Seira conmemora el centenario de la construcción de su central eléctrica

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El director general de Energía y Minas del Gobierno de Aragón, Alfonso Gómez, y el vicepresidente de Acciona, Juan Ignacio Entrecanales presidirán el próximo miércoles los actos organizados en la localidad ribagorzana de Seira para conmemorar el centenario de la puesta en marcha de la monumental central hidroeléctrica de la localidad que aprovecha las aguas del río Ésera.
Entre otros actos, la jornada incluirá un homenaje a varios descendientes de las personas que participaron activamente en el durísimo proceso constructivo de la central –un hito del desarrollo del Alto Aragón y una descomunal obra de ingeniería en un territorio entonces inhóspito y con pésimas vías de comunicación- y a los empleados de la misma durante estos cien años, en las personas de tres de ellos con más de cuarenta años de servicio en las sucesivas empresas que han explotado estas instalaciones que fueron claves en su momento para atender la demanda eléctrica de Barcelona y su cinturón industrial y que todavía hoy, integradas ahora en la empresa Acciona, generan una importante producción eléctrica.
La construcción de esta central de Seira supuso a comienzos del pasado siglo XX la puesta en marcha del proyecto eléctrico más ambicioso hasta entonces de cuantos se habían ejecutado en España y la realización de una obra pionera en Europa ya que sólo contaba con algunos precedentes similares en Estados Unidos. No obstante, el inicio de la Primera Guerra Mundial –que impidió o dificultó sobremanera la llegada de materiales que procedían de las naciones en conflicto-, las dificultades financieras de los promotores, agravadas por el cierre del crédito internacional, y la propia complejidad de la obra en un valle con extremas dificultades orográficas gravitaron sobre unos trabajos que estuvieron a punto de paralizarse en varias ocasiones.
La necesidad de mano de obra para el proyecto, que llegó a superar los 2.300 trabajadores provenientes de diferentes puntos de España, propició la creación de un nuevo núcleo poblacional frente a la localidad original de Seira, en la margen izquierda del Ésera –denominada entonces La Colonia-que ha pervivido hasta nuestros días y de la que se conservan algunas construcciones originales. Allí emergieron edificaciones destinadas a viviendas para ingenieros, encargados y trabajadores, escuela, casa-habitación para la maestra, economato, panadería, hospital, club social –que todavía sigue abierto- aserradero, oficina de correos, capilla y almacenes, entre otros usos.
Las obras incluyeron complejas labores de ingeniería civil, tales como la excavación de un túnel de ocho kilómetros para conducir el agua hasta la central; la instalación de dos centrales eléctricas auxiliares para el servicio de los compresores de perforación y otros equipos; el tendido de cuatro kilómetros de vía para superar el estrecho congosto de Ventanillo, o el tendido de una línea telefónica directa de 262 kilómetros de Barcelona a Seira.
Especial relevancia tuvo, por su dificultad, la instalación o hinca de “cajones” o cámaras de trabajo construidas en hormigón y situadas bajo la cota del río, que se inyectaban con aire comprimido para evitar que el agua penetrase y permitir la labor de los obreros en su interior. Fueron unos veinte los cajones que se utilizaron para cimentar la presa de Villanova, desde donde se deriva el agua que alimenta la central. También fue un gran logro el tendido de dos tuberías de presión paralelas, construidas en acero, de dos metros de diámetro y 1.300 metros de longitud, para llevar el agua monte abajo desde el depósito regulador hasta la central de Seira, con un desnivel de 146 metros.
El material llegaba principalmente a la estación ferroviaria de Barbastro, a 76 kilómetros, desde donde era trasladado hasta Seira por reatas de mulas, de las que se llegaron a reunir más de 300 animales en total.
A pesar de todas las dificultades, el complejo hidroeléctrico tampoco escapó a la gran epidemia de gripe de 1918, los centenares de trabajadores que llegaron a este rincón del Pirineo sacaron adelante un proyecto faraónico que también sobrevivió durante la Guerra Civil a los bombardeos de la Legión Cóndor alemana en 1937 y 1938, que todavía hoy asombra a especialistas y legos y que tiene su exponente máximo en las monumentales instalaciones de la central hidroeléctrica, al pie de la carretera N-260. El edificio, construido entre 1914 y 1918, tiene reminiscencias en su estructura de las basílicas medievales y una ornamentación de inspiración modernista perfectamente preservada. En su interior responde al modelo de fábrica en nave con un gran espacio en planta rectangular delimitado por unos altos muros abiertos con grandes vanos uniformemente dispuestos.
La central ha sufrido escasas modificaciones a lo largo de estos cien años tanto en su estructura como en su maquinaria con las enormes turbinas plenamente operativas un siglo después de su instalación, lo que permite al visitante un didáctico recorrido por los usos y maneras industriales de comienzos del siglo XX. El complejo hidroeléctrico de Seira se completa con diferentes dependencias anexas que albergaban los talleres y oficinas necesarios para el control de esta central cuya puesta en marcha permitió en su momento contar con el tendido más largo existente en Europa.
Los actos conmemorativos de este miércoles se suman a los que han venido programando desde el pasado verano los vecinos de la localidad, a través de la activa Asociación de Amigos de Seira, y el propio consistorio. Conferencias, charlas y visitas a la central han sido algunas de las concurridas propuestas culminadas el pasado mes de agosto con el simbólico acto de descubrimiento de una placa que recuerda el centenario de la construcción de la monumental central hidroeléctrica que hace ahora cien años cambió la historia de esta localidad ribagorzana.

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