Sentir el triángulo pélvico

Sentir el triángulo pélvico

La pelvis es el centro de la vitalidad, el lugar en donde se gesta la vida, no en vano se ubica allí el aparato digestivo, el aparato reproductivo sexual y el músculo respiratorio por excelencia, el diafragma.

Los tres motores de la vida están ubicados en el receptáculo que constituye la pelvis: el diafragma es el músculo respiratorio por excelencia y constituye la frontera entre el abdomen y los pulmones, actuando como émbolo para oxigenar la vida de manera natural; el aparato digestivo que con los nutrientes genera el combustible de la vida; y la sexualidad que es la responsable de perpetuar la vida humana sobre el planeta.

En el ámbito de la cultura física la atención y cuidado de la pelvis ha constituido una necesidad básica desde tiempo inmemorial, actitud imprescindible para lograr una vida de bienestar, especialmente en la sociedad moderna en la que el sedentarismo se ha convertido en un comportamiento mayoritario, gracias al desarrollo de la tecnología y el sector económico de los servicios, pero conviene recordar que el ser humano es una manera peculiar de ser vivo y que la naturaleza humana es una forma especial de vida.

Si las personas interesadas en vivir con bienestar logran activar y agilizar la pelvis de manera cotidiana, su centro vital, gran parte del camino hacia el adecuado ajuste postural, el equilibrio emocional y la relativización de arquetipos y prejuicios, estará dispuesto para lograr la adecuada optimización y sentirse cada día un poco mejor.

Para conseguir estos fines resulta necesario que las personas se entrenen cotidianamente para sentir su pelvis, no para pensarla, sino para notar su presencia en cualquier momento que se desee. El entrenamiento es relativamente sencillo. Consiste en tocar el anillo pélvico pasando los dedos por el pubis, trocánter, cresta iliaca y sacro a tres niveles.

El primero a nivel de la piel acariciando, tocando e incluso frotando ese anillo, estimulando los terminales nerviosos. El segundo presionando con las yemas de los dedos estimulando el tejido muscular y tendinoso. El tercero golpeando con las palmas de las manos, para estimular las estructuras óseas.

Después de este sencillo ejercicio basta con cerrar los ojos y sentir un torbellino de sensaciones muy diferentes, según de qué persona se trate, pero todas ellas sumamente benefactoras y gozosas. Una vez se tiene conciencia del anillo pélvico, es el momento de sentir todo aquello que se encuentra alojado dentro de esa caldera o copa de la vida que constituye la pelvis.

Para lo cual basta con dar un suave masaje a nivel de la piel alrededor del abdomen, empezando por el bajo vientre, entre el pubis y el ombligo, continuando por el lado derecho, hígado, el plexo solar, estómago y bajando por el lado izquierdo, bazo páncreas y colon descendente; después presionando con los dedos en el mismo sentido y finalmente golpeando con la mano extendida. Finalizado el proceso, se dedican unos segundos a sentir los efectos del trabajo realizado.

Para acabar se hace el mismo trabajo sobre la zona lumbar, riñones, frotando, presionando y golpeando suavemente.

Calor, bienestar, energía, emoción, paz, tranquilidad y otras muchas sensaciones positivas inundarán durante un buen rato su vida. Es así de fácil.

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