Por Lola Gª Casanova

Ha recorrido Los Monegros y muchos otros lugares hablando de emprendimiento, de su pasión por vivir en un pueblo. Un rostro conocido que ahora sigue sumando kilómetros junto a su yayo Miguel y a su compañero, José Luis Supervía, como escritora y como cantante. Ana Marcén, de Leciñena, nos presenta su último disco “Conectando”.

Ha elegido vivir en Leciñena y por ello nació el negocio familiar Ecomonegros 03. Vivir aquí no le impide llevar a cabo lo que dicta su corazón. Está conectando consigo misma y quiere ser y mostrarse tal cual es. Su música se puede disfrutar en Youtube (Ana Marcén), y seguir sus pasos en Facebook e Instagram.

 

-Actuaron hace unas fechas en Castelflorite y se lió…

-Fuimos mi yayo Miguel, con su poesía y sus ocurrencias; José Luis, con su guitarra y yo con mi voz. Mi yayo les hizo reír y yo les cantaba. Todos disfrutamos muchísimo. Por mi abuelo, con 89 años y unas ganas de vivir envidiables, tendríamos “bolos” cada semana.

-Su abuelo, además, protagoniza un libro que usted firma.

-Se trataba de un proyecto familiar para que mi hija conociera más a fondo a sus bisabuelos maternos. Iba a ser íntimo, pero algunos amigos pidieron ejemplares y acabamos editándolo. “El que tuvo retuvo y guardó para la vejez” ha obtenido una buena acogida. Lo hemos presentado en unos cuantos sitios. Y suma y sigue.

-Hace poco ha finalizado la grabación de su tercer disco “Conectando”.

-Llevamos desde diciembre metidos en el estudio, grabando sin límites. El resultado es un pedazo de nuestra alma. Se trata de un disco en el que profundizo en quién soy yo y, como sucedió con el libro, no me lo guardo y lo doy a conocer. Ahora empiezo a arriesgar.

-Pero usted arriesgó ya desde muy joven cuando puso en marcha EcoMonegos 03.

-El negocio consistía en un proyecto familiar, de conjunto y este proyecto es más personal.

Ahora, de alguna manera, quiero mostrar esta parte de mi vida, sin restricciones. Es parte de mi terapia.

-¿Contenta?

-Mucho. Me encanta. Es el mejor disco que he grabado.

-Su interés por la música no es nuevo.

-En 2002, durante los años de carrera en Zaragoza, junto a una amiga formamos “El no de las niñas” y grabamos “Preguntar por Ana”. Nos empezaron a llamar de un sitio y otro y mi compañera dijo que se bajaba del tren. Al acabar la Universidad estaba tan saturada de libros que entré en una orquesta. Quería vivir experiencias. Luego perdí la voz y tras dos operaciones de cuerdas vocales, regresé al estudio de grabación con “Hacia el interior”, en 2016.

-Veo en su biografía que estudió Clásicas.

-Lo decidí a última hora. Y mi madre me dijo “esto va a marcar toda tu vida”. “Bueno, si acaso 5 años”, dije yo. Y en parte lo marcó porque estudiar a los clásicos, transformó mi pensamiento. Allí aprendí la teoría. Entre la orquesta y la empresa, la práctica. Monté EcoMonegos porque quería quedarme en el pueblo y pensé en la transformación agrícola porque es un proyecto a largo plazo y sostenible. Como dijo Cicerón “la agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la más digna para todo hombre libre”. Y yo quería ser todo eso. Si uno quiere de verdad vivir en un pueblo hará lo que haga falta. Si no, encontrará mil excusas para irse.

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