José Vicente Girón, una vida dedicada a la trufa

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Después de dieciséis años siendo la cara visible de los truferos altoaragoneses como presidente de la Asociación de Truficultores y Recolectores de Trufa de Aragón, José Vicente Girón ha dado un paso al lado y promovido su sucesión al frente de la entidad que, a partir de ahora, está encabezada por el truficultor de Sabiñánigo David Royo.
Royo ha empezado a dirigir una entidad clave para entender el proceso de llegada a la modernidad de un sector que hasta hace no tanto navegaba entre el misterio y el desconocimiento. José Vicente Girón y los fieles colaboradores de los que se ha rodeado durante los últimos dieciséis años han sido capitales para que este proceso se hiciera efectivo, para dar visibilidad y credibilidad a un mundo de la trufa que se había caracterizado hasta entonces por la opacidad, por la falta de transparencia. Y lo han hecho impulsando de paso el cambio total de un sector anclado en la “caza” de la trufa salvaje a uno que apuesta por la truficultura como garantía de estabilidad.
-Pregunta. ¿Cómo ha sido este adiós a la presidencia de la Asociación?.
-Respuesta. Hace ya varios años que venía pensando, y diciendo en las juntas, que había que apostar por nuevas gentes, por nuevas ideas al frente de la entidad. Porque, además, hay un grupo de gente extraordinario, muy bien preparado, con mucha ilusión y que lo van a hacer fenomenalmente para consolidar definitivamente este sector que cada vez es más importante en el mundo rural y, especialmente, en zonas donde la agricultura lo tiene especialmente difícil por la pobreza de los suelos.
-P. ¿Cómo es la nueva junta, ya sin Vicente Girón?.
-R. En sus cargos más representativos está encabezada por el truficultor de Sabiñánigo David Royo, que tiene como vicepresidente a Francisco Llena, de Purroy de la Solana, como secretario a Oriol Torné, de la vecina Peralta de la Sal, y como tesorero a Alfredo Goded, de Pueyo de Marguillén. Hay una mezcla muy compensada de juventud y de veteranía, de personas con ideas innovadoras y muy ilusionantes y de históricos en el mundo de la trufa con unos conocimientos impagables. Y todos ellos unidos por la ilusión, lo que hace que formen un equipo con muchas ganas de trabajar en las líneas que hemos venido desarrollando en los pasados años pero también en otros objetivos más ambiciosos. Además, como vocales han entrado también varios representantes relativamente jóvenes, muy preparados y con una más que notable experiencia en el mundo de la trufa y de la truficultura.
-P. Porque la truficultura es ya no el futuro si no el presente del sector.
-R. Sí. Eso es algo que hemos podido comprobar en los últimos quince o veinte años y que ha sido una constatación no exenta de problemas, de dudas y de miedos pero que es ya una realidad que está aquí para quedarse porque las trufas naturales cada vez van a ser más residuales en la producción global. Y más si queremos garantizar una producción estable con la que satisfacer unas demandas cada vez más crecientes. Y eso se comprueba en la composición de esta nueva junta directiva ya que tres de sus responsables cuentan con plantaciones de más de treinta hectáreas de superficie y los otros no les van a la zaga.
-P. ¿Cómo han sido estos dieciséis años al frente de la Asociación?.
-R. Inolvidables y muy gratificantes porque, además, he estado rodeado de un gran grupo de colaboradores, de amigos, con los que hemos podido ir unidos en una misma dirección. A mí, personalmente, esta singladura me ha parecido un recorrido apasionante porque veníamos prácticamente todos de la “caza” de la trufa natural y de su progresivo agotamiento, y sin experiencia en plantaciones truferas ni en truficultura –que además estaba muy desprestigiada porque habíamos vivido un par de intentos precedentes de ponerla en marcha que habían sido un rotundo fracaso-, con la necesidad de reinventarnos si queríamos seguir viviendo de esto y, si digo la verdad, cuando con mi junta empezamos este proceso a nadie se nos hubiera ocurrido que en la actualidad nos encontraríamos con estos resultados, con tantísima gente interesada en la truficultura y con unos mercados en constante ampliación también en España, que era nuestra gran asignatura pendiente. Tengo que reconocer que no se me han hecho largos estos años, que han pasado en un suspiro por el excelente apoyo que he recibido en todo momento.
-P. Y, ¿cómo ha sido el proceso de consolidación de la truficultura?.
-R. Pues empezamos la andadura de la Asociación con el corazón encogido, literalmente, por esa apuesta por una truficultura que había fracasado estrepitosamente con anterioridad. Pero la cosa fue evolucionando muy positivamente; encontramos el decidido apoyo de la administración, en especial de la DPH, contamos con el lujo del Centro de Experimentación e Investigación de Truficultura que se instaló en Graus y, aunque en estos años ha habido éxitos y fracasos, ahora mismo nos encontramos con un sector ilusionado y, es algo que no me canso de repetir porque además me llena de orgullo, con personas muy preparadas técnicamente. Y en el plano físico, los datos cantan: hemos pasado de las 120 hectáreas plantadas en 2002 a las más de 1500 que existen en la actualidad en el Alto Aragón, a las 220 familias que, directamente o de forma complementaria, viven de la trufa y a ese citado apoyo firme de las administraciones. Claro que todavía tenemos un largo camino por recorrer, necesitamos aprender muchísimo sobre unas técnicas que aún están en mantillas, y existen más que evidentes asignaturas pendientes como la consolidación y ampliación de las hectáreas plantadas y la garantía de una producción estable que permita afrontar otros retos como el de la comercialización propia que es lo que aporta un valor añadido a un producto que ahora tiene más demanda que oferta.
-P. ¿Cuál es ahora la realidad del sector?.
-R. Pues en la actualidad se han sentado, yo creo que de forma bastante consolidada, las bases de un sector cada vez más conocido, trasparente y competitivo que, vuelvo a insistir, genera ocupación en tierras desfavorecidas o de mala calidad para otras tareas agrícolas con lo que ello conlleva de generación de recursos en zonas que de otra forma se verían abocadas a una despoblación todavía más brutal de la que vienen padeciendo en la actualidad.

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