Por Lola Gª Casanova
Nos trasladamos en una espléndida mañana otoñal hasta Lascellas para aprender de su patrimonio, de su historia y el duro golpe que estas pequeñas localidades han sufrido en las últimas décadas con la despoblación. Un mundo, el que conocieron muchos que está en vías de extinción… La asociación San Antón de Lascellas se empeña en mantener vivia la población, lograr mejoras y preservar su memoria y su patrimonio. La preside Mª Jesús Galindo y a mí me hicieron de cicerones Milagros Giral  (socia) y Javier Arnal (vicepresidente). 

La Asociación de Amigos de San Antón de Lascellas nace en 2001 por iniciativa de Luis García Torrecilla, párroco en aquellos años. ¿Qué pretendían?

El origen no es tanto restaurar nuestro patrimonio sino reivindicar. En aquella época, 2001, llévabamos ya unos cuantos años anexionados con Ponzano bajo el mismo ayuntamiento y lo cierto era que, si comparábamos un pueblo con otro,  Lascellas quedaba por detrás. Así que nacimos como un contrapunto, para pedir, para que se nos oyera y como no sabíamos muy bien cómo articularlo el cura nos dio la idea.

Don Luis, el sacerdote,  era un hombre cultísimo  y hay que admirar el sentido de la justicia y las ganas de luchar que aún conservaba a pesar de su edad.

Y comenzaron con la ermita de San Antón.

Se situa a las afueras del pueblo y ofrece unas vistas preciosas. Los 60 fueron años muy duros, con una emigracción masiva y la romería se dejó de celebrar en 1965. Creo-explica Milagros-que Lascellas entró en un hondo letargo. Se recuperó la romería en 1995 y durante unos cinco años celebramos la misa bajo una carrasca porque el templo se encontraba en estado de ruina. Cuando se creó la asociación Lascellas vivió un nuevo impulso. Venían las gentes de Barcelona, de Zaragoza para trabajar en la recuperación de la ermita. Resultó muy hermoso vivir aquello. Se sacó adelante en concejadas y con subvenciones porque, al principio no contábamos, con ningún dinero. Pero fueron años generosos. En 2004, se recuperó también la ermita de san Miguel que desde la Guerra Civil no se usaba para culto y ahora es nuestra sede.

Y, ¿qué hay del agua?

A parte del patrimonio destaca el asunto de la traída de las aguas. Lascellas cuenta con muchos manantiales, pero ahora su calidad se ha deteriorado por la presencia de nitratos. En 1975 llegó el agua a las casas y en 2008 pudimos beber, por fin, agua del Canal del Cinca. Fue un largo proceso.

¿Cuál es la salud de la asociación?

Cuenta con 174 socios. Llegamos a superar los 200 pero la gente se va muriendo. Con una cuota anual de 5 euros vendemos lotería, rifas y pedimos subvenciones para poder realizar mejoras. Estamos pendientes de la instalación de una mesa interpretativa en el mirador de San Antón. Y queremos construir un porche para comer el día de la romería. Ahora lo hacemos bajo la carrasca de Cau, que es de Ponzano, y nos la deja. ¡Parecemos  Obélix y Asterix…  un centenar de personas bajo ese majestuoso árbol!

Pero, en la asociación, se hecha de menos la involucración de la gente joven, de los menores de 40 años… No es una crítica porque lo comprendo bien-aclara Milagros- El pueblo está realmente envejecido, somos muy pocos y, como otros muchos municipios, gusta mucho para fiestas y verano y ya está. Porque la gente no ha nacido aquí y vive en otras poblaciones más grandes y, poco a poco, se van deshaciendo los lazos, los vínculos y aquí quedamos cuatro. Por eso, incido tanto en lo positivo que supuso recuperar esas ermitas, por toda la unión, el esfuerzo y el entusiasmo que se compartió para seguir manteniendo nuestro legado y nuestra historia.

Y en diciembre van a celebrar la Inmaculada, el día grande de Lascellas con la procesión de los descalzos, ¿sale alguien sin  zapatos?

Aún intentamos mantener la tradición. Es el día grande, pero en esta fecha, como en fiestas, la asociación no organizada nada directamente, aunque por supuesto, sí se ayuda en lo que nos piden.

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