LAURA SÁNCHEZ: “La autoridad tiene que ir unida a la paciencia, al cariño y a la constancia”

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Por Ruth Zamora

Con la charla “Cariño y firmeza”, la educadora Laura Sánchez estuvo en Barbastro para hablar a los padres de niños y niñas de 0 a 4 años las claves para criar a niños felices de la mano de la asociación Coef (Centro de Orientación y Estudios de Familia).

– Cariños y firmeza son, pues, dos elementos clave para poder criar a nuestros hijos.

-Creo que es fundamental que vayan de la mano. El ejercicio de la autoridad es una obligación que tenemos como padres, pero también un derecho de nuestros hijos. Y  ejercer la autoridad debe ir íntimamente unido al cariño que sentimos hacia ellos.

-¿Y cómo compaginarlos, cómo se aplica la firmeza?

-Ejercer la autoridad no es hacer un niño sumiso, sino educar la voluntad de nuestros hijos. Queremos que sean obedientes, pero nuestra autoridad debe darles las pautas para actuar con autonomía; que sean capaces de tomar decisiones. Tenemos que transmitirles las consecuencias de las decisiones que ellos toman. Así serán ellos los que actúen libremente, y puedan elegir conociendo las consecuencias.

-Los padres tenemos la sensación de que nos ponen a prueba. ¿Cómo mostramos esa autoridad, que interpretamos muchas veces como castigo y, en ocasiones, físico?

-Y la autoridad tiene que ir unida a la paciencia, al cariño y a la constancia. Cuando un padre agota su paciencia a la primera y dice que no puede más y reacciona, con un grito o un manotazo tiene que ser consciente de que da un ejemplo negativo, lo mismo ocurre en positivo cuando lo que transmite es paciencia y serenidad. Depende de nosotros. ¿Y a qué edad? Desde que llega a casa debemos marcarnos metas alcanzables que les hagan superarse, ese es el momento, así cuando lleguen hitos más costosos, como quitar el chupete o el pañal, se sentirán con confianza para conseguirlo.

-¿Y son conscientes desde tan pequeños?

-De 0 a 3 años es el período sensitivo en el que más capacidad de desarrollo tiene un niño; cuando el cerebro se desarrolla un 60 por ciento. Y es clave, porque lo que le transmitamos en este período va a ser la base del adolescente.

-¿Es adecuado que después de mostrar firmeza, quizás con un grito o un manotazo, le demos un abrazo, le mostremos cariño?

-El niño no se tiene que sentir corregido constantemente, se tiene que sentir atendido, acompañado en este periodo de aprendizaje, y para eso hay que dedicarles tiempo y escucharles. El castigo solo es un medio, no es el fin. Si es necesario aplicar un castigo pero no conseguimos enseñarle cómo hacerlo bien, éste no es eficaz. Los adultos debemos razonar, para que el niño no se apodere de la situación.

Por ejemplo, ante una rabieta, tenemos que transmitirle que nos interesa lo que le pasa, pero que no vamos a ceder. Educamos con la paciencia, pero también con el resto de reacciones que tenemos. Habrá un tira y afloja, porque no pueden comunicarse al cien por cien, el lenguaje a esta edad no es pleno y la forma de transmitir su queja es el llanto, la rabieta.

-Además de la paciencia, ¿qué otras herramientas tenemos?

-En este período sensitivo, intentan llamar nuestra atención y medir quién manda y lo hacen de la forma que saben. ¿Qué tenemos que hacer? Hablarle con calma pero con firmeza; transmitirle que me interesa pero no cedo. Por ejemplo, fuera de casa, es bueno sacarlo del entorno que ha generado la rabieta y, en la medida de lo posible, evitar las situaciones que las provoquen. Los niños en muchas ocasiones se enfadan porque están agotados, porque tienen hambre o rompemos sus rutinas. Y tras una pausa, hay que explicarle que lo que hace de esa manera tiene un efecto nulo y no conduce a nada.

-Esa explicación posterior, ¿son capaces de asimilarla? Muchas veces da la sensación de que para ellos ha pasado y ya está.

-Hay que reconocer las capacidades de los niños, que son más de las que creemos. A estas edades, muchos niños pueden hacer muchísimas cosas solos y, sin embargo, se las damos hechas. Esto hace que ellos se crispen más a menudo. Y cuando les exigimos que empiecen a hacerlas, dicen: “perdona, si esto lo estabas haciendo tú”. Es muy importante hacerles participar con pequeños encargos que cuando los cumplen los llenan de motivación para seguir creciendo. Muchas veces los padres queremos que hagan las cosas por ellos mismos, pero como si fueran adultos y en el tiempo que nosotros las haríamos. Pero ellos están en un período de aprendizaje, démosles el tiempo que necesitan y que se sientan valorados siempre.

Los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos enseñan lo que debemos evitar. Y nosotros también nos equivocamos.

-Se podría resumir en que todo sería más fácil si nos ponemos en el lugar del niño.

-Desde luego, pero ante todo reconociendo sus capacidades, y dejándoles que las exploten al máximo. Tenemos que prepararnos para ser padres, para ser buenos padres. Tenemos que poner normas e ir adaptándolas a cada hijo y a cada edad. Por eso es fundamental marcarse un proyecto familiar común.

 

 

 

 

 

 

 

 

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