JOSÉ Mª CABRERO: Un cura servicial en el medio rural

0
608
José Mª Cabrero. Foto de Ángel Huguet.

TEXTO Y FOTO: Ángel Huguet Ascaso

José María Cabrero es una autoridad social muy reconocida entre los vecinos -sean feligreses o no- de la amplia demarcación diocesana a quienes presta servicios desde que se incorporó a su labor pastoral en la zona que incluye cerca de 30 localidades entre comarcas de Somontano y Sobrarbe. El cura Cabrero dicen que consulta muchas cosas a Dios con el que tiene sobrada confianza “oye, Señor, ¿tú sabes de que va esta movida?”… lo hizo el día que celebró 70 años con 625 vecinos, por sorpresa, en el santuario de Dulcis.

De nuevo le consultó -por lo visto- con motivo de los Alto Aragoneses del Año cuando recibió la Pajarita de Plata en Huesca con el aval de miles de personas que participaron en la convocatoria anual de Diario del Alto Aragón. Miles de papeletas de apoyo fueron como un barómetro social para el párroco Cabrero.

Es posible que repitiera consulta celestial hace poco cuando se enteró de que el Ayuntamiento de Aínsa le reconocía con la “Cruz del Sobrarbe” en el mismo acto que la recibirán Joaquín Cazcarra y Cristina Zueras, propietarios del Refugio de Viadós, en el Valle de Gistaín, lugar de muchas historias para contar, entre ellas de los campamento de Virgen Blanca y de Montañeros de Aragón.

“Hombre, claro que estoy contento porque, como persona, se reconoce la labor del sacerdote en el medio rural donde aún es válida en estos tiempos que vivimos y porque es la presencia de la Iglesia en muchos pueblos, por pequeños que sean, algunos casi deshabitados. El reconocimiento no ha sido para el párroco sino a quienes representa, a veces es suficiente con estar con ellos y darles gracias porque de las cosas pequeñas sabemos hacer otras grandes”, explica en clave de confianza personal.

Se involucra con vecinos de pueblos y aldeas distribuidas entre Alquézar, Radiquero -les regaló una campana- Buera y San Pelegrín donde lleva más de 40 años, Asque, Colungo y quince localidades del Sobrarbe donde su presencia es habitual, “para el cura es una satisfacción porque significa que el servicio pastoral es del agrado y estamos a gusto. La Iglesia de mi entorno va desde la capilla recóndita de San Martín, en Lecina, hasta la colegiata de Alquézar y las iglesias de cada pueblo”.

Recuerda y tiene muy presente la frase que le dijo el oscense José María Javierre (Lanaja) en su primera misa, “has sido elegido del pueblo y tienes que volver al pueblo” en referencia a su localidad natal, Siétamo. Cabrero encarna el espíritu propio del cura rural, de vida generosa y sacrificada que se desvive por todos, dotado de cualidades como cercanía, proximidad y trabajo abnegado, entre otras. Una muestra de su carisma, entre otras, es la costumbre anual de celebrar Navidad en la aldea de Las Bellostas donde comparte mesa con los cuatro vecinos residentes.

Se considera “un siervo agradecido y orgulloso de ser sacerdote, párroco y servidor de Dios. El cura siempre estará presente en los pueblos mientras haya gente, en su mayoría con media de edad alta pero te acogen tan bien que favorecen la labor”. Nada de extraña tiene la anécdota que recuerda con humor “en sueños conté a San Pedro, buenas, soy el cura de Alquézar que he venido al cielo… y la respuesta, “¿para qué quieres entrar si tienes mejor paraíso terrenal abajo?”…

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.