Graus vivió este jueves el primero de los días grandes de sus fiestas patronales.

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A pesar de caer entre semana, el primero de los días grandes de las fiestas patronales de Graus –el dedicado a San Vicente Ferrer- volvió a ser ayer un hervidero de gentes volcadas con estos festejos singularmente participativos. Multitud de residentes y de descendientes de la localidad arroparon todos los actos programados en una jornada que supuso de nuevo una enorme comunión festiva para los cientos, miles, de personas que acompañaron el desarrollo de la fiesta y que se hermanaron en una auténtica ceremonia de reafirmación grupal que no tiene parangón en otros festejos aragoneses.
La participativa y muy concurrida procesión en honor de San Vicente Ferrer, la primera actuación de los mozos danzantes en una Plaza Mayor, literalmente, abarrotada o la representación por la noche, también multitudinaria, del espectáculo satírico y burlesco de la Mojiganga –que tuvo este año como hilo conductor la magia, la ilusión, la fantasía y el tiempo de mudanzas políticas y sociales de todo tipo que estamos viviendo en los últimos meses- volvieron un año más a contar con la complicidad entusiasta de un público entregado.
La jornada estuvo marcada por el relativo desplante de los cabezudos en la primera aparición de los danzantes en la Plaza Mayor. Su espectáculo paralelo a la evolución de los mozos danzantes se vio sorpresivamente interrumpido como una muda reivindicación a la importancia con que sus propuestas satíricas enriquecen las evoluciones de aquellos en un gesto que fue motivo de general comentario entre los asistentes.
Luego, se sucedieron numerosas propuestas entre las que destacaron el concurrido concierto en el claustro de la basílica de La Peña de la banda de la Asociación Musical Moteña que acompaña estos días muchos de los actos programados antes de llegar a la citada representación de La Mojiganga que supone siempre una ácida revisión de la vida local en los últimos doce meses y es una de las señas de identidad de estos festejos grausinos, los primeros en Aragón que fueron considerados como de interés turístico nacional por su singularidad.

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