Por Ángel Huguet
Las bodas de oro en la trayectoria del sacerdote diocesano José María Ferrer Muñoz recuerdan uno de los momentos más importantes de su vida, la Ordenación en el Pontificio Colegio Español de San José, en Roma, el 19 de marzo de 1968. En medio siglo de vida servicial, “el cura Chema” se ha ganado el afecto de los barbastrenses, en general, y de quienes conocen su carisma social y la disposición generosa a la causa diocesana con vocación y humildad “franciscana”.

En su trayectoria ha trabajado con cinco obispos: Damián Iguacen, Ambrosio Echebarría, Juan José Omella, Alfonso Milián y Ángel Pérez con diferentes responsabilidades, entre ellas Medios de Comunicación Social en la etapa actual, con antelación delegado en varias áreas y profesor en el Colegio Seminario. Además, fue párroco en La Almunia de San Juan y Pueyo de Santa Cruz, lleva 32 años de capellán en el convento de las Capuchinas.

El perfil social del “cura Chema” se define enseguida, “cura bonachón” por su carácter y recibe los 50 años de sacerdocio con naturalidad, “no me lo creo pero me lo creo. Aparte, es una mirada hacia atrás sin ningún tipo de nostalgia sino con agradecimiento de vivir más cosas de las que pensaba y de estar con muchas personas. Se me han pasado deprisa pero doy gracias a Dios por la fidelidad en este tiempo de cambios y circunstancias”.

A caballo entre dos siglos, “mi ordenación coincidió con el cambio social, cultural y religioso que se produjo a partir del llamado mayo del 68, muy significativo en la historia, tres años después del Concilio Vaticano II con Juan XXIII a quien conocí. Me parece más complicado ser cura en el siglo XXI que en el XX donde había una aquiescencia de pensamiento, más estable. Hoy día no hay nada quieto y se pone en crisis casi todo por razón, psicología, nihilismo, relativismos, subjetivismos, por lo que sea. Por eso, defender la doctrina estable y firme de la Religión cristiana es más difícil que en la segunda mitad del siglo XX”.

En la misma línea cree “en las grandes intuiciones del Papa Francisco porque sabe hacia dónde tiene que ir la Iglesia y la evangelización. A pesar de que recibe críticas, es un Papa que responde a las necesidades actuales de mirar hacia el futuro”. Chema define su labor diocesana como “una cuestión vocacional, no es un oficio, y se sostiene porque sabemos que es bueno lo que hacemos. A lo mejor por esta edad (73 años) no estamos acomodados a las circunstancias pero nos damos cuenta de que la gente acepta las limitaciones. Consciente de que nuestra voluntad y deseo de servir son incuestionables”.

Forma parte de los “obreros” de una empresa (Barbastro-Monzón) con media de edad de 75 años según el obispo Ángel Pérez, “lo que predicamos vale para todas las edades. El sacerdote hace todo con ilusión y entusiasmo. Es evidente, también, que en otra empresa estaríamos ya tomando el sol”.

La responsabilidad de delegado diocesano de Medios de Comunicación Social implica conocer las estrategias por parte de un buen comunicador “las redes sociales tienen un papel importante para evangelizar en el siglo XXI”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.