que me puse en marcha y comencé a mirar. Aún tengo muy presente el campo de trabajo que organizamos en Monzón en 2014, guardo tan buen recuerdo que esta vez quería ser yo la que participase en uno de ellos. Además era mi última oportunidad porque la edad máxima es de 30 años, así que no podía dejarla pasar. Había múltiples destinos entre los que elegir, pero yo tenía claro que no quería pasar calor así que decidí ir a ¡Rusia! ;). Y en ese país vi justamente que había un campamento con el lema: “SPRINGBOARD: LET´S JUMP TO ACTIVE LIFE”.

¿Qué experiencias has vivido? 

Desde el principio mi reflexión fue: “experiencias diferentes, aventuras para vivir y sonrisas a repartir”. Sinceramente creo que con este tipo de vivencias te reconviertes interiormente, porque te llena muchísimo ver como 70 chavales con nacionalidad rusa -junto a monitores- realizan actividades con apenas recursos. Y se lo pasan genial, tanto que un simple tronco del bosque servía para realizar equilibrios o sentarnos alrededor de la hoguera. De hecho, ni la distancia de miles de kilómetros que me separaba de casa ni la mala climatología, con muchos días pasados por agua, ha impedido que disfrute de él.

¿Qué es lo que más te ha marcado?

La climatología para mí ha sido lo más duro. Los relámpagos y truenos en medio del bosque se asemejaban a una noche de terror. Pero me di cuenta que si los chavales estaban igual de contentos, jugando como si no lloviera, no tenía motivos para ser yo la “miedica”. Así que me hacía la fuerte y seguía jugando con ellos empapada de agua y barro hasta los tobillos. Nunca lo olvidaré… Además la comunicación con la familia y amigos ha sido casi nula puesto que en medio de un bosque solo teníamos un río cerca para coger agua y un generador que producía luz junto con las linternas que llevábamos. En mi caso fue una promesa interior el hecho de estar desconectada completamente de aparatos electrónicos y logré superarlo durante esos días.

¿Cuál es tu balance?

Más que positivo, está claro, ha sido una de las mejores cosas de la vida. Recuerdo la última noche cuando ya te despides y ves a chavales y monitores que con un corazón enorme te dicen todo lo que les has aportado. Y sinceramente, si me pongo a pensarlo, todavía estoy muy sensible a las palabras que me dejaron escritas en pequeños papelitos. Sensible ante los abrazos, los gestos y todo lo que me han llegado a aportar en estos días. Sinceramente no se puede explicar, ¡hay que vivirlo!

¿Qué pretendes conseguir contando tu experiencia? 

Algo muy importante para mí es invitar a que los jóvenes participen en este tipo de iniciativas que se organizan desde el Gobierno de Aragón, ya que muchas veces desconocemos dicha información. Pensamos que el idioma puede ser un hándicap para realizarlo pero no es así, convives con sus costumbres que te aportan y te llenan en tu vida. Son aspectos que realmente muchas veces no se valoran.

¿Volverás?

Esa es la palabra clave que se me quedará guardadita. Qué alegría te aporta que los miembros de la organización te lo pregunten… Pero considero que debo dejar hueco para otras personas que vengan detrás y puedan tener la misma oportunidad que yo he tenido. Ahora simplemente puedo decir ¡GRACIAS! a todos los que me han apoyado.

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