Los jóvenes agricultores altoaragoneses apuestan por la truficultura

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Acompañado por el técnico especialista Santiago Vieites, con quien delimita los futuros puntos de plantación de los esquejes micorrizados, Héctor Vilas ultima estos días los preparativos para adecuar el campo que acaba de comprar para dedicarlo al cultivo de la trufa negra. Con la icónica estampa de la grausina basílica de La Peña al fondo, este campo de algo más de cinco hectáreas es la “niña de los ojos” de este truficultor de 38 años que esta temporada ha decidido apostar fuerte por la profesión y volcarse exclusivamente en un sector que plantea muchas incertidumbres pero que está aportando un soplo de aire fresco y de perspectivas de futuro a los agricultores jóvenes de la zona.
Pese a su relativa juventud, Héctor no es un novato en este tipo de cultivo en el que empezó a trabajar en 2001 como una forma de complementar -«a futuro», puntualiza- sus ingresos. Y a pesar de unos altibajos más que lógicos habida cuenta de que se trata de una técnica de cultivo totalmente novedosa, su apuesta por la truficultura ha sido tan exitosa que en la actualidad ha decidido dedicarse íntegramente a la profesión e ir ampliando paulatinamente las tierras dedicadas al cultivo de la trufa.
Él es uno de los cincuenta y cinco beneficiarios de treinta municipios diferentes de la provincia del paquete de ayudas que este año ha vuelto a poner a disposición del sector la Diputación de Huesca para establecer nuevas plantaciones y hacer más productivas las existentes. Gracias a ella ha podido embarcarse en la compra del campo en el que está trabajando ahora para adecuarlo a las necesidades de la nueva plantación. «Es un terreno de algo más de cinco hectáreas y he recibido una subvención para plantar con carrascas micorrizadas algo más de una de estas hectáreas, un dinero que me ha venido muy bien para afrontar este proyecto», comenta Vilas quien coincide con Vieites en reconocer y agradecer a la DPH esta línea de ayudas «que nos está permitiendo a un grupo cada vez mayor de agricultores jóvenes a seguir viviendo de la tierra en zonas donde la agricultura está en franca decadencia».
En la actualidad, Héctor trabaja algo más de treinta hectáreas, «contando con las que ahora estoy poniendo en marcha», repartidas en distintas partidas de los alrededores de Graus. «Este es un trabajo vocacional, si no, no te lo puedes plantear porque está lleno de incertidumbres, siempre hay algo nuevo por descubrir», sostiene este truficultor que entiende que todavía no se puede llamar del todo un cultivo a la truficultura «porque cuanto más tiempo pasas en este trabajo, más dudas se te plantean y más complejas son».
Reconoce también que hay que estar «un poco, un mucho, zumbado» para embarcarse en esta profesión porque desde que se empiezan a hacer las inversiones necesarias hasta que éstas empiezan a dar los primeros rendimientos «pueden pasar diez años, algunas veces para comprobar que todo el esfuerzo no ha servido para nada».
Él no se queja porque, como a otros de sus compañeros que estudian seguir sus pasos y dedicarse por completo a la profesión, le ha ido bien en los últimos años y la sensación «de libertad, de búsqueda y de descubrimiento» que le proporciona la truficultura le compensa de posibles sinsabores. Por eso, estos primeros días de otoño se afana con Santiago Vieites en estudiar la mejor manera de ubicar las aproximadamente 1200 plantas que va a tener su nuevo campo y disfruta de todos y cada uno de los momentos que le depara el proceso.
Lo hace también con un cierto optimismo en que la próxima temporada sea mejor que la nefasta de 2017-2018, aunque no lo puede asegurar con total certeza. En este sentido, comenta que «está haciendo mucho calor en las últimas semanas y las lluvias excesivas de primavera y principios de verano tampoco favorecen el crecimiento de las trufas, pero lo más normal es que aparezcan bastantes más y de mejor calidad que las de que pudimos ofrecer la pasada temporada».
Unas previsiones en las que coincide con Vicente Girón, el que ha sido en los últimos dieciséis años presidente de la Asociación de Truficultores y Cultivadores de Trufa de Aragón hasta su reciente renuncia. «Hemos sentado unas bases interesantes para el sector y pienso que es el momento de dar un paso al lado para que se produzca un relevo generacional al frente de la entidad y ofrecer un más que necesario protagonismo a la gente joven», explica Girón. La entidad cuenta en la actualidad con unos 230 asociados, de los que entre el 60 y el 70 por ciento son ribagorzanos, muchos de los cuales son menores de 45 años, un dato más que remarcable habida cuenta del envejecimiento general del sector agrícola.
La provincia de Huesca tiene unas 1.500 hectáreas dedicadas a la truficultura. Para aumentarlas, la DPH destina este año 246.000 euros de la DPH para subvencionar el 80 por ciento de los gastos de las nuevas infraestructuras –unas cincuenta nuevas hectáreas de plantación de árboles micorrizados- o la mejora de las ya existentes. De este programa se beneficiarán más de medio centenar de truficultores de siete comarcas altoaragonesas.
Las subvenciones apoyan las inversiones realizadas para la instalación de cercados en las nuevas parcelas, mientras que en el caso de la mejora de las ya existentes están dirigidas a la instalación de riego, de su distribución en la parcela o a la realización de pozos y otros sistemas de traída de agua o almacenamiento. También se subvencionan los gastos derivados de los trabajos, maquinaria y herramienta propios aportados por el titular de las parcelas. La ayuda de la Diputación es de hasta 20.000 euros por todos los conceptos y se tiene en cuenta la proporción de la superficie de la parcela, a razón de 2.500 euros por hectárea.

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