La Mojiganga grausina volvió a contar con el respaldo multitudinario del público

La Mojiganga grausina volvió a contar con el respaldo multitudinario del público

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La Plaza Mayor llena a reventar acogió anoche la representación de una nueva edición de la Mojiganga, un singular espectáculo satírico dramatizado que pone en solfa lo acontecido en los últimos doce meses. El montaje estuvo este año ambientado en la época del reinado de Ramiro I, en la Alta Edad Media, y resultó una representación ágil, divertida y polémica, con utilización de medios audiovisuales y que no dejó indiferente a ninguno de los cientos de espectadores que se dieron cita en la noche de ayer en la Plaza Mayor grausina para seguir su desarrollo. Asuntos como el desafío independentista catalán o, más localmente, el hundimiento del camino de acceso a la basílica de La Peña, el caos circulatorio, los problemas con la escuela infantil, la jubilación de dos destacados hoteleros del pueblo o la falta de locales para que se reúnan los jóvenes del pueblo fueron tratados con ironía y un, saludable, punto de “somarda” que despertó la hilaridad de los asistentes.
La Mojiganga volvió a dejar patente que los festejos grausinos mueven a muchas personas. La gente, su presencia, su aliento, es imprescindible para que todo funcione. Danzantes, rondadores, caballez, furtaperas, cabezudos, gigantes, repatanes, autoridades civiles y religiosas, procesionantes, gaiteros, cantantes de albadas, músicos, actores en la Mojiganga, escopeteros armados de trabucos, hermanos de la cofradía del Santo Cristo y San Vicente Ferrer, concertistas, charangas…; es impresionante la cantidad de gente que actúa físicamente en estas fiestas, que se implica directamente en ellas. Y todos son imprescindibles para el buen desarrollo de los festejos; tanto como los cientos, miles, de convecinos que les arropan en estos días de catarsis colectiva que dan como resultado uno de los acontecimientos festivos más singulares de la geografía española.

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