José Manuel Buetas ilumina la basílica de La Peña con un espectacular vitral

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José manuel Buetas ante su vidriera instalada en la basílica de La Peña (Foto: Angel Gayúbar)

El gran ventanal que cierra la fachada sur de la grausina Basílica de La Peña e ilumina la zona del coro del templo luce orgulloso desde hace unos días un espectacular, vitral votivo realizado y donado por el artista local José Manuel Buetas quien ya había dado públicas muestras de su excelencia artística y de su generosidad con, entre otras actuaciones, el regalo a la iglesia parroquial de otro monumental vitral dedicado a San Miguel Arcángel.
Muy y elogiosamente comentada, su última obra es un estallido de color y un recordatorio permanente de esa especial comunión que existe entre los grausinos y su basílica mariana, simbolizada aquí con el escudo de Graus ofertando al búcaro de azucenas –la flor por antonomasia de María- iluminado por el Espíritu Santo la devoción de los hijos de la villa.
-PREGUNTA. ¿Cómo y por qué surgió este proyecto?.
-RESPUESTA. A mí me hacía muchísima ilusión poder ofrecer un regalo a los grausinos y a las gentes del resto de la comarca por el respaldo que siempre me dieron en mi desempeño laboral y poder colocarlo en un edificio con tanto valor simbólico, religiosos y espiritual para todos los ribagorzanos como es la Basílica de La Peña. De hecho, ya hace casi quince años que vengo barajando varios proyectos relacionados con este espacio, alentado en un primer momento por Ramón Subías y luego por otras personas de la Asociación de Amigos de La Peña. Diversos problemas, de salud, de agenda, de trabajo… me impidieron poder concretarlo antes pero el desencadenante último fue la invitación del actual presidente de la Asociación, Antonio Baldellou, para que participara en las Jornadas Culturales que promueve la entidad hablando de vitrales. Decidí entonces recuperar la idea de construir un vitral para esta basílica, se lo comenté al párroco y a las personas vinculadas con el mantenimiento del templo y, desde el primer momento, he sentido el apoyo de todos ellos.
-P. ¿Qué has querido representar con el vitral?.
-R. Dices bien; vitral, que no vidriera ya que éste es un término erróneo para referirse a este tipo de obras. La obra presenta una superficie de unos tres metros y medio de alto por medio metro de ancho y tiene como motivo central un búcaro de azucenas, en alusión a la Virgen María patrona del templo, bajo el amparo del Espíritu Santo como paloma de la paz. El tema se extiende a lo largo de cuatro paños y está culminado por un quinto en la parte baja, que en realidad ocupa una ventana de aireación del recinto y tiene unas dimensiones algo diferentes, con el escudo de Graus simbolizando la ofrenda de flores de la localidad a la Virgen. Es un trabajo de inspiración modernista y realizado con predominio de cristales claros para dejar pasar la luz en un recinto que cuenta con muy pocos vanos para su iluminación» con pequeñas zonas de color para dar realce a una composición cerrada por una orla con tonos azules y amarillas «para remarcar el conjunto. El vitral está realizado con las técnicas clásicas del emplomado y la grisalla y realizado de la forma tradicional.
-P. ¿Cuál es la diferencia entre un vitral y una vidriera?.
-R. Ahora son términos que se suelen confundir, incluso entre las personas cultas. Pero un vidriero es, tradicionalmente, el que trabaja el vidrio común y una vidriera es un bastidor con vidrios, con el que se cierran puertas y ventanas. En cambio, vitralista es la persona que trabaja el vidrio con fines artísticos y vitral es el resultado del trabajo que se ha realizado con dicho fin. No obstante, la costumbre ha generalizado el nombre de vidriera en ambos casos y ha marginado el término correcto de vitral para las composiciones de mayor enjundia técnica y estilística.
-P. ¿Por qué tenemos esa fascinación por los vitrales?.
-R. Para no embarullarlo, vamos a hablar de vidrieras en todos los casos. Resulta evidente que entre todas las artes que hay en el mundo, el de las vidrieras tiene algo que lo diferencia de los demás: la relación que se establece entre el vidrio y la luz. Vemos el color de una superficie pintada gracias a la luz que se refleja en ella, mientras que los colores que apreciamos en una vidriera proceden de la luz que la atraviesa creando un arte esencialmente dinámico, dependiente de la intensidad de esa luz que le da vida y que cambia según la hora del día, las estaciones o el tiempo. Todo afecta y la luz, ese fenómeno intangible por el cual el mundo se hace visible, viene siendo equiparada simbólicamente desde tiempos inmemoriales con la bondad, la revelación y la belleza. De ahí la magia de las vidrieras y la fascinación que siguen despertando entre todo tipo de personas.
-P. ¿Cómo se hace una vidriera?.
-R. Resumiéndolo mucho, a la hora de realizarla, lo primero que tenemos que hacer es pensar qué motivo queremos representar y en que estará condicionado por la superficie y las características de orientación y luminosidad del hueco en el que va a ser instalada. Seguidamente haremos un dibujo a tamaño natural de la futura obra en el que señalaremos y numeraremos los diferentes elementos que irán colocados en la pieza, los emplomados, las posibles grisallas o esmaltes necesarios y otras especificaciones que requiera el trabajo. Elegiremos luego los colores y las rugosidades de las distintas piezas de vidrio que utilizaremos para ya empezar la tarea de dar cuerpo al trabajo recortando los vidrios según la forma previamente establecida y encajándolos en los marcos de plomo que sustentarán el conjunto teniendo especial cuidado en no sobrepasar los grosores establecidos de las distintas piezas. En caso de existir grisallas u otros elementos pintados, sería necesario cocerlas sobre el vidrio al horno a una temperatura de 630 grados… Es un proceso muy complejo y laborioso que tiene que realizarse de una forma meticulosa y muy ajustada si queremos que dure en el tiempo.
-P. Y al final, el autor no sabe nunca el efecto final de la obra hasta que la coloca en su emplazamiento definitivo.
-R. Pues sí. Como siempre ocurre cuando se trabaja con la luz y sus efectos, nunca estamos seguros del efecto final de una vidriera hasta que la vemos en su espacio, con el efecto que causa en ella la iluminación real de ese espacio. Yo, personalmente, estoy muy contento con el resultado final de esta vidriera en la Virgen de La Peña, que es mucho mejor de lo que esperaba. Y, si se me permite un consejo, dada la orientación del coro y del vano donde se ha instalado el vitral, recomiendo en estos meses de comienzo del verano la primera hora de la tarde como el momento más adecuado para su contemplación ya que los rayos del sol incidiendo lateralmente tamizan los colores.

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