Sentir la base de la locomoción

Sentir la base de la locomoción

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El bipedismo ha significado una de las grandes conquistas de la especie humana, lo que ha permitido la visión panorámica, la liberación de las manos, el control del fuego y el desarrollo del cerebro, del lenguaje, de la cultura y de su civilización, sin embargo, desde el plano personal y fisiológico, ha reportado y lo sigue haciendo, molestias y problemas más o menos severos en la espalda de millones de personas.

Actualmente los dolores de espalda representa uno de los principales motivos aducidos para justificar el absentismo laboral, de modo que es un problema importante en la sociedad contemporánea.

El germen de los dolores de espalda, a excepción de aquellos generados por malformaciones congénitas y accidentes, se produce cuando las personas actúan de manera automática y se desentienden de su sentir, de estar en contacto sensitivo con sus pies, sus piernas o sus caderas, abrazándose de manera permanente al torbellino de los pensamientos.

La educación sensitiva está ausente en las familias, en las escuelas y en los medios de comunicación. La mente se ha apoderado de la inmensa mayoría de los vivientes humanos en el siglo XXI. Esta es una situación vital normal para la inmensa mayoría de personas, de modo que no parece en modo alguno una anomalía, sino todo lo contrario, un modo de vivir habitual.

Sin embargo, aunque sea tan solo por higiene mental, conviene practicar de manera cotidiana durante unos breves instantes el anclaje con el sentir, la toma tierra. Sentir el cuerpo, la propia vida, con sus dolores, molestias, pulsiones, tensiones… sentirse a sí mismo, lo que supone con el entrenamiento cotidiano a lo largo del tiempo una sucesión constante, fluida y voluntaria de experiencias sensitivas de bienestar.

Sentir los pies, la base de sustentación del bipedismo humano, con toda su compleja anatomía, sentir las rodillas y la pelvis, además de una experiencia sensitiva fascinante, resulta fácil de aplicar y sumamente necesaria y benefactora si la persona pretende llevar a cabo cualquier tipo de práctica motriz, sea andar, correr o nadar, pongamos por ejemplo.

Es un procedimiento bien sencillo. Puede practicarse de pie o bien sentado en una silla o en el suelo. Se llevan las manos hasta las plantas de los pies, flexionando las piernas si se tiene dificultad para llegar hasta esa zona con facilidad. Se toma aire inhalando y  se desliza la mano acariciando suavemente la piel por la parte interna de la pierna, el muslo y las inglés hasta llegar hasta la cresta iliaca. Desde aquí se empieza a exhalar sacando aire y se deslizan las manos por la zona isquiotibial y exterior del muslo, la parte externa de la rodilla, de la pierna, el tobillo externo y bordeando el exterior de cada pie se finaliza en el dedo meñique. Esta operación puede repetirse tres veces, el doble o el triple, a voluntad.

A continuación se hace el recorrido procediendo del mismo modo, pero en vez de deslizar las manos por la piel para activar esta envoltura del cuerpo, se presiona con las yemas de los dedos para estimular el tejido muscular y tendinoso. Se repite tantas pasadas como veces se haya hecho a nivel epidérmico.

Finalmente se realiza el mismo recorrido pero golpeando suavemente sobre la parte interna al subir e inhalar y la externa al bajar y exhalar, con el fin de estimular la médula ósea.

Una vez realizado el recorrido a nivel superficial y epidérmico primero, presionando sobre los músculos el mismo número de veces después, y finalmente golpeando para estimular el tejido óseo, se permanece durante unos segundos en la misma postura (bípeda o sentada) dejando pasar los pensamientos para prestar atención plena a todo el torrente de sensaciones que desprenden los pies, piernas y pelvis, sin hacer ningún tipo de comparación o evaluación.

Es un procedimiento excelente para recuperar de inmediato las sensaciones en el triángulo de la locomoción cuando se ha permanecido mucho tiempo sentado (conduciendo, en el avión, en el tren, después de meditar…) o de pie (antes o después de caminar o correr), pero sobre todo, para sentirse en plenitud y conocer de primera mano cómo se siente el cuerpo desde la base de la locomoción, un regalo de la vida de coste cero y muy gratificante.

www.ejercicioybienestar.org

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