Los escolares grausinos reciben el papelón

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Escolares grausinos recibiendo el papelón (Foto: Angel Gayúbar)

La nueva alcaldesa grausina, la socialista Gema Betorz, y varios de los concejales del consistorio –algunos de ellos estrenando el cargo y noveles en estas lides- han disfrutado esta mañana de la magia del “Papelón”, la singular costumbre grausina que reconoce el esfuerzo de los escolares de la localidad durante el curso lectivo con un dulce presente en forma de un voluminoso y sabroso envoltorio repleto de galletas y chucherías.
Es una de las más queridas –y más mágicas y singulares- de las tradiciones que se conservan en una población que tiene un especial apego a su legado patrimonial y que preserva como pocas en Aragón las costumbres de sus mayores.
En este caso, la tradición del papelón se remonta al primer tercio del pasado siglo, cuando se empezó a repartir un atadijo repleto de deliciosas galletas entre los estudiantes más jóvenes como una manera de agradecerles su desempeño durante el curso escolar. Y fue especialmente importante tras la guerra civil, en las décadas de los cuarenta, los cincuenta y los sesenta, cuando las pastas y dulces que encerraba el envoltorio suponían un gran regalo para los más pequeños por la escasa disponibilidad que había de ellos en la España de entonces.
Luego, los dulces han sido ya habituales en las dietas españolas, pero, aún así, el papelón sigue manteniendo su aura mágica entre los grausinos más jóvenes que hacen de este día una de las jornadas más inolvidables de toda su etapa escolar.
Como viene ocurriendo en los últimos años, los representantes municipales abrían la jornada “papelonera” en la Escuela Infantil “Ninins” para entregar a sus alumnos los primeros papelones que jalonarán su andadura académica en la Educación Infantil y Primaria. Posteriormente se han dirigido a las instalaciones del Centro Deportivo para compartir con los escolares de Colegio Público “Joaquín Costa” su fiesta de fin de curso y la posterior ceremonia de entrega del papelón siempre plena de magia que certifica definitivamente el comienzo de las vacaciones veraniegas.
Cabe recordar que a pesar de que su valor intangible -por lo que tiene de ilusión de quien lo entrega y quien lo recibe- es incalculable, materialmente los papelones cuestan unos 6 euros que salen –«gozosamente», apuntan los responsables municipales- de las arcas del consistorio aunque durante muchas décadas se sufragaron gracias al legado de una familia de la localidad.

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