Consciencia de la vida sensitiva

Consciencia de la vida sensitiva

En la vida todo empieza y todo se acaba con la respiración. Tener consciencia de ella todos los días, aunque se limite a algunos breves momentos, es el modo más sencillo de sentir la propia vida, de darse cuenta del existir, de sentirse no de pensarse.

Cuando se está quieto sin hacer nada, caminando, cocinando o sacando el polvo de los muebles, lo más probable es que la mente no descanse ni un solo momento de generar pensamientos, la mayoría de ellos sin sentido y sin control. Una especie de excrecencia mental que genera mucho ruido y consume mucha energía, que envuelve la vida cotidiana de humo y de niebla que priva la contemplación del fondo del ser de cada persona con la clarividencia y luminosidad necesaria.

Nada más darse cuenta de que un torbellino de pensamientos incontrolables envuelven la vida, conviene aferrarse al inmutable ciclo respiratorio, el constante y regular llenar y vaciar los pulmones de aire, para anclarse a la tierra, el territorio de la vida, para dejar de vagar y volar de pensamiento en pensamiento de inmediato.

Del mismo modo que el ancla sujeta una nave al fondo del mar, a la tierra submarina, la respiración es el ancla que de inmediato hace que nuestra vida aterrice de nuevo en la tierra, en lo real de la vida sensitiva.

La respiración es el principio básico para volver a sentirse vivo, no para pensarse vivo, sino para sentir el palpitar de la vida. Es como volver a la casa, a la propia, la única.

Una vez anclado sobre la tierra firme, puede dirigirse la atención hacia la planta de los pies, la base de sustentación del cuerpo que soporta todo su peso más la columna de presión gravitatoria que se ejerce sobre la cabeza y se distribuye por todo el cuerpo hasta llegar a los pies.

Sentir la cabeza, la cara y la masa interna, el cerebro, es una experiencia sensible fascinante, que otorga mucha tranquilidad y satisfacción. Basta con prestar atención a los labios, pasar suavemente la lengua por ellos para hidratarlos, sentir la humedad de la lengua, su densidad y textura. Poco a poco se van sintiendo las diversas partes, blandas y duras, cóncavas y convexas de la cara, para posteriormente sentir el pelo y el cuero cabelludo.

Cuando el sentir conecta con la masa cerebral es una experiencia inédita y sumamente excitante. Puede aprovecharse esta íntima conexión sensible con la propia vida para tratar de vaciar la masa interna de la cabeza con cada exhalación, hasta tener la sensación de que la cabeza está completamente hueca, vacia.

Sentir la vacuidad de la cabeza resulta una experiencia placentera y tranquilizadora, que puede repetirse siempre que se desee cuando una persona se sienta excitada e intranquila y necesite recuperar la calma para emprender cualquier tarea que requiera alta concentración o simplemente necesite dormir apaciblemente.

Lo realmente atractivo y bello de cualquier experiencia sensible como la que se acaba de relatar, es que resulta sumamente sencilla de aplicar, basta con sentirse en soledad y en disposición de dejar pasar los pensamientos inagotables, escuchar con atención durante unos segundos la propia vida y disponerse a pasar unos minutos tranquilamente, sentado o de pie, quieto.

También se puede tumbar sobre el suelo protegido por una manta o una alfombra en la postura base de restauración, con las piernas semiflexionadas, las plantas de los pies apoyadas en el suelo y una cuña de dos o tres centímetros debajo de la cabeza, aunque existe el riesgo de pasar de la relajación a la postración y de ésta al sueño.

Aunque el sueño puede resultar reparador no es el propósito de este ejercicio, dado que al perder la consciencia se pierde la posibilidad de contemplar con clarividencia y profundidad la propia vida, algo así como ir al cine y perderse la interesante película que se pretendía ver por quedarse dormido.

Tener conciencia de la propia vida sensitiva, la única con la que se puede interactuar, supone un chispazo de luz y bienestar que reconforta a cualquier persona. Tan solo es cuestión de entrenarse cada día un ratito, durante unos segundos, para probar el deleite de sentirse, un auténtico néctar vital al alcance de cualquiera.

www.ejercicioybienestar.org

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