Por Lola Gª Casanova
Carmen Jurado andaba cursando segundo de bachillerato en Barbastro y, a la vez, buscaba una beca que la sacara de España una temporada. Un mes, dos meses, tres… Sí tenía claro que su objetivo era subirse a una catapulta que la lanzara mucho más allá de su zona de confort. Y se fue a China. Cambió Barbastro por una ciudad de 15 millones de habitantes. No se libró del uso de mascarillas ante la contaminación del aire. Pasó de cuatro cafés diarios a té y agua caliente (los chinos no beben agua fría). Y ha regresado con un buen nivel de chino y un bagaje personal que no cabe en una entrevista.

-Usted no se conformaba con ir a EE.UU.

-Quería probarme a mí misma en un país absolutamente diferente, buscaba el choque cultural y además aprender idiomas. Mi primera opción fue China; la segunda, Rusia. EE. UU. es diferente pero no por ello dejamos de pertenecemos a la misma cultura occidental.

-¡Y bingo, logró una beca!

-He pasado diez meses en Tianjin, una ciudad de 15 millones de habitantes a media hora de Beijing. Vivía en familia, en el piso 19 de un bloque de 30 plantas con un matrimonio y una hija. Asistía a clases en el instituto chino. Quería entender cómo son los chinos en su día a día.

-Las abuelas ya se están preguntando qué comía usted en China. ¿Comía mal?

-¡Qué va! Me encantaba, pero no me preguntes qué comía porque ni sé los ingredientes, ni cómo se preparaban. Sólo hacía la cena en casa, en familia. Como todo el mundo compraba la comida en los puestos callejeros. Barata y muy rica. Y en diez meses, no vi ni un rollito de primavera.

-¿Qué vida hacía con su familia?

-Los padres trabajaban todos los días de la semana, sin descanso. Yo y mi hermana china, desde las 7.30 a las 17.30, en el instituto. Prestaba atención sólo a las clases de inglés y pasaba el resto del tiempo en mi pupitre leyendo o aprendiendo chino por mi cuenta. Los chinos estudian muchísimo y son muy estrictos.

-Explíqueme, cuánto es muchísimo.

-Estudian incluso en los descansos y los recreos. Su sistema va por listas. Desde que eres muy pequeño ya sabes qué lugar ocupas en el ránking: de tu clase, tu curso, tu escuela, tu distrito… sólo los primeros podrán acceder a las mejores universidades. De hecho, en los institutos forman aulas sólo con los alumnos que destacan y con los profesores más excelentes. No vi a ninguna persona con discapacidad o necesidades especiales ¡y eso que éramos unos tres mil! El fin de semana siguen estudiando. La competitividad es brutal.

-Parece que los jóvenes no socializan mucho.

-Son respetuosos, tímidos y te saludan el primer día, pero poco más. Los extranjeros que vivíamos ahí coincidíamos al afirmar que adolecen de empatía y de habilidades sociales. No tienen tiempo de desarrollarlas. Tampoco en la familia, hay poca conversación y son muy individualistas. Además, los chicos piensan que las muchachas son frágiles y están muy protegidas. La separación por sexos es muy patente.

Con las chicas pasa algo curioso. En el instituto a los alumnos se les prohíbe tener novio, sin embargo, existe una fuerte presión para que las mujeres se casen jóvenes. Si una mujer china a los 30 no se ha casado… se mira raro.

-¿Habló de política?

-Sí. Les preguntábamos si no echaban de menos poder expresarse. En general, nos daban la razón, pero respondían que también estaban bien así. Opino que son muy conformistas en el tema político.

Para ellos Mao es un símbolo y son conscientes de que no todo lo que hizo fue positivo. Hacia el actual presidente, Xijinpin, sí se da el culto al líder.

En el instituto, todos los lunes a las 9.40 asistíamos al izado de bandera y cantábamos el himno. En una estrofa el himno llama a los chinos a ser una nueva muralla china cada uno de ellos. Es una canción bonita del periodo de la guerra civil.

-¿Qué hacía usted en su tiempo libre?

-Me juntaba con los otros estudiantes extranjeros de la ciudad. Sobre todo italianos que era un grupo muy numeroso, pero de otras muchas nacionalidades. Esto me ha servido para dar un impulso a mi inglés oral y tener un montón de amigos repartidos por el mundo.

-¿Qué tal la música en chino?

– Me gusta, también me gusta cómo viste la gente joven. Los cantantes y actores chinos cuentan con un gran apoyo del régimen, pero se puede escuchar a todas las estrellas internacionales.

-Además viajó por el país

-La red de ferrocarriles llega a cualquier rincón del país y tanto el tren, como el avión resultan asequibles y contrasta con lo caro que es viajar al extranjero. En cuanto a la seguridad la mitad oriental es la más recomendable. ¡Las ciudades están llenas de cámaras! Yo conocí parte de la zona centro y sur. El sur es increíble, maravilloso, con unos paisajes de postal. Esos que evocamos al pensar en China.

 

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