Las lluvias retrasan la trashumancia ganadera

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En un guiño a la histórica vinculación ganadera del certamen, la Feria de Benabarre que se celebra este fin de semana procura siempre presentar diferentes propuestas relacionadas con el mundo de la ganadería. Y entre ellas no puede faltar el paso de unos ganados trashumantes por las calles de la localidad, aprovechando el trasiego de las reses desde los pastos invernales al sur de la provincia hacia los veraniegos en la alta montaña pirenaica.
Los organizadores cuentan con la buena voluntad del ganadero castejonense Alberto Suils que guarda su rebaño en los meses invernales en la zona de Zaidín y que pasa habitualmente por la cabañera bernabarrense siguiendo las antiguas sendas medievales en su trashumancia a la búsqueda de los pastos frescos a estas alturas de una primavera habitualmente ya muy avanzada. Suils procura siempre que, al menos, una punta de su ganado de 1.900 cabezas pueda recorrer las calles de Benabarre durante estas fechas como un homenaje a esa vinculación con el mundo de la ganadería de la Fira mientras cubre las etapas hacia los prados de la alta montaña.
Desgraciadamente, esta tradición no podrá repetirse este año en la histórica villa ribagorzana porque las intensas lluvias de las últimas semanas han retrasado los plazos biológicos y, con ello, los de unos trashumantes que recorren con sus ganados los diferentes territorios provinciales de sur a norte buscando siempre el momento óptimo de los campos en los que las reses pueden forrajear.
Suils se encuentra estos días con sus ovejas en Estopiñán y calcula que no saldrá de aquí antes del 7 de junio por lo que ya ha comunicado a los organizadores de la Fira que le será «imposible» participar esta edición del certamen como lo ha venido haciendo en los últimos años. Su situación no es singular ya que ante la existencia todavía de grandes neveros en la alta montaña, donde empieza ahora a brotar la hierba en los prados que se van quedando libres de nieve, los ganaderos trashumantes están retrasando el inicio del camino hacia la zona alta vivaqueando en pastos de la zona baja y media de la provincia.
El veterinario José Villaba, muy interesado en el tema de la trashumancia clásica, apunta que este tipo de actividad ganadera «está ligada al medio natural al cien por cien» y se tiene que adaptar a los ciclos de la naturaleza que, en esta ocasión, «van muy retrasados». «En los últimos doce meses –explica- todos hemos visto que primero había una sequía muy fuerte, luego unos fríos muy acusados y ahora estas intensas lluvias que prácticamente no dejan aparecer al sol con lo que todo el ciclo vital se ha retrasado; a todos se nos ha hecho muy largo el invierno y los pastores y ganaderos no son ajenos a ello».
Villalba recuerda que a esta situación y a la falta todavía de pastos de alta montaña se le unen otros factores que explican el retraso en el inicio de las rutas trashumantes. «Por si ambas circunstancias no fueran concluyentes, que lo son, hay otros problemas para iniciar la trashumancia ahora empezando por el hecho de que muchos de los caminos están muy embarrados y saturados de agua con lo que ello supone de mayor cansancio para los animales y sus cuidadores y de la posibilidad, certeza más bien, de un sustancial incremento de bajas por heridas, infecciones y enfermedades del ganado», sostiene puntualizando que estas reflexiones hacen referencia a la trashumancia clásica ya que en la actualidad ésta ha quedado reducida a una actividad casi residual porque la mayoría de los desplazamientos del ganado se realizan ahora por transporte carretero.
Algo que confirma el propio Alberto Suils reconociendo que los trashumantes tradicionales «hemos mermado mucho» y que en la actualidad deben quedar en tierras ribagorzanas «unos cinco o seis» ganaderos que mantengan la trashumancia por las cañadas y cabañeras tradicionales porque el resto suben ya sus ganados a la montaña en camión. «Aún así, ni unos ni otros hemos iniciado todavía el viaje porque el tiempo éste no nos va bien a nadie; ya se está pasando».
Suils recuerda que en la ganadería ovina hay un dicho que reza que, “en la oveja, agua por la boca y poca” y que son unos animales que con comida seca «se hace lo que se quiere» pero que con la hierba mojada «es muy difícil hacerlas comer». Otro factor añadido a los inconvenientes generados por los fuertes temporales de las últimas semanas ha sido el daño ocasionado a las propias vías pecuarias de lo que es muy consciente este ganadero, muy preocupado por la situación de varios de los tramos que tendrá que recorrer en breve por el Valle del Isábena en los que ha podido comprobar personalmente que se ha bajado el terreno por efecto de las lluvias.
Este ganadero ribagorzano comenta que en Estopiñán no había visto nunca bajar los barrancos tan fuertes como durante estos días y que ha habido personas del pueblo que le han comentado que han empezado a brotar fuentes que llevaban veinte años secas. «Hay mucha humedad en el ambiente por todas partes, lo que no es muy bueno para los ovejas; ahora lo que hace falta es que el tiempo nos acompañe porque esto ya se hace pesado», sentencia.

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