Fiestas de Graus. Día del Santo Cristo

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Después de un par de días de desencuentros, los cabezudos recuperaron ayer un indiscutido protagonismo en el desarrollo del programa festivo de las fiestas patronales de Graus con la escenificación de un kafkiano entierro de los restos de Franco durante la celebración del tradicional dance de la localidad en el segundo de los días grandes de los festejos grausinos.
No es que las evoluciones de los mozos y mozas danzantes quedaran eclipsadas –todo lo contrario, porque el fervor del numeroso público se tradujo en un unánime aplauso- pero el punto muy gamberro de los cabezudos en su recreación del traslado de los restos del “generalísimo” supo captar la atención de los asistentes, muchos de los cuales no alcanzaron a comprender el mensaje último de la escenografía.
No obstante, la atención del público también estuvo mediatizada por la rememoración del traje de los danzantes del baile de las espadas que, cincuenta años después, recuperaban en su indumentaria las corbatas que les acompañaron durante buena parte del siglo XX en un homenaje al premio de la “Espiga de Oro” que premió hace medio siglo al folclore grausino pero que, indirectamente, supuso una modificación en el traje de los danzantes.
La Plaza Mayor congregó de nuevo este viernes a centenares, miles, de espectadores para arropar a danzantes, cabezudos, caballez y gigantes en una ceremonia de hermandad entre el público presente y los actores físicos de los actos programados que singularizan unos festejos especialmente intensos.
El programa festivo se había iniciado bastante antes con la diana floreada despertando a los ciudadanos y había tenido en la procesión del Santo Cristo y la misa posterior otro de los momentos de especial relevancia.
Multitud de personas acompañaron la procesión, abarrotaron luego la iglesia parroquial y se sumaron a la conclusión de la ceremonia religiosa a las otras muchas que esperaban en la Plaza Mayor la actuación de los danzantes y el espectáculo de los cabezudos.
Otro de los momentos álgidos de la jornada fue el de la celebración vespertina de la “Llega” –la rpllega o recogida- que discurrió por las calles grausinas con los cofrades del Santo Cristo solicitando una colaboración para el mantenimiento de las actividades de la cofradía y ofreciendo a cambio el popular “cordoné” trenzado -que, portado en la muñeca como un símbolo de identidad colectiva, distingue a los hijos de Graus- mientras los danzantes interpretan el baile de los palitroques a los sones de la gaita. El canto nocturno de las albadas supuso anoche otro de esos instantes mágicos en unas fiestas repletos de ellos y, para muchos de los hijos de la villa, el momento más emotivo de esta cita festiva.
También hubo un par de conciertos musicales muy concurridos, el de los folcloristas altoaragoneses “Olga y los Ministriles” y el posterior de David Bustamante, para poner el broche de oro a una jornada muy intensa.
Los festejos concluyen hoy con el día dedicado a la comarca de Ribagorza. La entrega de los premios Calibos marcará el momento culminante de esta jornada que verá la cabalgata nocturna fin de fiestas y la quema de un monumental castillo de fuegos artificiales como indeseado colofón de los festejos.
Las grausinas son unas fiestas singulares no tanto por los elementos que los conforman –que de alguna manera pueden darse en otras fiestas celebradas en la geografía aragonesa- sino por la suma de todos ellos en un conjunto armónico y complejo como pocos; en una gran representación en la que los habitantes de la localidad ejercen como gozosos intérpretes de un libreto siempre idéntico y siempre renovado.

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