El fondo de la primera fotógrafa oscense, Divina Campo, se conservará en la Fototeca de la DPH

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Divina Campo, a la derecha, con Berta Férnandez, diputada de la DPH, y Elisa Sancho, vicepresidenta de la DPH. (Fotografía: Pablo Otín DPH)

Hasta hace unos años se desconocía la existencia de una fotógrafa profesional en la Huesca de los años 50 y hoy Divina Campo, pionera de su tiempo, ha cedido el fondo compuesto por más de 17.000 fotografías. La Vicepresidenta de la Diputación Provincial de Huesca, Elisa Sancho, ha recibido oficialmente este archivo con la firma de un acuerdo que contribuye a llenar un vacío en la fotografía de esa década “y vista con ojos de mujer”, tal como ha destacado Sancho, para quien este archivo deja testimonio del “paisaje más humano y real de la sociedad de mediados del siglo XX”.

 

A sus 86 años y con una simpatía y lucidez enviable, Divina Campo afirma que “ser mujer me abrió muchas puertas, les daba más confianza”, ha reconocido mientras contaba que su afición por la fotografía se despertó mientras ayudaba a sacar adelante el trabajo de revelado en el laboratorio fotográfico que había abierto como negocio familiar en la misma casa en la que vivían en el Coso. Sus primeras imágenes se fechan entonces, en el año 1944, pero el grueso de su producción profesional va desde 1954 hasta 1958 que realizó con las cámaras que hoy también ha traído con objetivo de 50 milímetros.

 

El chófer del camión repostando en el surtidor del Coso, la criada barriendo ante la mirada atenta de la señora, las madres paseando con los niños, el dependiente de la tienda de modas coqueteando con una compañera, un galán de la época posando ante un cartel de cine, escenas domésticas en sombríos interiores de posguerra, grupos de jóvenes paseando por el parque el domingo o niños con caras sucias jugando en una calle del casco histórico… Son algunas de los momentos que captó en la línea de las incipientes estéticas neorrealistas de la fotografía y del cine.

 

Sus encargos eran los habituales de los profesionales de la época como podían ser retratos infantiles o reportajes fotográficos de bodas y comuniones, pero los peculiares planteamientos de Divina Campo a la hora de planificar y desarrollar su trabajo otorgan a sus fotografías, según ha manifestado Elisa Sancho, “una gran singularidad, alejada de cualquier convencionalismo”. Luego pasaron muchos años hasta que los profesionales empezaron a trabajar con la misma libertad que esta mujer mostró en la Huesca de 1950, de ahí que la Vicepresidenta de la DPH haya puesto de relieve su contribución a “una visión igualitaria de la sociedad”.

 

Ha querido tener unas palabras de recuerdo para María Jesús Buil, “quien realmente  nos descubrió a esta fotógrafa en el año 2016 y fue consciente de la importancia de su trabajo y de este fondo”. El hecho de que hasta entonces no se conociera puede deberse a que  la marca comercial que utilizó siguió siendo la de su padre (Fotos M. Campo) su andadura profesional en la ciudad fue breve, entre 1954 y 1958. Después de contraer matrimonio en 1958 y el traslado a Lérida, sus encargos son ya muy ocasionales, dejando de ejercer profesionalmente en 1960.

 

Acompañada hoy de sus hermanos, hijos y de sus nietos entre los que se encuentra una joven estudiante de fotografía, Divina recordaba cómo pasó sus años de juventud en Huesca, estudiando en el colegio Santa Ana y luego en el Instituto de Enseñanza Media Ramón y Cajal. Hija de un altoaragonés de Laspuña y su madre de Lérida donde nació, por avatares de la guerra civil su vida transcurrió entre Lérida, Barcelona y finalmente exilada a Francia, en un campo de refugiados y acogida.

 

Con un gran sentido del humor, ha ido desgranando las anécdotas de sus trabajos como profesional que empezaron con una boda en Alcañiz, “no había estado nunca en ninguna boda y el cura me tenía que ir dando indicaciones”. De los nervios de aquel momento pasa a lo que más elogios recibía que eran los retratos infantiles “porque a todas las madres sus hijos le parecían guapos”, pero también cuenta algún problema que se encontró para mujer, “lo que me costó hacer una boda en la iglesia de San Lorenzo…”. Y así hasta el centenar “entre las que hubo hasta una en la cárcel”, que cubrió con su tarjeta que hoy enseñaba de ‘fotógrafa reporter’ y su número de teléfono de cuatro cifras.

 

También contó con encargos de empresas y entidades con fines más publicitarios comerciales, es el caso de las fotografías de la antigua Sociedad Deportiva Huesca, de establecimientos comerciales como el almacén de galletas Loste o actividades de la sección femenina y de centros educativos como el Instituto Ramón y Cajal. También hizo reportajes relacionados con festividades o eventos como el campeonato de ajedrez en el Círculo Oscense, la inauguración del centro de Acción Católica y puntualmente realizó también reportajes fotográficos de vehículos siniestrados (fotografía pericial). También ha habido tiempo de hablar de sus vivencias a lomos de su ciclomotor con una falda y pantalones bombachos debajo y en unos años donde la ciudad ya era conocida como Huesqueta.

 

El día de hoy ha sacado a la luz la personalidad de una mujer y un fondo que tiene todavía mucho por descubrir. Después de ingresar de manera temporal para proceder a su estudio y de comenzar el tratamiento documental del archivo, en la actualidad ya se cuenta con más de 6.800 fotografías conservadas, digitalizadas y catalogadas.

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