Por Lola Gª Casanova
 Amal, Salama y Ali son los tres niños saharauis que han pasado este verano en el Somontano acogidos por familias que pertenecen a la asociación Alouda. Alí en Enate.  Amal en Barbastro con la familia de David Ballabriga, Belén Cobos y sus hijos Vega y Luca. Y, en Laluenga, Samala con Gloria Azor, su marido Ramón Clavero y sus hijos (aunque estos ya son mayores). Los de Laluenga repiten y los de Barbastro, se estrenan. Todos ellos comparten su bonita experiencia de vivir el verano con una familia más extensa. Ahora ya han regresado al Sáhara, pero unos días antes de su marcha, hablamos con sus familias estivales.

¿Cómo les va con un niño saharaui en casa?

Nosotros somos veteranos en esto de la acogida. Y estamos encantados porque me permite volver a criar. Me gustan mucho los niños y como mis hijos son mayores-explica Gloria Azor-es una gozada. Sabemos que cada niño es diferente, pero nuestra experiencia está resultando muy gratificante. Mi situación-interviene Belén Cobos-difiere de la de Gloria, pues me encuentro en plena crianza. Estamos encantados con Amal, nos hemos adaptado fenomenal. De tenerla en casa, me gusta sobre todo, descubrir cómo ella valora y disfruta de cosas para nosotros tan cotidianas como el agua corriente, la electricidad sin cortes de suministro…

Otra cultura, otras comidas… ¿cómo se lleva?

En general-explica Gloria- podemos decir que ellos guardan mucha distancia entre niños y niñas. ¿Ve? Salama (niño) y Amal (niña) están aquí juntos pero no se relacionan. Con la comida yo procuro no  darle cerdo y respetar sus rezos y la ablución. Sí-intervienen Belén- porque lavarse sobre el parqué, como es mi caso… hay que indicarles dónde hacerlo y cómo. Por lo que respecta a la comida Amal no es nada amiga de las verduras pero porque en el Sahara no comen y te mira como diciendo “¿acaso somos cabras?” Pero fuera de esta anécdota vienen muy bien educados.

Y la salud.

Les llevamos al pediatra para una revisión y ¡son muy pudorosos! Es habitual que presenten parásitos intestinales, pero no los tratamos porque de regreso al Sahara las condiciones del agua y de salubridad van a seguir siendo las mismas. Otro problema cotidiano-comenta Ramón-son los oídos debido a las tormentas de arena del desierto.

Alguno puede pensar que estos niños suponen un gasto adicional: viajes, ropa…

El Gobierno de Aragón se encarga del viaje en avión. En cuento a los trámites cuando Ramón y yo comenzamos sí que debíamos rellenar formularios y hasta pasar por un psicólogo. Ahora se ha simplificado mucho-añade Belén-sólo te exigen el certificado de antecedentes penales y asistir a una charla informativa. Y no es necesario ser socio de Alouda para acoger durante un verano.

En cuanto al vestuario vienen con lo puesto. Y sí, siempre les pones algo para que se lleven a casa pero ¡zapatos no!-exclamam- Les encanta ir descalzos en la piscina, en casa, por las piedras… al principio cuesta pero una acaba acostumbrándose.

¿Y el idioma?

Estos niños son listísimos y aprenden enseguida. Cada niño puede venir un máximo de tres veranos para dar cabida a otros niños. Por ejemplo-señala Belén- Amal es hija de la primera niña saharaui que vino a Aragón y visitamos a la familia de acogida.

Gloria, Ramón ustedes viajaron al Sáhara.

El lugar más inhópito que uno se puede imaginar. No hay nada. Las casas se construyen sobre cualquier terreno, ni nivelan. Todos nuestros niños han venido de Smara, Amal-la niña de Belén-proviene de Dajla. Hay electricidad pero con muchos cortes, el agua de boca cargada de salinidad. Solo hay mujeres, niños y ancianos.Los hombre se encuentran vigilando la frontera y muchos jóvenes emigran a otros países. Ha cambiado algo a mejor, pero …

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