Entrevista con Vicente Ballarín, promotor y director del Museo de la Era de Vicén en Roda de Isábena

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Pocos secretos hay mejor e inexplicablemente guardados que la belleza de Roda de Isábena, uno de los pueblos más bonitos de España que, singularmente, no aparece nunca en ninguna de las listas especializadas. Su sorprendente catedral románica, sus rondas amuralladas, las grandes casonas testigos de una fascinante historia, los pasadizos y rincones ocultos de su peculiar estructura urbana enamoran a primera vista.
Pero Roda es mucho más: su magia trasciende de lo evidente y permite al paseante inquieto experiencias tan sorprendentes como la visita al delicioso museo de la Era de Vicén, uno de esos misterios que encierra esta antigua sede obispal que es el magno empeño de Vicente Ballarín.
No exageramos al decir que nos encontramos ante uno de los espacios expositivos más singulares de Aragón; un recinto que aúna una muy interesante muestra antropológica y etnográfica sobre la vida y los oficios locales con una de las más completas colecciones de maquetas navales y aeronáuticas que se pueden encontrar en nuestro país, posiblemente la más importante en manos privadas.
-PREGUNTA. ¿Cómo surgió este espacio museístico?.
-RESPUESTA. Es el fruto de mi pasión por el maquetismo naval. He estado dedicado desde muy joven a tareas relacionadas con el mar, en Barcelona primero y más tarde en Tánger donde desde 1972 hasta mi jubilación en 2001 presté mis servicios como Director Comercial y Director de Compras de “Líneas Marítimas del Estrecho”. Allí inicié esta afición por las maquetas de barcos que, poco a poco, fueron llenando mi casa y que desde 2009 han encontrado acomodo en mi Roda de Isábena natal. Ese año, mi hermano Carmelo me cedió este espacio físico en la casa familiar que tiene un particular valor para mí y que posee unos elementos arquitectónico-etnológicos -como la construcción de madera en tijera o cercha que fue típica de la zona pero que ha desaparecido de las nuevas técnicas constructivas- que dan una especial prestancia a las colecciones que alberga. Así que me decidí, trasladé hasta aquí mis barcos y otros objetos y puse en marcha este proyecto museístico.
-P. ¿Qué es lo que se puede ver en el Museo de la Era de Vicén?.
-R. En la colección permanente se exponen medio centenar de maquetas de barcos célebres y anónimos realizadas por mí a lo largo del tiempo. Antiguos drakars vikingos, foques, carabelas, barcos de vapor, cruceros de línea, clipers como el célebre Cutty Sark, el buque escuela español Juan Sebastián Elcano, alguna de las impresionantes naves que combatieron en la batalla de Trafalgar como el San Juan Nepomuceno que mandaba el almirante Churruca y la Victory de Nelson, la galera real francesa de Luis XIV o el mismísimo Titanic que, por cierto, me fue solicitado no hace mucho por el Ministerio de Defensa para una exposición antológica en Madrid. Completa esta colección de maquetas navales otra muestra de más de 400 aviones realizada durante más de setenta años por Antonio Lozano Verdaguer, quien me la cedió para su exposición permanente en Roda. Y aún hay una tercera parte expositiva con unas salas que muestran los objetos de la vida laboral y cotidiana de una familia en la Roda del siglo XIX. Todo ello se expone en un recinto de casi 1000 metros cuadrados.
-P. Hay también una colección de nudos y objetos marineros.
-R. No son muchos, los nudos, porque un buen artesano podría llegar hasta 4000 y aquí exponemos unos 600 que, eso sí, están realizados con mucho cariño y pienso que contribuyen a dar una idea más completa de la vida en el mar. Y también hay curiosos elementos de navegación como un antiquísimo astrolabio –una de las joyas de la colección- o de enseres de las tribus del norte de Marruecos.
-P. Comentábamos antes lo de la colección etnológica que no desmerece en absoluto de la exposición de maquetas.
-R. Está expuesta en la planta baja y recupera utensilios de uso cotidiano en una “casa fuerte” de la zona durante, fundamentalmente, los siglos XVIII y XIX con piezas de extrema rareza que pienso que por sí solas merecen una visita a este museo. Es una muestra que he montado con mucho cariño porque supone conservar muchos de los elementos que marcaron la vida en nuestro pueblo y, en concreto, de nuestra casa. Cabe decir que, salvo contadas excepciones, todos los elementos expuestos tienen más de 150 años y provienen de nuestra familia.
-P. Volviendo a las maquetas, ¿hay alguna por la que tenga especial cariño?.
-R. Todas y cada una de las maquetas expuestas tienen su historia, su anécdota, y a todas les tengo mucho cariño. Pero si de alguna estoy especialmente orgulloso por la calidad del trabajo realizado es de la Galera Real de Luis XIV de Francia que es muy compleja y tiene un grado de detalle muy completo. Hay que tener en cuenta que sólo existen otras cuatro o cinco como ésta en todo el mundo, dos de ellas en Italia, y el trabajo que tiene es una locura.
-P. ¿Cómo responden los visitantes ante el museo?.
-R. La gente sale de aquí encantada, bastantes de ellos completamente sorprendidos porque no s esperan algo como lo que se puede contemplar, y muchos visitantes me comentan que si el museo estuviera en otra localidad con mayor afluencia turística sería un reclamo muy importante para los viajeros. De todas formas, poco a poco nos van conociendo más y muchas de las personas que vienen al reclamo de la catedral y de la monumentalidad del pueblo cuando nos conocen se convierten en propagandistas de esta Era de Vicén que estos meses invernales permanece cerrada al público pero que con la llegada de la primavera volverá a abrir sus puertas de nuevo.

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