Ángel Aventín y sus recuerdos del Premio Amapola de Oro obtenido por el folclore grausino hace cincuenta años

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Ha pasado ya medio siglo pero sus protagonistas lo siguen recordando como si hubiera ocurrido ayer. Hace ahora cincuenta años, el Grupo de Dances y Albadas de Graus daba la gran campanada y conseguía el entonces prestigiosísimo premio “Amapola de oro” en el IV Festival Nacional de la Canción de Primavera que se celebraba en la localidad manchega de Alcázar de San Juan.
Allí fueron invitados los grausinos en 1968 y la delegación ribagorzana sorprendió a propios y extraños con una muestra del folclore local que suscitó unánimes elogios. Rememorando esos hechos se están desarrollando diversas actividades conmemorativas y el Museo Casa-Paco acoge una exposición fotográfica alusiva con imágenes de la época.
Ángel Aventín es uno de los integrantes de esa histórica delegación de los Dances y Albadas de Graus que mostró a los principales estudiosos del folclore español del momento que en Aragón no sólo existía la jota.
-PREGUNTA. Espero haberlo introducido bien.
-RESPUESTA. Sí, así fue. A la fase final llegamos diez agrupaciones folclóricas de toda España y el Grupo de Dances y Albadas de Graus nos llevamos el primer premio y la distinción de la “Amapola de oro” en ese IV Festival Nacional de la Canción de Primavera de Alcázar de San Juan.
-P. ¿Cómo fue la presencia y actuación en tierras de Ciudad Real de la agrupación grausina?
-R. El presentador del evento, que era el entonces conocidísimo Jesús Álvarez, padre del actual presentador televisivo, dijo que no sólo se tocaba la gaita en Galicia y Asturias, que también se interpretaba este instrumento en Aragón. Esa fue la presentación que nos hizo y que sirvió para romper el cliché que entonces vinculaba a todo el folclore aragonés con la jota exclusivamente.
-P. ¿Cómo surgió la posibilidad de que fuerais a Alcázar de San Juan?.
-R. Fue una invitación que hicieron al Ayuntamiento de Graus porque había un historiador y costumbrista que se llamaba Arcadio de Larrea que estudiaba los grupos más tradicionales de toda España y se enteró de nuestro folclore grausino. Precisamente, ese año él era el presidente del jurado en el festival alcazareño y personalmente nos envió una invitación para que estuviéramos presentes en el certamen. Curiosamente, él fue también el que nos aconsejó que los danzantes de espadas se pusieran unas bandas sobre la camisa, ya que hasta entonces no era costumbre en Graus el portarlas, y desde entonces se han quedado en su vestimenta característica.
-P. El desplazamiento y la estancia en Alcázar de San Juan debió ser toda una aventura.
-R. Sí. El Ayuntamiento nombró a Enrique Fortuño y a Mariano Pascual como representantes de la delegación que, en el aspecto folclórico, estaba encabezada por Eduardo Palacio, Tonón de Baldomera y Ángel Veguería. Estos dos últimos cantaron sendas albadas que pusieron en pie al público de Alcázar de San Juan porque sonaron de una manera impresionante, tanto que muy pocas veces han llegado a sonar así porque estábamos todos muy concienciados de que había que hacerlo lo mejor posible. Una vez cantadas, con el coro del resto de los asistentes, se bailaron las espadas en un escenario con suelo de madera que retumbaba de una manera especial con nuestras evoluciones. Me acuerdo especialmente de lo acompasado que sonaba el dance en una interpretación que fue una auténtica maravilla.
-P. ¿Cuántas personas marchasteis a Alcázar de San Juan?.
-R. Estábamos cuarenta y tantos entre chicas, que eran seis para el coro, y chicos ya que no se interpretó el baile de las cintas. Marchamos en un autobús e íbamos un poco a la aventura porque no nos imaginábamos que nos iban a recibir tan bien. Además, cuando dieron los premios, empezaron a nombrar a los galardonados desde atrás hacia adelante empezando por el décimo finalista hasta llegar a los tres primeros. Conforme iban subiendo al escenario los nombrados no nos lo creíamos, pensábamos que se habían olvidado de nosotros, y así se hizo oficial el resultado del tercer clasificado, una agrupación de Plasencia, el del segundo, los asturianos de Mieres, y luego, tras mucho suspense por parte del presentador y con los de nuestro grupo pensando que no nos daban nada, soltó aquello de «Primer premio para los Coros y Danzas de Graus». Saltamos todos encima del escenario y nos entregaron la amapola, que paseamos por todo el pueblo hasta llegar al Ayuntamiento y presentarnos con las damas de honor de sus fiestas.
-P. Para conmemorar este galardón, entre otras actividades, en las fiestas de Graus se montó una espectacular carroza con una reproducción a gran escala de la Amapola del premio.
-R. Sí, además colaboré yo en su construcción porque la parte de madera la hizo Ramón Auset y yo cooperé pintando y haciendo lo que se terciaba. El hierro puede ser que lo hiciera Gregorio y el resultado final fue espectacular, quedó muy bien, era una copia exacta del trofeo ganado.
-P. ¿Se guarda documentación de esta efeméride?.
-R. En el Ayuntamiento hay constancia de la aparición en prensa de nuestro paso por Alcázar de San Juan en los periódicos regionales pero también en otros de ámbito nacional como el Ya. Incluso queda constancia de lo que costó el viaje; el consistorio entregó 30.000 pesetas de la época para hacer frente a todos los gastos de desplazamientos, hoteles y comidas y, además, el premio conllevaba una dotación de otras 7.000 pesetas. Comprobadas todas las cuentas de gastos, aún sobraron 1.000 pesetas.
-P. Para recordar estos 50 años del triunfo del folclore grausino, ¿Qué se ha organizado?.
-R. Realizamos hace unos días una muy concurrida charla-coloquio en el Espacio Pirineos con varios de los participantes en el viaje en la que rememoramos nuestras vivencias con la gente de nuestra edad y recordamos la historia de un viaje inolvidable a los grausinos más jóvenes. Y acabado el acto inauguramos en el Museo de Casa Paco una exposición fotográfica, que estará abierta hasta pasadas las fiestas grausinas, con unas cuarenta imágenes que se tomaron entonces en Alcázar de San Juan y en la que no podía faltar el banderín de la Agrupación de Dances y Albadas y el premio físico de la “Amapola de oro” que conservamos con mucho cariño. Para más adelante desarrollaremos otras actividades y creo que el Ayuntamiento también está trabajando en la programación de un pequeño homenaje.

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